Desarrollados por investigadores de universidades de Estados Unidos, los robots microscópicos miden solo 200 × 300 × 50 micrómetros, operan de forma totalmente autónoma, son impulsados por luz, cuestan alrededor de un centavo por unidad e inauguran una nueva escala para aplicaciones científicas e industriales
Investigadores de la Universidad de Pensilvania y de la Universidad de Míchigan han desarrollado robots autónomos y programables de 200 × 300 × 50 micrómetros, impulsados por luz, capaces de operar durante meses, costar alrededor de un centavo y percibir el entorno sin control externo.
Robots submilimétricos rompen límite histórico de la robótica autónoma
Descritos en las revistas Science Robotics y Proceedings of the National Academy of Sciences, los robots operan sin cables, campos magnéticos o control tipo joystick, siendo presentados como los primeros verdaderamente autónomos y programables en esta escala.
Cada unidad mide aproximadamente 200 por 300 por 50 micrómetros, dimensión inferior a un grano de sal y cercana a la escala de muchos microorganismos biológicos, lo que permite nuevas aplicaciones médicas e industriales en entornos microscópicos.
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Según los investigadores, la miniaturización alcanzada representa una reducción de 10.000 veces en el tamaño de robots autónomos, abriendo un rango inédito de operación para sistemas programables casi invisibles a simple vista.
El proyecto fue liderado por Marc Miskin, profesor asistente de Ingeniería Eléctrica y de Sistemas, quien destaca que la robótica ha permanecido limitada durante décadas al nivel submilimétrico.
Física de la microescala exige abandono de piernas y brazos mecánicos
Aunque los componentes electrónicos han ido encojiendo continuamente, los robots han encontrado dificultades para seguir esta tendencia, sobre todo por debajo de un milímetro, área considerada estancada durante unos 40 años, según los propios investigadores.
En la microescala, las fuerzas dominantes cambian radicalmente. La gravedad y la inercia, relevantes en el mundo humano, ceden lugar a efectos de superficie como arrastre y viscosidad, que pasan a controlar el movimiento en líquidos.
En este régimen, empujar agua se asemeja a empujar alquitrán, volviendo ineficaces las estrategias tradicionales basadas en miembros articulados, además de frágiles y difíciles de fabricar en dimensiones tan reducidas.
Ante este escenario, el equipo optó por un sistema de propulsión totalmente nuevo, concebido para funcionar en armonía con la física microscópica, en lugar de intentar replicar soluciones usadas por robots más grandes.
Propulsión eléctrica permite natación sin partes móviles
A diferencia de los peces, que se impulsan empujando agua hacia atrás, los robots microscópicos no flexionan sus cuerpos durante el desplazamiento, adoptando un enfoque basado en campos eléctricos.
Al generar un campo eléctrico, los robots impulsan iones presentes en la solución alrededor. Estos iones, a su vez, desplazan moléculas de agua cercanas, animando el fluido alrededor del cuerpo del robot.
Este efecto crea la sensación de que el robot se encuentra en un río en movimiento, siendo que el propio robot también es responsable de generar este flujo, ajustando el campo según sea necesario.
La variación controlada del campo eléctrico permite trayectorias complejas y desplazamiento coordinado en grupos, semejantes a bancos de peces, con velocidades de hasta un largo corporal por segundo.
Como los electrodos no tienen partes móviles, los robots presentan alta durabilidad y pueden ser transferidos repetidamente entre muestras con micropipetas sin sufrir daños estructurales.
Energía luminosa sustenta operación por meses
Los robots son cargados por luz emitida por LEDs, fuente suficiente para mantener su funcionamiento continuo durante meses, eliminando la necesidad de baterías convencionales o conexiones físicas externas.
Esta característica amplía el potencial de uso en entornos cerrados y delicados, como muestras biológicas, donde cables, campos magnéticos o controles externos serían inviables o interferirían en los resultados.
La autonomía energética refuerza el carácter independiente de las máquinas, que ejecutan tareas programadas sin necesidad de supervisión constante o intervención humana directa durante la operación.
Este conjunto de atributos consolida los dispositivos como una nueva clase de robots microscópicos capaces de actuar durante largos períodos con mantenimiento mínimo.
Integración de ordenadores microscópicos viabiliza decisiones autónomas
Para que un robot sea realmente autónomo, es necesario incorporar ordenador, sensores, control de propulsión y fuente de energía en un espacio inferior a un milímetro, desafío asumido por el equipo de la Universidad de Míchigan.
El grupo liderado por David Blaauw tiene el récord del ordenador más pequeño del mundo, experiencia fundamental para viabilizar la electrónica embarcada en los robots microscópicos.
El encuentro entre Miskin y Blaauw ocurrió hace cinco años, durante una presentación organizada por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, cuando quedó clara la complementariedad entre propulsión y computación.
Aun así, fueron necesarios cinco años de desarrollo conjunto para entregar el primer robot totalmente funcional, integrando movimiento, procesamiento y sensado en un único chip.
Circuitos operan con solo 75 nanovatios
El principal obstáculo de la electrónica fue la limitación energética. Los paneles solares microscópicos producen solo 75 nanovatios, más de 100.000 veces menos energía de la que consume un reloj inteligente.
Para sortear esta restricción, el equipo desarrolló circuitos especiales capaces de operar en voltajes extremadamente bajos, reduciendo el consumo de energía del ordenador en más de 1000 veces.
Aun así, los paneles solares ocupan la mayor parte de la superficie disponible, quedando un espacio mínimo para procesador y memoria responsables de almacenar los programas.
Fue necesario repensar completamente las instrucciones computacionales, condensando múltiples operaciones tradicionales en instrucciones únicas, reduciendo el tamaño del código y permitiendo su ejecución en el espacio disponible.
Primer robot submilimétrico con cerebro completo
Con estas innovaciones, los investigadores afirman haber creado el primer robot submilimétrico capaz de pensar, integrando procesador, memoria y sensores en un dispositivo microscópico autónomo.
Hasta donde sabe el equipo, ningún proyecto anterior había conseguido insertar un ordenador completo en un robot de esta escala, hito que diferencia estos dispositivos de soluciones anteriores controladas externamente.
Esta capacidad permite que los robots sientan el ambiente, tomen decisiones y actúen de forma independiente, caracterizando una nueva etapa de la robótica en microescala.
Los investigadores destacan que esta combinación de autonomía, programación y miniaturización redefine los límites de lo que es posible en sistemas robóticos microscópicos.
Sensores térmicos monitorizan actividad celular
Entre los recursos embarcados están sensores electrónicos capaces de detectar temperatura con precisión de un tercio de grado Celsius, valor relevante para monitoreo biológico en nivel celular.
Con esta sensibilidad, los robots pueden desplazarse hacia regiones de temperatura creciente o registrar mediciones que indiquen actividad celular, permitiendo evaluar la salud de células individuales.
Para comunicar esta información, se creó una instrucción especial que codifica valores, como temperatura, en los movimientos ejecutados por el robot durante una pequeña danza observable al microscopio.
Los movimientos son grabados por una cámara y decodificados por los investigadores, en un proceso comparado a la forma en que abejas transmiten información mediante movimientos.
Programación individual amplía posibilidades colectivas
Los robots son programados por pulsos de luz, que también funcionan como fuente de energía. Cada unidad posee una dirección única, posibilitando la carga de programas distintos en cada robot.
Este enfoque permite que diferentes robots desempeñen funciones específicas dentro de una tarea colectiva mayor, aumentando la complejidad de las operaciones posibles en conjunto.
La posibilidad de asignar papeles distintos a robots casi invisibles amplía el espectro de aplicaciones en entornos donde intervenciones tradicionales serian imposibles o imprecisas.
Según los investigadores, esta flexibilidad marca un avance importante en sistemas cooperativos de microescala, a pesar del tamaño extremadamente reducido de las máquinas.
Plataforma abre camino para versiones más avanzadas
El proyecto actual es descrito como una plataforma general. Su sistema de propulsión se integra de forma eficiente a la electrónica, los circuitos pueden ser fabricados a gran escala y el costo unitario se estima en un centavo.
Versiones futuras podrán almacenar programas más complejos, moverse más rápidamente, incorporar nuevos sensores u operar en entornos más desafiantes, manteniendo la arquitectura básica ya demostrada.
La longevidad operacional, con funcionamiento por meses, refuerza la viabilidad de aplicaciones continuas en contextos científicos e industriales de microescala.
Para Miskin, el trabajo demuestra que es posible insertar cerebro, sensor y motor en algo casi invisible y hacerlo sobrevivir y funcionar durante largos períodos, abriendo un futuro inédito para la robótica microscópica.
El artículo fue elaborado con base en información divulgada por investigadores de la Universidad de Pensilvania y de la Universidad de Míchigan, conforme descrito en estudios publicados en las revistas Science Robotics y Proceedings of the National Academy of Sciences, además de declaraciones de los autores involucrados en el desarrollo de los robots microscópicos autónomos.

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