¿Sabías que Washington D.C. no era la elección original para ser la capital de EE. UU.? Conoce los entresijos de esta decisión y qué ciudades estaban en la disputa.
Washington, DC, es hoy el corazón político de los Estados Unidos, pero esta posición de destaque no siempre estuvo garantizada. Durante los primeros años de la joven nación, otras ciudades tuvieron el título de «capital de EE. UU.«, y el proceso para determinar la ubicación definitiva estuvo lleno de debates y compromisos históricos.
Capiteles temporales en la fundación de EE. UU.
Durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, mientras los EE. UU. luchaban por su independencia y aún no habían definido su Constitución, el país experimentó varias capiteles temporales.
La Pensilvania tuvo un papel central en este período, con ciudades como Filadelfia sirviendo como sede del gobierno.
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Nueva York también fue una elección importante. Entre 1785 y 1790, se convirtió en la capital de EE. UU., siendo escenario de eventos significativos, como la toma de posesión de George Washington como el primer presidente en 1789, en el Federal Hall, ubicado en Wall Street.
No obstante, esta posición era provisional. La Constitución exigía que el Congreso eligiera un área específica para convertirse permanentemente en la capital de EE. UU.
El lugar necesitaba simbolizar independencia y representar los intereses de toda la nación, tarea que se demostró más complicada de lo que parecía.
La disputa entre Norte y Sur
La ubicación de la capital de EE. UU. se convirtió en un tema de intensos debates políticos. Ciudades como Nueva York y Filadelfia eran importantes centros económicos y comerciales, pero representaban intereses del Norte, mientras que el Sur, mayoritariamente agrario, se sentía subrepresentado.
Además, había la cuestión geográfica: la capital necesitaba ser central y igualmente accesible para todos los estados.
Estos debates destacaron las tensiones crecientes entre el Norte y el Sur, anticipando conflictos que culminarían en la Guerra Civil Americana.
Algunos políticos, como el congresista John Francis Mercer, de Maryland, llegaron a ironizar la situación, diciendo que el Congreso estaba más preocupado por dónde reunirse que por las cuestiones reales del país.
El Compromiso de 1790
La solución a esta disputa llegó con el Compromiso de 1790, que pacificó, al menos temporalmente, las divisiones entre Norte y Sur.
El acuerdo resolvió cuestiones financieras relacionadas con las deudas acumuladas por los estados durante la Guerra Revolucionaria y definió el lugar de la futura capital.
Se decidió que la nueva capital de EE. UU. se construiría a lo largo del río Potomac, entre Maryland y Virginia, en una ubicación estratégica para atender a los intereses tanto del Norte como del Sur.
Este territorio se transformó en el Distrito de Columbia, donde se planeó la construcción de una ciudad totalmente nueva: Washington.
Una capital provisional en Filadelfia
Mientras se construía la nueva capital, el gobierno federal fue trasladado a Filadelfia en 1790. Durante diez años, la ciudad desempeñó el papel de capital interina oficial, albergando al Congreso y otras instituciones federales.
Filadelfia ya tenía una larga historia como uno de los principales centros de la independencia americana, siendo el lugar donde se firmó la Declaración de Independencia en 1776.
La fundación de Washington, DC
En 1800, la transición a la nueva capital se completó finalmente. Washington, DC, se convirtió en la sede oficial del gobierno federal.
La Casa Blanca, concluida en el mismo año, pasó a ser la residencia de todos los presidentes de los Estados Unidos. Con el cambio, la ciudad consolidó su papel como el corazón político del país.
A pesar de esto, Washington enfrentó desafíos iniciales, como infraestructura limitada y una ubicación que, en ese momento, parecía aislada.
Estos obstáculos se superaron a lo largo de los años, con la ciudad creciendo y convirtiéndose en el centro político y cultural que conocemos hoy.
Discusiones sobre el futuro de la capital
Aunque Washington, DC, es ampliamente aceptada como la capital de los Estados Unidos, ocasionalmente surgen debates sobre la posibilidad de reubicación.
Algunos argumentan que una nueva ciudad, planificada y moderna, debería ser construida en el centro geográfico del país, como en Kansas, para reflejar mejor la diversidad y los intereses nacionales.
Sin embargo, estas discusiones permanecen marginales, y Washington continúa siendo la sede indiscutible del gobierno americano.
La historia de cómo la capital de EE. UU. fue elegida y construida es un recordatorio de las complejas negociaciones que moldearon a los Estados Unidos en sus primeros años.

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