Imágenes de grandes terrenos tomados por vehículos eléctricos abandonados se esparcieron en las redes sociales y llamaron la atención sobre el resultado de subsidios excesivos, quiebra de fabricantes e infraestructura de recarga insuficiente.
Autos eléctricos abandonados en China: China, el mayor mercado de vehículos eléctricos del mundo, ahora enfrenta un escenario inesperado: el surgimiento de verdaderos “cementerios de autos eléctricos”. Imágenes que muestran miles de vehículos estacionados en terrenos baldíos o campos agrícolas, sin uso o mantenimiento, han circulado en las redes sociales e impactado la opinión pública. La escena contrasta con la imagen futurista asociada a la transición energética china y plantea dudas sobre los efectos colaterales de la rápida electrificación de la flota automotriz.
Los llamados «cementerios de autos eléctricos» no son casos aislados. Relatos y registros fotográficos han surgido en ciudades como Hangzhou, Nanning y Chengdu. En muchos de estos lugares, los vehículos abandonados aún mantienen adhesivos de servicios de compartición o transporte por aplicación, revelando su origen en el mercado de movilidad urbana.
‘Boom’ de startups y subsidios alimentaron burbuja de producción
El origen del problema remonta al inicio de la década pasada, cuando el gobierno chino promovió subsidios agresivos para estimular la producción y adopción de vehículos eléctricos. En paralelo, cientos de startups surgieron con la promesa de revolucionar el sector automotriz con modelos propios de autos eléctricos urbanos.
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Con apoyo estatal y crédito facilitado, empresas como Xpeng, WM Motor, Bordrin y otras menos conocidas produjeron flotas enteras orientadas a alquiler, transporte urbano y aplicaciones de carpooling. Sin embargo, muchas de estas empresas no sobrevivieron a los desafíos del mercado, como la feroz competencia con marcas establecidas, costos de mantenimiento elevados y la falta de una infraestructura robusta de recarga en ciudades más pequeñas.
Cuando los subsidios comenzaron a ser recortados alrededor de 2020, el escenario cambió: cientos de miles de vehículos quedaron sin uso, y los inversores abandonaron los proyectos. Sin compradores, flota activa o planes de reciclaje a gran escala, los vehículos fueron apilados o dejados en terrenos ociosos.
Autos eléctricos abandonados evidencian fallas estructurales
Los “cementerios de autos eléctricos” en China revelan no solo el colapso de startups mal planificadas, sino también fallas estructurales en la transición energética del sector automotriz. La ausencia de políticas claras para el desecho y reciclaje de baterías, por ejemplo, agrava el problema.
Expertos señalan que, a diferencia de los autos de combustión, los vehículos eléctricos poseen componentes que requieren logística inversa especializada, sobre todo las baterías de iones de litio. El desecho incorrecto de estos materiales puede generar impactos ambientales significativos, como contaminación del suelo y riesgos de incendio.
Además, la reutilización o aprovechamiento de las baterías aún enfrenta barreras tecnológicas y regulatorias, lo que transforma miles de vehículos en pasivos ambientales y logísticos.
Efecto dominó: lo que llevó al colapso de parte del sector
La crisis de los vehículos abandonados tiene su origen en tres factores principales, según expertos de la Universidad de Tsinghua y del Centro de Tecnología e Investigación Automotriz de China:
- Producción mayor que la demanda real: el exceso de confianza en el crecimiento de la movilidad eléctrica llevó a la fabricación de volúmenes superiores a la capacidad de absorción del mercado.
- Modelos de negocio frágiles: muchas startups apostaron exclusivamente en alquileres y servicios de aplicación, que perdieron fuerza con el tiempo, especialmente después de la pandemia.
- Falta de infraestructura y mantenimiento: en ciudades más pequeñas, donde parte de la flota fue trasladada, faltan puntos de recarga y talleres especializados, lo que imposibilitó la operación de esos autos.
Impacto geopolítico y ambiental de las tierras raras y baterías
Otro factor que hace que el problema sea delicado es la cuestión ambiental y geopolítica. La producción en masa de autos eléctricos exige grandes volúmenes de litio, níquel, cobalto y tierras raras —elementos estratégicos en la disputa global por tecnologías verdes.
Con tantos autos eléctricos fuera de uso, parte de estos materiales preciosos está técnicamente “estancada” sin una correcta disposición. Países como Estados Unidos y miembros de la Unión Europea siguen con atención lo que sucede en China, pues la gestión incorrecta de estos residuos puede comprometer el argumento ecológico de la electrificación automotriz.
Posibles soluciones y nuevo ciclo regulatorio
El gobierno chino ya ha iniciado una nueva fase de regulaciones orientadas a la reciclaje obligatorio de vehículos eléctricos fuera de uso, incluyendo incentivos para empresas que logren recuperar y reutilizar baterías.
Además, grandes automotrices como BYD, Nio y Geely ya están adoptando políticas de economía circular, con centros de reacondicionamiento y reaprovechamiento de materiales. Se espera que la próxima generación de vehículos eléctricos chinos sea más duradera, estandarizada y compatible con redes de reciclaje y mantenimiento nacionales.
Más que un retrato de despilfarro, los «cementerios de autos eléctricos» exponen los desafíos de una transición tecnológica acelerada sin planificación completa. Muestran que, además de la innovación, la movilidad eléctrica exige infraestructura, política industrial a largo plazo, regulación ambiental y modelos de negocio sostenibles.
China, pionera en esta transformación, también es ahora un laboratorio de errores y aciertos que puede guiar a otros países en busca de la descarbonización de sus flotas.



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