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Celular Antes De Falar, Tableta Antes De Caminar: Estudio Muestra Que Pantallas En Los Dos Primeros Años Remodelan El Cerebro, Aumentan La Ansiedad En La Adolescencia Y Alimentan Una Generación Brasileña Hiperconectada Entera

Escrito por Carla Teles
Publicado el 23/02/2026 a las 17:49
Actualizado el 23/02/2026 a las 17:51
Celular antes de falar, tablet antes de andar estudo mostra que telas nos dois primeiros anos remodelam o cérebro, aumentam ansiedade na adolescência e alimentam uma geração (1)
Em crianças expostas cedo às telas, o cérebro se remodela, aumentam ansiedade na adolescência e cresce o risco de dependência digital.
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En un Brasil hiperconectado, niños expuestos temprano a las pantallas tienen el cerebro moldeado por estímulos digitales que aumentan la ansiedad y favorecen la dependencia digital en la adolescencia.

En pocos años, las pantallas han dejado de ser una excepción y se han convertido en un escenario permanente de la infancia, con niños que apenas caminan deslizándose el dedo en el celular en rutinas que aumentan la ansiedad más adelante. Ahora, un estudio con seguimiento de más de una década indica que la exposición temprana a celulares y tablets en los dos primeros años de vida no solo altera el desarrollo del cerebro, sino que está relacionada con dificultades de decisión y niveles más altos de ansiedad en la preadolescencia.

En la práctica, esto significa que ese hábito aparentemente inofensivo de calmar al bebé con vídeos coloridos puede tener un efecto acumulativo más adelante. La investigación publicada en una revista científica internacional utilizó exámenes de neuroimagen avanzada para mostrar que demasiadas pantallas en la fase en que el cerebro crece más rápido afectan las conexiones cerebrales, impactan el rendimiento en pruebas cognitivas y, con el tiempo, aumentan la ansiedad a los 12 y 13 años, creando un terreno psicológico más frágil para toda una generación.

Qué ocurre con el cerebro cuando la pantalla llega antes del juego

En niños expuestos temprano a las pantallas, el cerebro se remodela, aumenta la ansiedad en la adolescencia y crece el riesgo de dependencia digital.

Los primeros dos años de vida son descritos por los investigadores como el período de mayor transformación del cerebro.

Según el estudio, entre el 70 y el 80 por ciento de los cambios de tamaño y número de neuronas ocurren precisamente en esta ventana, cuando cada estímulo recibido ayuda a esculpir conexiones que sostendrán el aprendizaje, el comportamiento y las emociones.

Es en esta fase que muchos bebés ya tienen celular y tablet ocupando el lugar de juguetes, brazos y la interacción directa, con horas frente a imágenes rápidas, sonidos y cambios constantes de atención.

El equipo responsable del estudio destaca que cualquier forma de exposición intensa, incluidas las pantallas, tiene un gran impacto en el desarrollo cerebral.

En lugar de experiencias táctiles, contacto visual y exploración del entorno físico, el niño concentra gran parte de su energía cognitiva en un único tipo de estímulo.

Cómo el estudio siguió a los niños desde el nacimiento hasta la preadolescencia

El trabajo forma parte de un gran estudio de nacimientos en Singapur. Los científicos reclutaron más de mil madres aún en el embarazo y comenzaron a seguir a las familias a lo largo de más de una década.

Para observar más de cerca el efecto de las pantallas, seleccionaron a unas 170 niños, aquellos que pudieron llevar repetidamente al laboratorio para escanear el cerebro en diferentes momentos de la infancia.

Estos niños fueron evaluados a los 4 años y medio, a los 6 años y a los 7 años y medio, siempre con exámenes de neuroimagen avanzada que miden el funcionamiento del sistema nervioso.

Luego, regresaron a los 8 años y medio para pruebas cognitivas, en las que los investigadores observaron cómo tomaban decisiones, lidiaban con tareas y procesaban información.

Con eso, fue posible cruzar el historial de exposición a las pantallas con la forma en que el cerebro estaba madurando.

Conexiones alteradas, decisiones peores y un futuro emocional más frágil

Los resultados apuntan que la exposición intensa a las pantallas en los primeros años perjudica las conexiones cerebrales y está relacionada con una menor capacidad de tomar buenas decisiones.

En otras palabras, las redes neuronales que deberían integrar diferentes áreas del cerebro se vuelven menos eficientes, lo que se refleja en un rendimiento inferior en las pruebas realizadas en la infancia.

Esta secuencia de pequeñas pérdidas, según los autores, no se limita al papel o al laboratorio. La sucesión de estos procesos hace que, cuando llegan a los 12 y 13 años, estos niños presenten niveles más altos de ansiedad, en comparación con aquellos que tuvieron menos tiempo frente a la pantalla al comienzo de la vida.

Las pantallas que ocupan el lugar de experiencias variadas e interacciones reales terminan creando un camino en el que aumentan la ansiedad más tarde, precisamente en la fase en que la vida social y escolar se vuelve más compleja.

Cuándo la adicción a las pantallas deja de ser cosa de niños

YouTube Video

El problema, sin embargo, no se limita a la infancia. El informe que presenta el estudio muestra el caso de Stephanie, publicista que pasa alrededor de 13 horas al día frente a pantallas, sumando trabajo, celular y computadora.

El hábito llegó al punto de que utiliza el celular incluso en la hora del baño y de intercambiar encuentros con amigos y familia por la compañía silenciosa de Internet.

La mayor parte del tiempo, el uso comenzó como algo funcional, ligado al trabajo. Pero, poco a poco, el patrón cambió. En lugar de herramienta, la pantalla se convirtió en refugio, una forma de huir de la realidad y de las relaciones en persona.

Este tipo de uso prolongado también aumenta la ansiedad en adultos, alimenta patrones de comparación en las redes sociales y contribuye a un estado casi permanente de alerta psicológica.

Brasil hiperconectado: 9 horas al día en un país que no se desconecta

Los datos de una consultoría internacional muestran que Brasil ocupa el segundo lugar en el ranking mundial de mayor tiempo conectado a Internet, con cerca de 9 horas al día. A primera vista, esto puede parecer solo un signo de modernidad y acceso.

Pero los especialistas recuerdan que el problema comienza cuando el uso deja de ser funcional, orientado a estudio, trabajo o comunicación, y pasa a ocupar un espacio central y dominante en el día a día.

Juegos, redes sociales, juegos de azar y pornografía están diseñados para explorar vulnerabilidades psicológicas de nuestro cerebro, activando recompensas rápidas, notificaciones constantes y ciclos de expectativa y frustración. En el lenguaje de la salud mental, estos cuadros reciben el nombre de dependencias comportamentales.

Desde hace más de 30 años, la ciencia entiende que el cerebro no se vuelve dependiente solo de sustancias químicas, sino también de comportamientos que son excesivamente placenteros.

En un escenario así, largas jornadas digitales aumentan la ansiedad y dificultan el desconectarse, tanto en adolescentes como en adultos.

Dependencia comportamental y la infancia que ya nace conectada

Cuando los especialistas hablan de dependencia comportamental, se refieren exactamente a esto: patrones de uso que secuestran la atención, reducen otras fuentes de placer y desgastan el equilibrio emocional.

Con niños que agarran el celular antes de aprender a hablar y ganan tablet antes de caminar, este patrón puede establecerse antes que nunca.

Si el cerebro se expone desde el comienzo a experiencias digitales que aumentan la ansiedad a largo plazo, la adolescencia tiende a llegar con menos reservas emocionales para lidiar con frustraciones, conflictos y presión social.

Al mismo tiempo, los adultos a su alrededor a menudo refuerzan el ciclo, usando pantallas como niñera, recompensa o anestesia rápida para cualquier incomodidad.

Al final, el estudio enciende una alerta que vale desde la sala de estar hasta el consultorio: cuando la infancia es atravesada por pantallas en exceso, las consecuencias no se limitan solo al comportamiento inmediato, sino que pueden proyectarse años adelante, en la forma en que el cerebro madura y en la intensidad de la ansiedad que cada uno lleva.

¿Y en tu casa, sientes que la forma en que se utilizan los celulares y tablets en el día a día aumenta la ansiedad de niños, adolescentes o incluso de adultos?

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Carla Teles

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