Sistemas de almacenamiento en baterías salen de la sombra y pasan a sostener redes eléctricas en países como Chile, Estados Unidos, Australia y, cada vez más, Brasil. Caída de más del 90% en los costos y nuevas reglas de la Aneel colocan al país en el radar global de la transición energética.
Las baterías de iones de litio pasaron décadas siendo tratadas como tecnología buena solo para celulares y notebooks. Eran vistas como caras, arriesgadas y poco confiables para algo tan crítico como una red eléctrica nacional. Hoy, están en el centro de un cambio estructural en la forma de generar, transmitir y consumir energía.
Sistemas del tamaño de contenedores ya están instalados al lado de grandes plantas solares y parques eólicos en varios continentes. Almacenan electricidad cuando el viento sopla fuerte y el sol está a pleno y la devuelven al sistema en horas pico, cuando el consumo explota. El resultado es menos necesidad de plantas térmicas caras y contaminantes y menos inversión en nuevas líneas de transmisión.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), los costos promedio de baterías cayeron más del 90% en menos de 15 años, convirtiendo esta tecnología en una de las piezas centrales de la transición energética global. En 2023, la implementación de almacenamiento en baterías en la generación eléctrica creció más del 130% en un solo año.
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Mientras Chile, California y Australia demuestran que es posible evitar apagones con grandes sistemas de almacenamiento, el Brasil comienza a dar sus primeros pasos en proyectos a gran escala. Nuevas normas de la Aneel, estudios del ONS y movimientos de empresas como ISA CTEEP, Petrobras y CGN Brasil indican que las baterías deben ganar espacio también aquí.
De las dudas al protagonismo: cómo las baterías de iones de litio salieron del laboratorio para la red eléctrica
La tecnología de baterías de iones de litio comenzó a desarrollarse en los años 1970 en laboratorios en Estados Unidos y Japón. En ese momento, el enfoque era alimentar equipos electrónicos portátiles, no redes de alta tensión. Durante décadas, los operadores de sistemas y ejecutivos de distribuidoras descartaron la idea de usar baterías a gran escala, alegando alto costo y riesgo de fallas.
Históricamente, el almacenamiento de energía siempre existió, pero con otras formas. Las hidroeléctricas reversibles, que bombean agua a reservorios más altos y luego generan energía en la bajada, fueron durante mucho tiempo la solución dominante. Tecnologías como baterías alcalinas y de sodio-azufre también fueron probadas, pero quedaron restringidas a nichos específicos, sin escala global.
El salto vino con la combinación de investigación, escala industrial y demanda de vehículos eléctricos. Según la IEA, el precio promedio de paquetes de baterías cayó de alrededor de 1.400 dólares por kilovatio-hora en 2010 a menos de 140 dólares en 2023, una de las mayores reducciones de costo jamás vistas en cualquier tecnología de energía. Este movimiento abrió espacio para que las baterías salieran de los coches y se acoplaran directamente a las redes eléctricas.
Chile, California y Australia muestran el poder del almacenamiento de energía en baterías
El Chile fue uno de los primeros laboratorios a cielo abierto de esta transformación. En 2009, en el desierto de Atacama, la AES puso en operación uno de los primeros sistemas comerciales de almacenamiento en baterías de iones de litio conectados a la red, diseñado para garantizar energía estable a una región de minería en área remota. El proyecto Los Andes fue seguido por una instalación aún más grande, Angamos, y mostró que las baterías podían mantener la frecuencia de la red y evitar caídas de energía en picos de demanda.
En la California, que enfrenta olas de calor y fuerte crecimiento de energía solar, las baterías cambiaron el juego en los últimos años. Las autoridades estatales comenzaron a usar grandes sistemas de almacenamiento para desplazar la energía solar de la mitad del día hacia el final de la tarde, reduciendo las solicitudes de reducción de consumo de emergencia y el riesgo de apagones. Paralelamente, Australia se convirtió en referencia en grandes “battery farms” conectadas a parques eólicos y solares, reforzando la red en regiones con fuerte penetración de renovables.
Brasil comienza a instalar baterías en la red eléctrica y se convierte en un nuevo mercado para inversores
En Brasil, el hito simbólico de esta nueva fase ocurrió en 2022, con la entrada en operación del primer proyecto de almacenamiento en baterías a gran escala en el sistema de transmisión. Instalado por ISA CTEEP en la subestación de Registro, en la costa sur de São Paulo, el sistema de 30 MW y 60 MWh fue planeado para operar en horas pico, ayudando a evitar interrupciones de suministro para alrededor de 2 millones de consumidores. El proyecto fue aprobado y acompañado por la Aneel y es señalado como histórico para el sector eléctrico.
El Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS) comenzó a listar los sistemas de almacenamiento como una de las prioridades regulatorias, junto a temas como la modernización de redes y la flexibilización de la operación. En 2024, el operador destacó la necesidad de regular el uso de baterías y de hidroeléctricas reversibles, para garantizar mayor seguridad y flexibilidad a la matriz eléctrica brasileña, cada vez más dependiente de energía eólica y solar.
En 2025, la Aneel publicó nuevas orientaciones para la instalación de sistemas de almacenamiento, con enfoque en requisitos de seguridad, integración con la red y definición de reglas para conexión y operación. Según la agencia, el objetivo es permitir que las baterías actúen de forma eficiente y coordinada con las demás plantas, aumentando el aprovechamiento de la generación renovable y reduciendo la necesidad de accionar térmicas caras. Estas directrices son vistas como un primer paso hacia un marco regulatorio más completo.
Estudios de la EPE y otros órganos indican que los primeros proyectos-piloto de sistemas de almacenamiento en baterías comienzan a expandirse por estados como Bahia, Ceará, Pernambuco y Minas Gerais, muchas veces colocados con grandes plantas solares y eólicas. La idea es probar modelos de negocio, evaluar ganancias de flexibilidad y preparar el terreno para una futura expansión a mayor escala.
Las empresas privadas también se mueven. La CGN Brasil, por ejemplo, evalúa dos proyectos-piloto de sistemas BESS en complejos eólicos y solares en Bahia, para compensar pérdidas de generación causadas por recortes de producción que ya llegaron a alrededor del 20% de los activos en 2025. Paralelamente, Petrobras estudia participar en subastas específicas de baterías y planea un piloto dedicado a almacenar energía a partir de 2028, señalando que el tema ya ingresó en la agenda de las grandes compañías de energía.
Análisis recientes del Instituto E+, especializado en energía, apuntan que la inclusión de 4 GW de almacenamiento en baterías en el Sudeste podría generar un ahorro promedio de cientos de millones de reales en el costo de operación del Sistema Interconectado Nacional a lo largo de poco más de una década. Los estudios también indican reducción del costo marginal de operación y mayor inserción de renovables, con impacto potencial en la estabilidad de tarifas y en la seguridad de abastecimiento.
Costos en caída, riesgos de seguridad y la carrera por nuevas tecnologías de baterías
A pesar de la fuerte caída de precios, las baterías aún son inversiones de alto valor y requieren planificación cuidadosa. La IEA y otros estudios destacan que la reducción de más del 90% en poco más de una década fue impulsada principalmente por ganancias de escala en fábricas de baterías para coches eléctricos y por la difusión de químicas como el fosfato de hierro-litio, que ya representa alrededor del 80% de las nuevas baterías de almacenamiento en 2023. Tecnologías alternativas, como las baterías de sodio-ión, comienzan a surgir, pero aún están en fase inicial.
El tema de la seguridad también está en el centro del debate. Incidentes de incendios en sistemas de baterías en otros países y retiros de productos residenciales, como el Powerwall en ciertos mercados, llevaron a los reguladores a endurecer normas de protección, ventilación y monitoreo térmico de los sistemas. Según reportajes internacionales, la combinación de altos niveles de energía y fallas de diseño puede generar riesgos relevantes si no hay exigencias claras de diseño, instalación y operación.
En la punta de la cadena, la carrera por litio y otros metales críticos plantea cuestiones ambientales y geopolíticas. Empresas de minería como Rio Tinto apuestan a que el metal seguirá siendo central en las baterías, a pesar de la caída de hasta el 90% en los precios del hidróxido de litio en comparación con el pico de 2022, y firman asociaciones con países como Chile para nuevos proyectos. Los expertos advierten que la expansión del sector debe venir acompañada de estándares rigurosos de sostenibilidad, reutilización y reciclaje, bajo riesgo de solo cambiar un problema ambiental por otro.
Qué cambia para la transición energética y para la cuenta de luz de los brasileños
Para el clima, la combinación de energía solar, eólica y almacenamiento en baterías es vista por organismos internacionales como uno de los caminos más rápidos para reducir emisiones en el sector eléctrico. Al permitir que las renovables proporcionen energía incluso cuando no hay sol ni viento, las baterías reducen la necesidad de activar térmicas a gas o petróleo y aplazan inversiones en nuevas plantas de base, que muchas veces tienen costos elevados y largos plazos de implementación.
Para el consumidor, los efectos tienden a aparecer de forma gradual. La expectativa de estudios y de reguladores es que el uso de baterías ayude a evitar cortes de energía, reduzca la volatilidad de precios en extremos climáticos y genere un ahorro estructural en la operación del sistema, que puede reflejarse en tarifas más estables en el mediano y largo plazo. Al mismo tiempo, sigue en discusión cómo repartir el costo de las inversiones entre generadores, distribuidores y usuarios, tema en que la Aneel ya estudia modelos de contratación en los que parte de la factura es dividida por toda la cadena.
Al final, la pregunta que se impone es cuánto está dispuesto a apostar Brasil en almacenamiento de energía en baterías para acelerar su transición energética. ¿Crees que el país debe apresurarse a instalar grandes sistemas de baterías, incluso con costos y riesgos, o priorizar hidroeléctricas, nuevas líneas de transmisión y programas de eficiencia energética? Deja tu opinión en los comentarios y participa en el debate sobre cuál debe ser la estrategia ideal para garantizar una energía más limpia, segura y barata en los próximos años.

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