La retirada del reembolso de IVA en las exportaciones de fotovoltaica a partir del 1º de abril y el fin gradual del beneficio para baterías hasta 2027 deben empujar costos para fabricantes, importadores y consumidores en todo el mundo.
Si 2024 y 2025 fueron años en que mucha gente se acostumbró a ver los precios de los paneles solares con cara de promoción permanente, 2026 puede dar un giro. China, que domina la cadena global de fotovoltaica, decidió tocar un punto que parece burocrático, pero impacta directamente en el bolsillo: el reembolso de IVA en las exportaciones.
En la práctica, lo que antes era un alivio fiscal cubierto por el Estado pasa a convertirse en un costo incluido en el precio final de exportación. Resultado esperado por analistas de mercado: paneles más caros en todo el mundo, con un aumento estimado entre 10% y 20%, dependiendo del producto y del momento de compra.
Y hay un detalle que hace que todo sea más “ahora o nunca” para quienes compran en gran volumen: algunos analistas ya trabajan con la hipótesis de que las exportaciones pueden acelerarse antes del cambio, precisamente para aprovechar el período anterior a las nuevas reglas.
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Qué cambia en la tributación de China y por qué eso encarece módulo y batería
El cambio es directo para la energía fotovoltaica: China va a eliminar el reembolso de IVA sobre exportaciones a partir del 1º de abril. Esto tiende a aumentar el precio de salida del producto, porque el beneficio ya no existe para ser descontado.
Para almacenamiento en baterías, el camino es más gradual. El reembolso del IVA, según el escenario descrito por analistas del sector, cae del 9% al 6% entre abril y diciembre de 2026 y desaparece por completo el 1º de enero de 2027. Traduciendo sin rodeos: la batería también entra en la ruta de encarecimiento, solo que en dos etapas.
El discurso oficial del gobierno chino señala cuatro objetivos para este ajuste. Reducir el exceso de capacidad productiva, contener una competencia de precios considerada exagerada, estimular la innovación y evitar fricciones comerciales. Esto es un mensaje doble. Para adentro, señala control de oferta e intento de llevar al sector a una disputa menos basada en el precio. Para afuera, indica una respuesta a tensiones comerciales que han estado creciendo en varios mercados.
En medio de esto, la lectura más práctica es simple: si el costo sube en el origen del mayor proveedor del planeta, la cuenta corre por toda la cadena. El fabricante ajusta. El distribuidor recalcula. El importador transfiere. El integrador cambia la propuesta. Y el consumidor final siente, incluso si con retraso.
El fin del panel barato y el efecto dominó en el mercado internacional

Aquí entra el punto que llama la atención. No es solo un impuesto cambiando. Es el riesgo real de acabar con un ciclo de precios muy bajos que se volvió referencia para el sector.
Según Energías Renovables, la eliminación del reembolso puede, por sí sola, empujar el precio de los módulos en torno al 10%, y cuando esto se suma al encarecimiento de materias primas, el salto puede llegar al 15% o 20% en componentes específicos.
Y hay más presión apareciendo al mismo tiempo. El polisilicio, materia prima central para la producción de células, tuvo un aumento señalado como cerca del 30% en algunos períodos recientes. La justificación citada por participantes del sector involucra un corte coordinado de producción para reducir el exceso de oferta anterior. En números que circulan en el mercado, el precio al contado por kilo pasó del rango de cuatro euros a más de cinco euros, con referencias que apuntan algo cerca de 6,39 euros a mediados de enero de 2026.
Cuando el polisilicio sube, arrastra al resto. Y no es solo él. Hay informes de aumentos en wafers, células, vidrio y, especialmente, plata, que se usa en partes del proceso de fabricación. El mercado se queda con esa combinación que a nadie le gusta: impuesto menos favorable y materias primas más caras al mismo tiempo.
El efecto más probable es una transición rápida. El módulo sube primero. La batería va subiendo junto. El sistema completo tarda un poco más en reflejar, porque instaladores y distribuidores aún intentan agotar stock comprado a precio antiguo. Sin embargo, el stock no dura para siempre. Cuando se agota, el nuevo precio se convierte en la regla.
Qué puede significar esto para Brasil y para quienes compran un sistema solar
Para el lector brasileño, la parte más útil es entender dónde impacta. Brasil es un importador relevante de componentes fotovoltaicos. Cuando el precio internacional sube, la cadena aquí siente en tres lugares.
Primero, en el precio del kit, módulos, inversores, cables y estructura. Segundo, en el plazo de entrega, porque una carrera por compras anticipadas puede enredar la logística. Tercero, en el cálculo de retorno, porque cuando la inversión inicial es mayor, el tiempo de payback tiende a alargarse, incluso si la cuenta de luz sigue alta.
Esto no significa que la energía solar deje de tener sentido. Significa que la ventana de precios muy bajos puede estar cerrándose. Y cuando un mercado crece acostumbrado a módulos baratos, cualquier aumento del 10% al 20% se convierte en tema de conversación, de presupuesto y de decisión postergada.
Un efecto colateral que puede aparecer es el regreso de estrategias que habían perdido fuerza, como mayor búsqueda de fabricantes alternativos fuera de China, intento de diversificar el suministro y aumento de negociaciones por volumen. Sin embargo, ninguno de estos movimientos es instantáneo. China sigue siendo el centro del tablero.
China sigue siendo gigante y los números explican por qué el mundo presta atención
El motivo por el cual esta noticia se vuelve global no es solo el impuesto. Es la escala. China es el mayor productor de paneles solares y también el país que más instala fotovoltaica.
En 2024, el país instaló algo como 277 gigavatios, un récord que solo supera la capacidad anual combinada de muchos mercados. A mediados de 2025, la capacidad solar total china habría superado los 1.100 gigavatios. Cuando un país de este tamaño cambia una regla fiscal, no existe “solo local”. Todo se vuelve global.
En el lado industrial, los rankings de envíos muestran un grupo dominante de fabricantes con nombres ya conocidos en el mercado, como Jinko, Longi, JA Solar y Trina al frente, manteniendo el liderazgo durante varios años. Esta concentración en la cima refuerza un punto importante: la cadena no está pulverizada. Cuando el costo cambia, cambia para mucha gente al mismo tiempo.
Al final, el mensaje que queda es claro. El precio de los paneles no subirá por “un motivo”. Puede subir por una combinación. Menos incentivo fiscal, más costo de insumos y una estrategia oficial para frenar la guerra de precios. Para quienes siguen la energía solar, 2026 puede ser exactamente el año en que el mercado deje de hablar de módulos baratos y vuelva a hablar de costo real.

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