El laboratorio geológico profundo de Beishan avanza tras casi tres décadas de estudios, reuniendo ingeniería subterránea extrema, cooperación internacional y soluciones para aislar residuos nucleares, incluidos materiales de alta actividad, por cientos de miles de años
China está cerca de inaugurar un laboratorio geológico profundo para residuos nucleares, tras concluir una rampa en espiral en el Laboratorio Subterráneo de Investigación de Beishan, a 560 metros de profundidad, en el Desierto de Gobi.
Avance estratégico para gestión de residuos nucleares
El Laboratorio Subterráneo de Investigación de Beishan fue desarrollado por la Corporación Nacional Nuclear de China como una de las mayores instalaciones del género, dedicada a la gestión segura y permanente de residuos radiactivos.
Ubicado en las profundidades del Desierto de Gobi, cerca de Jiuquan, en la provincia de Gansu, el laboratorio busca enfrentar uno de los desafíos más sensibles asociados a la expansión de la energía nuclear en el país.
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Según Wang Ju, científico jefe y diseñador principal de la CNNC, la energía nuclear sigue siendo altamente eficiente y de bajo carbono, con aproximadamente el 99% de los residuos clasificados como de bajo o medio nivel.
Estos residuos, según se explicó, decaen gradualmente a lo largo del tiempo hasta alcanzar niveles considerados inofensivos, lo que refuerza la importancia del almacenamiento geológico profundo como pilar de la seguridad nuclear.
Desafío de los residuos de alta actividad
Wang destacó que el mayor desafío permanece en la gestión de los residuos nucleares de alta actividad, que representan alrededor del uno por ciento del total generado por la energía nuclear.
Estos materiales requieren aislamiento seguro durante cientos de miles de años, demandando soluciones geológicas extremadamente estables y estrategias a largo plazo para evitar riesgos ambientales o humanos.
Cada país, según Wang, adopta enfoques distintos para la gestión de estos residuos, y el proyecto Beishan fue concebido como una plataforma de cooperación internacional.
La iniciativa permitirá el intercambio de mejores prácticas globales, al mismo tiempo que contribuye con la experiencia y los avances tecnológicos desarrollados por China en este campo estratégico.
Elección del lugar y décadas de estudios
La identificación de un lugar adecuado para una instalación geológica profunda ha sido descrita como tan compleja como la propia construcción, exigiendo formaciones rocosas vastas, antiguas y estructuralmente estables.
Tras casi tres décadas de investigaciones, China seleccionó la región remota de Beishan, en Gansu, reconocida por su geología sólida y condiciones naturales favorables para el almacenamiento subterráneo seguro.
Los estudios comenzaron en 1996, cuando investigadores perforaron alrededor de 100 pozos para evaluar detalladamente la estructura, la composición y la estabilidad de la roca local.
El proyecto entró en la fase de ejecución tras la aprobación regulatoria en 2019, estableciendo las bases para los hitos avanzados de construcción actualmente alcanzados en el laboratorio subterráneo.
Ingeniería extrema bajo el Desierto de Gobi
La estructura principal del laboratorio incluye un túnel de acceso en espiral, tres pozos verticales y dos niveles horizontales, alcanzando aproximadamente 560 metros debajo de la superficie.
El túnel recién concluido se extiende por alrededor de 7 kilómetros, tiene un diámetro de 7 metros y desciende con una inclinación constante del 10%, imponiendo desafíos técnicos significativos a la construcción.
La excavación se llevó a cabo en granito extremadamente duro, formado hace más de 250 millones de años, lo que hace que los métodos convencionales sean ineficaces y aumenta el riesgo de daños estructurales a la roca.
Las curvas pronunciadas del túnel llevaron al límite una máquina perforadora de 100 metros de longitud, diseñada para operar en condiciones subterráneas excepcionales.
Tecnología desarrollada para profundidades extremas
Para enfrentar los desafíos de seguridad e ingeniería en grandes profundidades, los ingenieros utilizaron la perforadora Beishan n.º 1, desarrollada íntegramente en China.
El equipo fue diseñado para perforar rocas duras y operar con precisión en túneles empinados y curvos, atendiendo a las demandas específicas del laboratorio subterráneo. La máquina fue desarrollada por un equipo liderado por el Instituto de Investigación de Geología de Uranio de Pekín, en colaboración con la Corporación de Construcción Ferroviaria de China.
Esta combinación de ingeniería avanzada permitió a China ampliar los límites de la construcción subterránea, consolidando avances técnicos esenciales para el futuro de la gestión nuclear segura.

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