En un nuevo estudio, la ciencia muestra que las hemacias adaptadas a grandes altitudes y la droga experimental HypoxyStat ayudan a controlar la diabetes al absorber glucosa de la sangre.
La diabetes es una enfermedad crónica marcada por el exceso de glucosa en la sangre, capaz de dañar vasos, órganos y nervios a lo largo del tiempo. Según datos de 2025 de la Federación Internacional de Diabetes, el 11,1% de los adultos entre 20 y 79 años viven con la enfermedad, equivaliendo a 1 de cada 9 personas, y más del 40% ni siquiera saben que son diabéticos, lo que hace que el descubrimiento sea aún más relevante. Durante décadas, la alimentación, el peso corporal y la predisposición genética se han visto como protagonistas. Ahora, la ciencia trae al ambiente al centro de la conversación, mostrando que el oxígeno disponible en el aire puede influir directamente en la forma en que el cuerpo maneja la glucosa.
En el nuevo estudio publicado en la revista Cell Metabolism, científicos de los Gladstone Institutes observaron que quienes viven en grandes altitudes parecen tener una protección natural contra la diabetes. En condiciones de poco oxígeno, los glóbulos rojos comienzan a captar más glucosa de la corriente sanguínea, reduciendo la glicemia de forma notable. Esta misma lógica se llevó al laboratorio con el medicamento experimental HypoxyStat y, en ratones diabéticos, la ciencia logró revertir completamente la glicemia en modelos de diabetes experimental, algo que hasta entonces parecía restringido a enfoques centrados en insulina, hígado y músculos.
Ciencia y el enigma de la protección en grandes altitudes
Durante años, estudios observacionales indicaban que los habitantes de regiones montañosas tienden a presentar tasas menores de diabetes, pero la explicación para este fenómeno permanecía vaga.
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La interpretación dominante era que todo se resumía a la insulina, ya fuera en la producción o en la sensibilidad de los tejidos. Parecía lógico, ya que esta hormona es la principal responsable de permitir que los músculos y el tejido adiposo absorban glucosa.
Cuando los investigadores comenzaron a probar la hipótesis en detalle, algo no encajaba. En ratones expuestos a hipoxia, es decir, a bajos niveles de oxígeno similares a los de grandes altitudes, la glucosa desaparecía rápidamente de la sangre tras las comidas, y los principales órganos metabólicos no explicaban esta drenaje. Hígado, músculos y tejido adiposo no podían justificar la desaparición tan rápida del azúcar.
Los datos mostraban que el mecanismo clásico relacionado con la insulina no era suficiente. Faltaba una pieza importante en el rompecabezas, y la ciencia decidió mirar a un personaje hasta entonces subestimado: las hemacias.
Hemácias dejan de ser figurantes y se convierten en esponjas de glucosa

Los glóbulos rojos, o hemácias, son tradicionalmente descritos como simples transportadores de oxígeno.
Sin núcleo, sin mitocondrias y con metabolismo limitado, parecían poco relevantes en las discusiones sobre diabetes. El nuevo estudio mostró que esta visión estaba incompleta.
En grandes altitudes, el cuerpo produce más hemácias para compensar el aire enrarecido. Lo que los científicos descubrieron es que, además de ser más numerosas, esas hemácias comienzan a absorber mucho más glucosa de la circulación, como si millones de pequeñas esponjas comenzaran a absorber azúcar de la sangre al mismo tiempo.
Esta glucosa se convierte en una molécula llamada 2,3-DPG, que ayuda a la hemoglobina a liberar oxígeno de manera más eficiente a los tejidos, algo crucial cuando hay poco oxígeno disponible.
En la práctica, la ciencia reveló una estrategia dual del organismo: al mismo tiempo que mejora el transporte de oxígeno, el cuerpo reduce la glucosa circulante utilizando las hemácias como un “reservorio metabólico”.
Y esto cambia completamente la forma en que entendemos la participación de la sangre en el control de la glicemia.
Adaptación que reprograma la sangre en ambientes con poco oxígeno
A partir de ahí, la siguiente pregunta fue inevitable: ¿esta modificación en las hemácias ocurre solo en las células que ya existen o el cuerpo comienza a producir glóbulos rojos diferentes en hipoxia?
Al analizar el origen de estas células, los investigadores observaron que las hemácias producidas en condiciones de poco oxígeno ya nacen con una programación diferente.
Exhiben una mayor cantidad del transportador GLUT1 en la membrana, responsable de llevar glucosa al interior de la célula. Esto significa que la propia médula ósea responde al ambiente y fabrica una nueva generación de hemácias con mayor capacidad de captar glucosa.
Este descubrimiento refuerza la idea de que la ciencia necesita mirar a la sangre no solo como un medio de transporte, sino como un órgano metabólico activo, capaz de modular la glicemia según el nivel de oxígeno.
En lugar de actuar solo en órganos clásicos como el hígado y los músculos, el cuerpo recluta las hemácias como herramienta adicional de defensa en ambientes extremos.
HypoxyStat: cuando la ciencia imita la montaña en el laboratorio
Si vivir en grandes altitudes parece proteger contra la diabetes, la siguiente pregunta era obvia: ¿sería posible reproducir este efecto sin sacar a nadie del nivel del mar?
Para probar esta idea, el equipo desarrolló y evaluó un medicamento experimental llamado HypoxyStat.
La droga aumenta la afinidad de la hemoglobina por el oxígeno, simulando en el organismo los efectos metabólicos de un ambiente con baja disponibilidad de oxígeno, como si el cuerpo estuviera viviendo en grandes altitudes incluso en terreno bajo.
En los modelos de diabetes experimental en ratones, tanto con diabetes tipo 1 como tipo 2, la ciencia observó una reversión completa de la glicemia, con resultados mejores que los de tratamientos convencionales usados como comparación.
En lugar de apuntar solo a la insulina, el hígado o los músculos, la estrategia fue usar los propios glóbulos rojos como “depósito” temporal de glucosa, drenando el exceso directamente de la sangre.
Es importante destacar que todo esto se ha probado en modelos animales, es decir, aún no se trata de un tratamiento aprobado para humanos.
Aun así, el concepto abre una nueva vía metabólica para futuros estudios, mostrando que la manipulación del equilibrio entre oxígeno y glucosa puede ser un camino prometedor.
Lo que la ciencia cambia en la forma de ver la diabetes
Durante décadas, la lucha contra la diabetes se organizó en torno a tres grandes frentes: insulina, alimentación y actividad física.
El nuevo estudio no invalida nada de eso, pero amplía el mapa. Sugiere que el ambiente, en especial la cantidad de oxígeno disponible, influye directamente en cómo el cuerpo maneja la glucosa y cómo las hemacias entran en escena para ayudar a controlar este exceso.
Esta visión más amplia hace que la ciencia deje de mirar solo a órganos aislados y empiece a ver el organismo como un sistema integrado, donde sangre, oxígeno, altitud y glucosa se comunican todo el tiempo.
El descubrimiento de que las hemacias pueden actuar como escudo metabólico en hipoxia y de que un medicamento como HypoxyStat puede reproducir, en el laboratorio, parte de este efecto en ratones diabéticos, muestra que aún hay mucho espacio para la innovación.
A corto plazo, el estudio ayuda a explicar por qué las poblaciones en grandes altitudes parecen tener menos casos de diabetes.
A largo plazo, refuerza la idea de que entender profundamente estos mecanismos es esencial antes de cualquier intento de aplicar el concepto en tratamientos para humanos, manteniendo el cuidado científico que un tema tan sensible exige.
¿Y tú, qué consideras más prometedor para el futuro de la lucha contra la diabetes: la ciencia explorar nuevos mecanismos como el de las hemacias en hipoxia o perfeccionar aún más los tratamientos tradicionales basados en insulina y alimentación?

A pesquisa científica deve explorar todas as possibilidades, tanto nos neficamentos já existentes como também ampliar os estudos observados com as novas descobertas.