Después de 35 Años de Trabajo Persistente, José Henrique y Tânia Gravel Reforestaron la Propiedad, Ampliaron Recursos Hídricos, Atra jeron Fauna Silvestre y Probaron que Producción Rural y Conservación Ambiental Caminan Juntas
A lo largo de décadas, un paisaje antes marcado por la aridez ganó nuevos colores en el interior de Espírito Santo. En Guaçuí, en la Región Sur del estado, una pareja de productores rurales reescribió su propia historia al recuperar un área degradada. Donde había polvo y pasto seco, hoy se extiende un refugio verde, resultado de un trabajo continuo que atravesó 35 años.
José Henrique Gravel y Tânia Gravel son los protagonistas de esta transformación silenciosa. Más que plantar árboles, cultivaron un proyecto de vida.
La propiedad alberga más de cuatro mil plántulas de cerca de 150 especies nativas, además de la recuperación de manantiales y del aumento visible de la fauna silvestre.
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Un Sueño que Nació Temprano
La conexión con la tierra surgió mucho antes de que se plantara cualquier plántula. “Fue un sueño de niño tener un pedazo de tierra. Ahí, hace 40 años, compré esto aquí.
Y en 1990 comencé a reforestar. No había nada, solo esta casita donde estoy aquí. Era todo pasto”, recordó José Henrique.
La jornada, sin embargo, estuvo lejos de ser simple. Entre desafíos climáticos, limitaciones financieras y problemas de salud, la pareja necesitó mantener la convicción en medio de las dificultades.
La primera estrategia para garantizar sustento vino de una actividad que dialogaba directamente con la propuesta ambiental.
Abejas como Punto de Partida
Fue a través de la apicultura que el proyecto comenzó a cobrar forma. “Llegamos aquí, miramos a un lado, al otro, y pensamos: ‘¿Qué vamos a hacer?’. Porque vivir en la zona rural es maravilloso, pero tienes que sustentarte. Ahí nos presentaron a la abeja. Comenzamos a hacer cursos y vimos que el medio ambiente y el trabajo priorizando la sostenibilidad eran el mejor camino”, explicó Tânia.
La cría de abejas abrió puertas a nuevas inversiones. Con el tiempo, la producción se diversificó, siempre manteniendo el compromiso con prácticas libres de defensivos agrícolas.
La decisión reflejaba no solo una elección productiva, sino también una posición ética.
Producción sin Químicos
“De la manera en que queremos para nosotros, así lo queremos para otro ser humano. No trabajamos con productos químicos. Estamos cosechando café en la parcela y sabemos que podemos tomar una fruta y comerla directamente. Comer una fruta, sentarnos en el suelo con la mano sabiendo que no hay productos químicos… ¡Esto es diferente!”, afirmó José Henrique.
El cambio al campo representó un viraje profundo. Antes de establecerse en Guaçuí, una ciudad con menos de 30 mil habitantes, la pareja vivía en Vila Velha, en la Gran Vitória, en una rutina urbana intensa. La decisión de dejar la ciudad involucró temores y expectativas.
Nuevo Comienzo y Adaptación
“Dejar todo, una vida estabilizada financieramente, y venir a un lugar donde no había nada, solo una casa, con dos hijas, y soñar un sueño que no era mío, era de él, fue difícil. Pensé que a los tres meses él iba a desistir y volver. Pero pasaron esos tres meses y quien no quiso volver fui yo. ¡Lo abracé y se convirtió en nuestro sueño!”, contó Tânia, entusiasmada.
Con el paso de los años, los efectos del trabajo comenzaron a reflejarse también en la disponibilidad de agua. El área que poseía solo un manantial pasó a tener 14.
Para ampliar la seguridad hídrica, se construyó una represa con capacidad de hasta 2 millones de litros.
Agua Preservada en el Suelo
“Hay una represa que conserva 2 millones de litros de agua. El trabajo comienza allí arriba, con las barraginas. Luego, también está la caja seca, que retiene agua, y más abajo hay otra barraginha más pequeña, hasta que el agua llega a la represa. Perdemos solo el 5% del agua de la lluvia, el 95% queda en la propiedad”, detalló el productor.
El reforestamiento también impulsó la biodiversidad. Al plantar más de 4 mil plántulas, la pareja atrajo animales y transformó el sitio en un verdadero vivero natural.
“Solo en dos días, investigadores encontraron 116 pájaros visitando esta parcela. Hoy, tengo 80 especies de frutas, no todas produciendo.”
Entre las especies cultivadas, José menciona variedades amenazadas. Muchas están en extinción, como cambucá y cambuci. El pau-brasil y la palmera-juçara también forman parte del paisaje recuperado.
Conocimiento que se Multiplica
Además de la producción rural, Henrique y Tânia comenzaron a compartir experiencias. Elaboraron una cartilla dirigida a otros productores y realizan charlas, incluso para niños.
“Nunca pensamos en desistir, siempre queremos estar adelante. Siempre que vemos novedades sobre el medio ambiente, estamos estudiando para poder practicar aquí también”, afirmó José.
El impacto emocional del proyecto es recordado frecuentemente por Tânia. “Nos emociona sí. Porque vemos tanta destrucción allá afuera. Y nosotros viviendo en este mundo aquí, con todo a nuestra disposición.”
Aún en períodos difíciles, como la pandemia, la pareja destaca que pudo caminar en la naturaleza y mantener una rutina al aire libre.
El trabajo desarrollado en la propiedad garantizó reconocimiento público, con aclamación en la 15ª edición del Premio Biguá Sur 2025, destinado a iniciativas ejemplares de preservación y desarrollo sostenible.
Con información de G1.

Great people do great works. May God give you more grace.
Bravo. I wish other people around the world will get inspired by the two of them.
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