Estructura industrial billonaria en antigua área de Ford, con producción creciente, alojamientos internos y polémicas laborales, alimenta dudas sobre impacto económico, presencia extranjera y narrativa de “ciudad china” en el polo de Camaçari, en Bahía.
Lo que avanza en Camaçari, en la Región Metropolitana de Salvador, no es una “ciudad china”, sino un complejo industrial automotriz instalado en el área que perteneció a Ford.
El proyecto de BYD ocupa cerca de 4,65 millones de metros cuadrados, recibió una previsión de R$ 5,5 mil millones en inversiones y tiene una capacidad inicial de 150 mil vehículos por año, con la meta de llegar a 600 mil unidades anuales en las etapas siguientes.
La operación ya ha comenzado, mientras una parte relevante de la infraestructura sigue en implementación.
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La dimensión del emprendimiento ayuda a explicar por qué la obra ganó tanta visibilidad fuera de los límites del polo industrial.
En lugar de un único galpón, el área reúne líneas de montaje, edificios operativos, sectores logísticos, patios, áreas para proveedores y estructuras de apoyo que han sido adaptadas o levantadas en el antiguo terreno de la montadora americana.
El conjunto forma parte de la estrategia de BYD de transformar la unidad bahiana en su mayor complejo industrial fuera de China.
Antigua fábrica de Ford da lugar a polo de vehículos eléctricos
La elección de Camaçari tiene peso económico y simbólico.
La salida de Ford dejó un vacío importante en la cadena automotriz bahiana, con repercusiones en el empleo, en la recaudación y en la red de proveedores.
Al asumir el área, BYD comenzó a ser presentada por el gobierno bahiano y por la empresa como parte de una nueva etapa de reindustrialización asociada a los vehículos electrificados e híbridos, con expectativa de generación de hasta 20 mil empleos directos e indirectos a lo largo de la consolidación del proyecto.
Este plan, sin embargo, no se limita al ensamblaje final de automóviles.
La fábrica fue diseñada para avanzar por fases.
En la etapa inicial, la producción comenzó con ensamblaje en régimen SKD, modelo en el que los vehículos llegan parcialmente desarmados para finalización local.
Al mismo tiempo, la compañía prepara la nacionalización gradual de etapas industriales más complejas, como estampado, soldadura y pintura, además de la expansión de la base de proveedores en los alrededores de la planta.
Alojamientos internos y origen de la narrativa de “ciudad china”
Fue en este ambiente de implementación acelerada que surgieron las estructuras de vivienda que alimentaron la narrativa de la llamada “ciudad china”.
En grandes obras industriales, especialmente cuando hay equipos desplazados para instalación de máquinas, adaptación de edificios y montaje de sistemas, es común la existencia de alojamientos y áreas de apoyo cercanas al sitio de construcción.
En Camaçari, estos espacios comenzaron a albergar trabajadores vinculados a la construcción y a la preparación técnica de la unidad, incluidos extranjeros contratados por empresas subcontratadas.
En la práctica, este arreglo no configura una nueva ciudad ni un barrio autónomo en formación.
Lo que existe es un área fabril de gran tamaño, con infraestructura interna típica de obra y de operación industrial, donde el alojamiento, la alimentación y la circulación siguen una lógica empresarial y no urbana.
La falta de información clara en los primeros momentos, sumada al tamaño del emprendimiento y a la presencia visible de trabajadores chinos, abrió espacio para interpretaciones distorsionadas en las redes sociales.
Rumor sobre “10 mil chinos” y datos oficiales
Una de las versiones más difundidas decía que BYD estaría llevando 10 mil chinos para ocupar puestos que serían de brasileños.
La afirmación fue desmentida en verificaciones recientes.
Según la empresa, el número divulgado en contenidos engañosos se refería a la proyección de empleos generados en el proyecto, y no a la importación de mano de obra extranjera.
En marzo de 2026, la expansión anunciada fue de 3 mil nuevas contrataciones en Camaçari, reforzando la ampliación del cuadro local y el inicio de un nuevo ritmo operativo.
Hoy, la unidad bahiana ya produce localmente el Dolphin Mini, el King y el Song Pro, mientras el complejo sigue en obras para incorporar nuevas etapas productivas y ampliar la escala.
Esto significa que la fábrica ya existe y opera, pero aún no está completa en la forma ambicionada por la montadora.
En otras palabras, lo que se construye en Camaçari es una planta industrial en funcionamiento parcial, rodeada por un proyecto mayor de expansión.
Fiscalización, trabajadores e impacto en las obras
La principal inflexión del proyecto vino con la fiscalización laboral realizada a finales de 2024.
En diciembre de ese año, un grupo de trabajo formado por organismos públicos rescató 163 trabajadores chinos en condiciones análogas a la esclavitud en las obras de la fábrica e interrumpió alojamientos y tramos del sitio de construcción.
Luego, el Ministerio de Trabajo informó que, en una de las acciones de inspección, se identificaron 471 trabajadores chinos traídos de forma irregular a Brasil, incluidos los 163 rescatados.
Los auditores informaron jornadas extenuantes, retención de documentos, restricciones de libertad y condiciones degradantes de alojamiento.
La repercusión del caso alteró el eje de la discusión pública.
El debate dejó de tratar solo del tamaño de la inversión y pasó a involucrar gobernanza, subcontratación y responsabilidad sobre las condiciones de trabajo en el sitio de construcción.
En junio de 2025, el gobierno federal informó que la inspección había levantado más de 60 actas de infracción y atribuyó a la montadora responsabilidad directa por la llegada irregular de los trabajadores a la obra.
BYD rompió con una de las empresas contratadas tras la divulgación del caso.
Los desenlaces continuaron en los meses siguientes.
Al final de 2025, BYD y las contratistas firmaron un acuerdo de R$ 40 millones en el ámbito de la acción civil pública presentada por el Ministerio Público del Trabajo.
El monto fue destinado a indemnizaciones individuales y a la reparación colectiva, cerrando una de las frentes judiciales más sensibles del episodio.
Aunque la producción y la expansión de la fábrica han avanzado, el caso ha acompañado permanentemente la imagen del emprendimiento en Bahía.
Lo que se está construyendo en Camaçari en la práctica
Desde el punto de vista industrial, Camaçari recibe un hub automotriz orientado al ensamblaje y, progresivamente, a la fabricación más completa de vehículos electrificados.
Desde el punto de vista económico, se trata de una apuesta para recolocar a Bahía en el mapa de la industria automotriz nacional después de la salida de Ford.
Ya desde el punto de vista social e institucional, el complejo se ha convertido en una prueba de cómo grandes inversiones extranjeras serán fiscalizadas, integradas a la economía local y exigidas por estándares laborales compatibles con la legislación brasileña.
Por eso, la expresión “ciudad china” simplifica demasiado un cuadro mucho más concreto y delicado.
Lo que existe en Camaçari es una fábrica en operación, un sitio de construcción aún en expansión, alojamientos vinculados a la obra y un plan de escala industrial inusual para el sector automotriz brasileño.
El tamaño de la inversión es real, la promesa de reactivación económica también, pero el historial reciente muestra que el impacto del proyecto no se medirá solo por el número de automóviles producidos o por los miles de millones anunciados, sino por la forma en que esta nueva estructura se conecta al trabajo, a la cadena regional y al territorio que volvió a concentrar una de las mayores apuestas industriales del país.

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