Estudio reconstruyó la Tierra de hace 33,5 millones de años e indicó que la corriente oceánica más poderosa del planeta solo se formó por completo cuando Australia se alineó con los vientos del oeste, alterando la circulación marina, ampliando la absorción de carbono y ayudando a enfriar la Antártida
El origen de la corriente oceánica más poderosa del planeta comenzó a ser esclarecido por una nueva reconstrucción virtual que apunta a un factor decisivo más allá de la apertura de pasajes marítimos alrededor de la Antártida. El estudio indica que la Corriente Circumpolar Antártica solo ganó fuerza cuando Australia se desplazó hacia el norte lo suficiente como para alinearse con los vientos del oeste, condición que permitió el desarrollo completo del flujo responsable de transportar cien veces más agua que todos los ríos del mundo juntos.
La Corriente Circumpolar Antártica es descrita como la mayor corriente oceánica del planeta y funciona como un sistema que ayuda a mantener el polo sur en frío permanente.
La nueva simulación desafía la idea de que el enfriamiento profundo de la región comenzó automáticamente cuando América del Sur y Australia se separaron de la Antártida por el movimiento de las placas tectónicas.
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En cambio, los resultados muestran que los pasajes oceánicos recién abiertos permanecieron inactivos durante un largo período.
El funcionamiento efectivo de la corriente solo ocurrió cuando la posición de Australia coincidió con la franja de los vientos predominantes del oeste, que impulsaron la circulación alrededor del continente antártico.
Transición climática y apertura de los pasajes
La reconstitución se centra en un intervalo de hace aproximadamente 34 millones de años, cuando la Tierra atravesaba un cambio importante entre el Eoceno y el Oligoceno. El primero estaba marcado por una alta concentración de gases de efecto invernadero y poca presencia de hielo permanente, mientras que el segundo consolidó un escenario más frío.
En ese período, el movimiento lento de las placas tectónicas amplió y profundizó las conexiones de agua entre la Antártida, América del Sur y Australia. Los dos pasajes centrales de este proceso fueron el Pasaje de Drake y el Estrecho de Tasmania, considerados elementos esenciales para la reorganización de la circulación marina en el sur del planeta.
Se esperaba que la simple apertura de estas fisuras hubiera desbloqueado el Océano Antártico e iniciado un congelamiento duradero. Sin embargo, las evidencias geológicas mostraban un panorama diferente, con la corriente circumpolar aún lenta e incompleta incluso después de la separación de los mares.
Para enfrentar esta contradicción, los investigadores recurrieron a un modelo climático de alta resolución alimentado con datos que reproducen la geografía de la Tierra de hace 33,5 millones de años. El trabajo también incorporó un modelo detallado de la capa de hielo antártica en su fase inicial, basado en un estudio publicado en la revista Science en 2024.
El coautor Gerrit Lohmann, modelador del sistema terrestre en el Instituto Alfred Wegener, afirmó que el estudio publicado en PNAS muestra por primera vez la utilidad de simulaciones acopladas y de resolución relativamente alta para investigar el clima del pasado remoto. Para él, a pesar de la exigencia computacional, este tipo de enfoque ofrece nuevas perspectivas sobre la interacción entre hielo, atmósfera, superficie terrestre y océano.
El papel decisivo del viento en la corriente oceánica
Las simulaciones apuntaron a un componente que ya había sido sugerido en trabajos anteriores, pero ahora aparece con más claridad: el viento. Al principio del proceso, los vientos del oeste soplaban demasiado al norte para empujar el agua a través del recién formado Pasaje de Tasmania, lo que impedía la formación de una corriente oceánica continua alrededor de la Antártida.
Hanna Knahl, modeladora climática y autora principal del estudio, afirmó que las simulaciones confirman claramente la importancia de este alineamiento atmosférico. Ella dijo que la corriente solo pudo desarrollarse por completo cuando Australia se alejó de la Antártida y los fuertes vientos del oeste comenzaron a soplar directamente a través del Pasaje de Tasmania.
Antes de este reposicionamiento continental, el comportamiento de las aguas era irregular. En lugar de formar un circuito continuo, la circulación inicial se fragmentaba, con flujos intensos en los sectores Atlántico e Índico y desvío hacia el norte después de pasar por el Estrecho de Tasmania.
En este escenario, el sector del Pacífico permanecía relativamente tranquilo y fuertemente estratificado. La ausencia de continuidad alrededor de la Antártida ayuda a explicar por qué la corriente circumpolar no surgió inmediatamente después de la apertura de los pasajes marítimos.
Cuando los continentes migraron a posiciones que favorecieron el encuentro entre los pasajes oceánicos y los vientos predominantes del oeste, la corriente ganó fuerza. Este reposicionamiento permitió que la circulación se organizara a gran escala y comenzara a actuar como un mecanismo decisivo en el aislamiento térmico de la Antártida.
Efectos en el clima y en el carbono
Con el fortalecimiento de la Corriente Circumpolar Antártica, aumentó la posibilidad de aislamiento térmico del continente antártico. Los autores también sostienen que el cambio en la circulación puede haber ampliado la absorción de carbono por los océanos, con efectos más amplios sobre el clima terrestre.
Johann Klages, geocientífico y coautor del estudio, afirmó que la formación de la corriente impulsó fuertemente la absorción de carbono por el océano. Para él, la consiguiente reducción de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera tuvo el potencial de iniciar el clima más frío de la llamada Era Glacial del Cenozoico, aún marcada por casquetes polares permanentemente cubiertos de hielo y alternancia entre períodos cálidos y fríos.
El estudio también destaca el contexto atmosférico de ese momento. Al inicio del Máximo Glacial del Oligoceno, el dióxido de carbono estaba alrededor de 600 partes por millón, después de caer de aproximadamente 1.000 ppm al final del Eoceno.
Este panorama se trata como una referencia importante para comprender estados climáticos de la Tierra con alta concentración de CO2. El objetivo no es reproducir directamente el pasado en el presente, sino refinar modelos capaces de interpretar con más precisión cómo grandes cambios en la circulación oceánica y en la composición de la atmósfera afectan el sistema climático.
Knahl afirmó que prever el posible clima futuro exige analizar el pasado con simulaciones y datos que permitan entender la Tierra en estados más cálidos y más ricos en CO2 que los actuales. Al mismo tiempo, ella destacó que el clima del pasado no puede ser proyectado directamente al futuro y que la corriente circumpolar en su infancia influyó en el clima de manera muy diferente a la Corriente Circumpolar Antártica plenamente desarrollada.
Los investigadores consideran que el clima terrestre está gobernado por variables altamente sensibles que hoy cambian a una velocidad récord. En este contexto, definir con precisión las condiciones históricas que moldearon el mundo actual es parte central del esfuerzo para interpretar las transformaciones recientes en el Océano Austral y en el funcionamiento de una corriente oceánica que ayudó a reconfigurar el planeta.

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