La Trayectoria de Marilza Eleoterio, que Comenzó con Pruebas Caseras y Evolucionó para una Producción Artesanal de hasta 20 Kilos Semanales, Revela Cómo la Fibra de Bananeira se Convierte en una Alternativa Sostenible
Marilza Eleoterio de Barcelos Silva recuerda que intentó alisar su propio cabello usando una mezcla casera de sosa con plátano cuando tenía 12 años. El experimento funcionó en el sentido de estirar los cabellos, pero lastimó el cuero cabelludo de ella y de otras personas que aceptaron probar. El recuerdo se convirtió en anécdota, pero muestra cómo la relación con el cabello siempre ha movido sus búsquedas.
Hoy, a sus 49 años, viviendo en Campo Grande, en una casa simple de madera en la comunidad Lagoa Park, ella celebra que un proyecto personal ha ganado espacio.
El motivo es el desarrollo de un cabello sostenible hecho con fibra de bananeira, producido de forma artesanal y con un costo más bajo en comparación a alternativas tradicionales.
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La Producción que Comenzó Pequeña y Creció con una Máquina Improvisada
El trabajo nació lentamente. Marilza, que ha trabajado como peluquera durante dos décadas, siempre buscó algo que atendiera su propio tipo de cabello.
Ella cuenta que no encontraba definición porque, según dice, su cabello parecía más “salvaje” que solo rebelde. Por eso, comenzó a probar diferentes materiales.
Primero intentó con el sisal, pero lo encontró muy grueso. Luego experimentó con la planta caña de la india, solo que el material resultó ser demasiado frágil.
En 2018, en el patio de casa, al cortar un manojo de plátano con un cuchillo desgastado, se dio cuenta de que el tronco de la bananeira se deshacía y revelaba hilos finos. Este detalle simple encendió una idea inmediata.
A partir de ese descubrimiento, realizó pruebas. Las fibras, según Marilza, resistieron la plancha y el moldeador. Aun así, faltaba suavidad, porque los productos disponibles no entregaban el acabado deseado.
El proceso se interrumpió en 2021, debido a la pandemia. Solo en 2024 retomó el proyecto, ahora acompañada por el Programa Inova Cerrado, del Sebrae/MS.

El Papel del Aprendizaje Técnico y la Evolución del Proceso Manual
Con el apoyo recibido, entendió mejor los tipos de fibra, qué coloraciones duraban más, cómo moldear rizos y cómo dejar los hilos finos o gruesos.
El problema era que el trabajo manual era agotador. Ella y su marido solo podían extraer 100 gramos diarios usando cuchillo y cuchara.
Para resolver esto, un vecino ayudó a construir un artefacto de madera equipado con tres hojas de sierra y un pedal que aceleraba el desmechado.
El cambio amplió la producción hasta 20 kilos semanales. Después de desmechados, los hilos pasan por desenredado, coloración e hidratación. Las pelucas y extensiones nacen en una mesa que funciona como telar improvisado.
El Uso de las Fibras y la Experiencia con Modelos Voluntarias
El cabello de fibra de bananeira puede ser trenzado, usado en coletas o moldeado en rizos. Hay pruebas en marcha para adaptarlo al formato de mega cabello.
Un mechón de extensión está listo en un día, mientras que una peluca requiere hasta 15 días. El material no causa molestias en la piel.
Marilza mantiene alrededor de diez mujeres usando los hilos gratuitamente en la región donde vive. Ellas ayudan informando sobre el rendimiento del producto y divulgando el trabajo.
La propia peluquera usa trenzas largas y claras hechas con el material vegetal y bromea que ya es hora de retocarlas.

De la Vecindad a Internet y los Pedidos Crecientes
En junio, creó un hidratante a base de fruta del cerrado, cuya identidad prefiere no revelar. Según dice, desarrolló 17 productos con esa misma fruta.
La descomposición del cabello vegetal descartado lleva ocho días, sin daño ambiental, lo que refuerza el atractivo sostenible.
En agosto, el Sebrae/MS divulgó el proyecto en las redes, y el alcance aumentó mucho. Lo que antes se vendía principalmente entre vecinos ahora genera pedidos mayores.
Buscó un químico para formular la crema de forma estandarizada, ya que planea vender todo en conjunto. Para este año, la previsión es entregar 80 kilos.
Marca, Patentes y Ajustes de Precio
La abogada Nyllávia Ramalho explica que Marilza posee registro de marca “Mis Cabellos Mis Hilos” y solicitó patentes en 2021.
Los procesos siguen en análisis por el INPI, con dos de ellos ya evaluados formalmente. El champú de 250 ml cuesta R$ 16 y el hidratante de 150 g sale por R$ 90, valores que deben ser revisados, pero sin grandes cambios.
Marilza dice que ya tiene pedidos para dos meses, y que la consultoría actual ayuda a recalcular gastos.
Con información de Folha de São Paulo.

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