China pone en funcionamiento el proyecto Guoxin Suyan Huai’an, con un 71% de eficiencia y capacidad para estabilizar la red eléctrica durante hasta cuatro horas sin combustión ni baterías químicas
La mayor planta de aire comprimido del mundo comenzó a operar en la provincia de Jiangsu, en China, con una propuesta directa para uno de los mayores cuellos de botella de la transición energética: almacenar energía renovable a gran escala y liberarla exactamente en el momento de mayor demanda. El proyecto Guoxin Suyan Huai’an funciona en cavernas de sal en el subsuelo, donde el aire se comprime y almacena bajo alta presión para convertirse en electricidad cuando la red lo necesita.
Con 600 MW de potencia instalada y 2,4 GWh de capacidad de almacenamiento, la instalación puede entregar energía continuamente durante cuatro horas, precisamente en el intervalo en que la demanda aumenta y la generación de fuentes intermitentes tiende a caer. Y el diferencial es claro: no es una batería de litio, no utiliza combustión y depende de la geología como reservorio.
Qué hace diferente a la mayor planta de aire comprimido de una “batería gigante”
La base del sistema es sencilla de entender y difícil de ejecutar. Cuando hay un excedente de electricidad en la red, en momentos de mucho sol o viento intenso, esta energía se utiliza para comprimir el aire y almacenarlo en cavernas de sal de alta presión, que funcionan como un reservorio hermético y estable.
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En el momento de mayor demanda, el ciclo se invierte: el aire comprimido se libera, calienta y luego activa turbinas para generar electricidad. El punto central aquí es la recuperación del calor, porque el sistema almacena energía térmica en sales fundidas y en agua termal presurizada, elevando el rendimiento del proceso.
El resultado técnico destacado en la base es una eficiencia energética del 71%, considerada alta para este tipo de tecnología a gran escala. Y, lo más importante, logra esto sin necesidad de quemar gas u otros combustibles fósiles para recalentar el aire, como ocurría en generaciones anteriores de CAES.
Cómo cavernas de sal se convirtieron en un “pulmón” energético subterráneo
El uso de cavernas de sal no es un detalle, es una estrategia. Estas formaciones son impermeables, naturalmente adecuadas para almacenamiento bajo presión y ya se utilizan en otros contextos, como almacenar gas.
Reutilizar esta estructura geológica para energía crea un camino con potencial de infraestructura de superficie menos invasiva, porque parte del “tanque” está literalmente bajo tierra.
En la práctica, la mayor planta de aire comprimido opera como un pulmón energético: se llena cuando hay excedente y “exhala” energía cuando la red necesita refuerzo. Esto cambia la función del almacenamiento, que deja de ser solo un complemento y pasa a actuar como estabilizador estructural de la red eléctrica.
Por qué la mayor planta de aire comprimido se enfoca en la estabilidad de la red y no solo en el volumen de energía
Durante décadas, la estabilidad del sistema eléctrico se apoyó en térmicas a carbón o gas, capaces de entrar rápidamente cuando el consumo se dispara.
El proyecto de Jiangsu propone otra lógica: utilizar excedentes renovables como un seguro energético, reduciendo la dependencia de plantas fósiles de reserva durante los horarios críticos.
En plena capacidad, la base indica que la planta puede generar hasta 792 GWh por año, volumen asociado al abastecimiento de alrededor de 600.000 viviendas.
En el aspecto ambiental, las estimaciones indican una reducción anual de 250.000 toneladas de carbón y 600.000 toneladas de dióxido de carbono, señalando un impacto directo en la sustitución de térmicas por almacenamiento.
Una tecnología que sale de lo “experimental” y se convierte en infraestructura crítica
La base también señala que el escenario ha cambiado: en lugar de ser tratada como un experimento, esta tecnología pasa a ser vista como infraestructura crítica para sistemas eléctricos basados en renovables.
Fuera de China, hay menciones de avance de interés, con un ejemplo en Australia: un proyecto de 200 MW con hasta ocho horas de almacenamiento siendo desarrollado como parte de una microrred renovable en Broken Hill.
En América del Norte, la base indica que existen instalaciones operativas y nuevos proyectos en etapas avanzadas, buscando integración con grandes parques solares y eólicos.
El mensaje implícito es que la mayor planta de aire comprimido no necesita “sustituir” baterías químicas para ser relevante. Entra como una pieza robusta en un portafolio de soluciones, especialmente donde hay condiciones geológicas favorables.
El potencial real: menos presión por minerales críticos y menos térmicas en el pico
La base describe caminos concretos en los que la mayor planta de aire comprimido y tecnologías similares pueden contribuir:
- Aumentar la integración de eólica y solar con menos temor a picos y valles de generación.
- Reducir el accionar de térmicas fósiles como reserva en los horarios de mayor demanda.
- Aprovechar infraestructuras geológicas, como cavernas de sal, como activos energéticos.
- Apoyar sistemas locales más resilientes, incluso en formatos de microrredes.
- Reducir la presión sobre minerales críticos, al complementar baterías electroquímicas.
Al final, la idea probada en Jiangsu es casi directa: usar la propia geología como aliada para descarbonizar la red, almacenando energía con aire, sal y gestión térmica, sin depender de combustión.
Y tú: ¿debería Brasil apostar por el almacenamiento de aire comprimido en cavernas de sal para reforzar la red y reducir térmicas en el horario pico?

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