El Tercer Menor Municipio de Brasil, Borá (SP), Tiene Poco Más de 900 Habitantes, Más Electores Que Residentes y Una Vida Marcada por la Tranquilidad y por la Singularidad del Escenario Político Local
Borá, en el interior de São Paulo, es oficialmente el tercer menor municipio de Brasil en número de habitantes. A pesar de tener menos de mil residentes, el municipio se ha hecho conocido en todo el país por un fenómeno raro: tener más electores que habitantes registrados, situación que persiste desde hace años y refleja el fuerte vínculo de los ex-residentes con la ciudad.
Según el IBGE, la estimación poblacional de 2025 apunta a que Borá tiene 932 habitantes. Ya el Tribunal Superior Electoral registra más de 1.090 electores. Aunque esta diferencia ha disminuido en los últimos años, el número de votantes aún supera el total de residentes permanentes.
El Tercer Menor Municipio de Brasil

En septiembre de 2025, Borá pasó a ocupar la tercera posición entre los menores municipios del país, detrás solo de Serra da Saudade, en Minas Gerais, y Anhanguera, en Goiás.
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A pesar de perder la segunda colocación, la ciudad sigue siendo el menos poblado del estado de São Paulo, manteniendo el título que carga desde hace décadas.
La ciudad tiene solo 32 calles, ninguna con semáforo, y se puede atravesar a pie en pocos minutos.
La vida cotidiana es tranquila, con fuerte presencia de la agricultura, especialmente en los cultivos de soja, maíz y caña de azúcar.
Más Electores Que Habitantes
La curiosa situación de Borá comenzó a llamar la atención nacional en 2020, cuando el número de electores llegó a 1.061, mientras que el municipio solo tenía 838 residentes.
Esto sucede porque muchos electores que dejaron la ciudad para trabajar o estudiar siguen votando allí, manteniendo vínculos familiares o afectivos con el lugar.
La legislación electoral brasileña permite que el elector mantenga su título en una ciudad donde tenga vínculos personales o económicos, incluso sin residir en ella.
Este detalle jurídico explica por qué el número de electores puede superar el total de habitantes en ciudades pequeñas.
El Peso de un Voto en Borá
En ciudades con menos de mil habitantes, cada voto tiene un impacto significativo en el resultado de las elecciones.
En Borá, las disputas políticas son extremadamente reñidas y a menudo decididas por márgenes mínimos. En 2020, por ejemplo, un concejal fue elegido con solo 29 votos.
Otro factor interesante es la movilización de electores que viven en otras ciudades, pero regresan para votar en Borá.
Este movimiento influye directamente en los resultados y refuerza el vínculo de la población con sus orígenes.
Comparación con Otras Ciudades Brasileñas
Borá no es la única ciudad en esta situación. Según datos del IBGE y del TSE, el municipio mineiro de Serra da Saudade, con 856 habitantes, tiene 1.107 electores, mientras que Anhanguera, en Goiás, tiene 913 residentes y 1.539 electores.
La diferencia es considerable y refuerza un patrón observado en varias ciudades pequeñas del país.
En contraste, municipios más grandes, como Criciúma (SC), presentan el escenario opuesto.
La ciudad tiene más de 215 mil habitantes, pero solo 154 mil electores, lo que refleja la proporción de menores de edad y el patrón demográfico común en las ciudades medianas y grandes de Brasil.
La Vida Cotidiana en Borá
La vida en el municipio está marcada por la simplicidad. El presupuesto anual es de aproximadamente R$ 20 millones, y la mayoría de los servicios públicos son básicos.
Para atenciones médicas complejas, los residentes suelen trasladarse a Paraguaçu Paulista, ciudad vecina.
A pesar de la pequeña estructura, Borá mantiene una identidad comunitaria fuerte, con fiestas locales, pequeñas propiedades rurales y un ritmo de vida casi detenido en el tiempo.
Esta característica forma parte del encanto que atrae curiosos y visitantes ocasionales.
El caso de Borá, el tercer menor municipio de Brasil, revela cómo la dinámica electoral y poblacional puede comportarse de manera distinta en las pequeñas ciudades.
La relación entre el número de residentes y de electores muestra cuánto el vínculo emocional y familiar aún tiene más peso que la residencia formal.

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