En El Monte Santa Helena, Científicos Liberaron Topos En Un Volcán Devastado Y Mostraron Cómo Ingenieros Ecológicos Y La Ingeniería Natural Pueden Acelerar La Recuperación De Ecosistemas.
Cuando La Erupción Del Monte Santa Helena Arrasó Más De 600 Kilómetros Cuadrados En 1980, Muchos Especialistas Creían Que Aquella Área Llevaría Cientos De Años Para Recuperarse. Aún Así, Un Grupo De Investigadores Decidió Probar Una Idea Radical: Liberar Topos En Un Volcán Devastado Durante Solo 24 Horas, Dejar Que Hicieran Lo Que Mejor Saben Hacer Y Medir El Impacto En El Suelo, En El Agua Y En El Retorno De La Vida. Lo Que Parecía Un Detalle Casi Invisible Se Convirtió En Uno De Los Casos Más Didácticos De Ingeniería Natural Jamás Documentados.
La Explosión Lateral, El Colapso Del Cumbre Y La Nube De Cenizas Transformaron El Norte Del Monte Santa Helena En Un Verdadero Desierto Biológico. No Quedaron Plantas, Ni Insectos, Ni Hongos, Ni Microorganismos Visibles. El Suelo Estaba Tan Quemado Y Seco Que Informes De 1980 Y 1981 Habían Hablado De Siglos De Espera Hasta El Retorno De Un Ecosistema Funcional. Cuarenta Años Después, Sin Embargo, Esa Misma Ladera Volcánica Exhibe Alrededor Del 70 Al 75 Por Ciento De Recuperación En Relación Con La Condición Pre-1980, Y Parte De Esa Aceleración Pasa Directamente Por El Trabajo Silencioso De Los Topos.
Cuando El Volcán Apagó Toda La Vida

En La Mañana Del 18 De Mayo De 1980, El Monte Santa Helena, En El Estado De Washington, Entró En Erupción En Uno De Los Eventos Volcánicos Más Destructivos De La Historia Moderna De Los Estados Unidos.
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Un Terremoto De Magnitud 5.1 Desestabilizó El Flanco Norte, Liberando Billones De Toneladas De Rocas Y Suelo En Un Deslizamiento Que Alcanzó Velocidades Cercanas A 1,200 Km/h.
Poco Después, La Cámara Magmática Expuesta Generó Una Explosión Lateral Con Gases Sobrecalentados, Rocas Fragmentadas Y Cenizas Que Superaron Los 1,000 Km/h.
La Devastación Fue Total. Más De 600 Kilómetros Cuadrados De Bosque Fueron Arrasados, Millones De Árboles Caían En La Misma Dirección Y El Cumbre De La Montaña Fue Sustituido Por Una Enorme Cráter En Forma De Herradura.
Cenizas Alcanzaron La Estratosfera, Oscurecieron El Cielo En Múltiples Estados, Atravesaron La Frontera Con Canadá Y, Junto Con Lodo Y Flujos De Detritos, Destruyeron Casas, Puentes Y Carreteras.
El Balance Humano Fue Trágico: 57 Muertos, Cientos De Kilómetros De Carreteras Comprometidas Y Pérdidas Económicas Superiores A 1,000 Millones De Dólares.
Para Los Ecólogos, Sin Embargo, El Impacto Más Asustador Estaba En Lo Que No Se Veía. Las Laderas Del Norte, Especialmente La Llamada Planicie De Pómice, Fueron Descritas Como Un “Desierto Biológico”. El Calor Extremo Incineró Toda La Vegetación, Eliminó Redes De Hongos, Bacterias Del Suelo Y Hasta Insectos.
Informes Del Servicio Forestal De Los Estados Unidos Y De Universidades Como Washington Y Oregon Señalaron Que Ese Sería Uno De Los Raros Lugares Del Planeta Donde Todo, Desde El Suelo Hasta La Cadena Alimentaria, Había Sido Borrado De Una Sola Vez.
Seis Años Después, Un Renacimiento Inesperado
Seis Años Más Tarde, Cuando Equipos De Investigación Regresaron A Una Pequeña Área De La Ladera Norte, Algo No Coincidía Con Las Previsiones Pesimistas.
En Pleno Corazón De La Zona Directamente Afectada Por La Explosión Y Las Cenizas Ardientes, Más De 40,000 Árboles Y Plantas Jóvenes Habían Brotado, Formando Un Mosaico Verde Mucho Más Denso De Lo Que Se Esperaba.
Esta Vegetación No Aparecía De Forma Aleatoria. Gramíneas, Arbustos Y Plántulas Se Conectaban En Islas Verdes Continuas, Creando La Estructura Básica De Un Ecosistema En Formación.
Solo Unos Metros Más Adelante, En Áreas Con El Mismo Grosor De Ceniza, La Misma Lluvia Y El Mismo Tiempo Transcurrido, El Escenario Continuaba Gris, Plano Y Prácticamente Sin Vida.
El Paisaje Parecía Dividido Entre Parcelas Despertadas Y Parcelas Aún Adormecidas, Lo Que Obligó A Los Científicos A Revisar Sus Estimaciones De Recuperación.
Un Detalle Llamaba La Atención En Los Registros A Largo Plazo: En Los Lugares Donde La Vegetación Avanzaba Más Rápido, Había Señales Constantes De La Presencia De Pequeños Roedores Excavadores.
Erán Las Mismas Criaturas Frecuentemente Consideradas Plagas En Cultivos Y Pastizales, Ahora Reclasificadas Como Posibles Catalizadores Del Renacimiento De Este Volcán Devastado.
Por Qué Elegir Topos En Un Volcán Devastado

Los “topos” Del Experimento Eran, En Realidad, Roedores Excavadores Norteamericanos (Gophers) Que Pesan Entre 0.1 Y 0.3 Kilogramos.
Pasan Casi Toda Su Vida Bajo La Tierra, Con Ojos Pequeños, Audición Discreta Y Patas Delanteras Cortas Pero Extremadamente Potentes. No Nacieron Para Ver, Nacieron Para Cavar, Abriendo Túneles Que Pueden Extenderse Por Decenas De Metros.
Un Único Animal Adulto Es Capaz De Impulsar Entre 200 Y 230 Kilogramos De Suelo Al Mes, Revolviendo Capas Profundas, Cortando Raíces Y Reorganizando La Estructura Física Del Terreno. En Cultivos Y Pastizales, Esto Es Un Problema.
Róen Raíces De Plantas Jóvenes, Producen La Muerte De Cultivos Y Pueden Causar Deslizamientos De Suelo Que Rompen Piernas De Ganado, Voltean Tractores Y Dañan Pequeñas Fundaciones.
No Por Casualidad, En Muchos Estados De EE. UU. Estos Animales Son Clasificados Como Plagas, Y El Control Por Captura O Envenenamiento Es Legal Y Frecuente.
Pero Los Investigadores Del Monte Santa Helena Hicieron La Pregunta Inversa. Si Un Ecosistema Entero Necesita Ser “Laboreado” Para Volver A La Vida, ¿Quién Haría Este Trabajo Mejor Que Los Topos En Un Volcán Devastado?, Animales Acostumbrados A Revolver El Suelo Sin Parar? La Lógica No Era Plantar Árboles O Reconstruir El Bosque A La Fuerza. El Objetivo Era Restaurar, Antes Que Nada, La Función Del Suelo.
Había Otro Punto Esencial. Estos Roedores No Eran Especies Exóticas Traídas De Fuera. Ya Eran Sobrevivientes Del Desastre.
Las Tocas Profundas Servían Como Refugios Naturales Durante La Erupción, Protegiendo A Individuos Que No Murieron Ni Migraron, Y Que Llevaban Consigo Algo Aún Más Valioso Que Su Propio Cuerpo: Un Microecosistema Entero.
En Los Pelos Y En Las Garras, Viajaban Esporos De Hongos Y Bacterias Del Suelo. En El Sistema Digestivo, Fragmentos De Plantas Y Comunidades Microbianas.
Y Principalmente, Hongos Micorrízicos, Que Forman Una Red Simbiótica Con Raíces Y Ayudan A Las Plantas A Absorber Agua Y Minerales En Suelos Extremadamente Pobres En Nutrientes.
En Una Planicie De Cenizas Volcánicas, Estos Hongos Son Literalmente La Diferencia Entre La Muerte Y La Posibilidad De Vida.
El Experimento De 24 Horas Que Despertó El Suelo
En El Experimento Formal, Equipos Del Servicio Forestal De Los Estados Unidos Y De Universidades Asociadas Capturaron Decenas A Más De Cien Roedores Excavadores En La Ladera Sur Del Monte Santa Helena, Una Región Menos Dañada Por La Erupción.
A Continuación, Liberaron Estos Animales En Parcelas Experimentales Cercadas En La Ladera Norte, Justo Donde El Suelo Estaba Compuesto Solo Por Ceniza Seca Y Piedra Pómez Endurecida.
Cada Parcela Recibió Pocos Individuos, Pero El Número Total Era Suficiente Para Generar Un Efecto Medible. Poco En Las Primeras Horas, El Suelo Comenzó A Ser Revolvido, Con Capas De Ceniza Y Pómez Mezcladas, Abriendo Los Primeros Vacíos Para La Circulación De Aire Y Retención De Humedad.
Los Científicos Determinaron Que 24 Horas Serían Suficientes Para Observar Diferencias Iniciales. Cuando Regresaron Para Recolectar Los Animales Y Recoger Muestras, Casi Nada Parecía Diferente A Simple Vista. Pero Los Datos Contaban Otra Historia.
El Suelo En Las Parcelas Con Topos En Un Volcán Devastado Estaba Mucho Más Perturbado Que En Las Parcelas De Control Al Lado.
Después De Lluvias, Sensores De Humedad Registraron Que Ese Suelo Retenía Agua De Manera Mucho Más Eficaz, Mientras Que Áreas Sin Roedores Continuaban Secas Y Sueltas, Dejando Que El Agua Escoara Casi Inmediatamente.
Además, En Solo Un Día Los Animales Ya Habían Enriquecido El Terreno Con Sus Excrementos. Al Alimentarse De Vegetales, Sus heces Son Ricas En Nitrógeno, Fósforo Y Potasio, Elementos Esenciales Para La Vida De Las Plantas.
El Nitrógeno Aumenta La Biomasa Verde, El Fósforo Favorece Raíces Y Floración, Y El Potasio Ayuda A Regular El Equilibrio Hídrico.
En Pocas Horas, Pequeñas Islas De Nutrientes Surgieron Sobre El Polvo Volcánico, Creando Puntos Donde Microorganismos Y Hongos Simbióticos Podían Fijarse Y Abrir Camino Para Las Primeras Plantas.
Cómo 40,000 Árboles Brota
En El Primer Año Tras La Intervención, La Densidad Microbiana Del Suelo Aumentó Lo Suficiente Como Para Permitir Que Las Raíces Penetraran La Capa De Cenizas.
Especies Pioneras, Como Gramíneas, Malezas Y Lúpulos, Empezaron A Aparecer Preferiblemente En Los Lugares Donde El Suelo Había Sido “Despertado” Por Los Túneles Y Las Heces De Los Animales.
El Lúpulo, En Particular, Tuvo Un Papel Clave. Esta Planta Es Capaz De Fijar Nitrógeno Del Aire, Enriqueciendo Suelos Pobres En Nutrientes.
No Por Casualidad, Los Tramos Más Activos De Lúpulo Coincidían Con Áreas Ya Revolvedas Por Los Topos En Un Volcán Devastado, Transformando Cenizas Volcánicas En Un Sustrato Capaz De Sostener Otras Formas De Vida.
A Lo Largo De Los Seis Años Siguientes, Los Puntos Verdes Se Expandidos, Se Conectaron Y Formaron Una Estructura De Vegetación Cada Vez Más Estable. Las Plantas Regresaron A Traer De Vuelta A Los Insectos. Los Insectos Atraían A Los Aves. Pequeños Mamíferos Regresaron.
La Cadena Alimentaria, Que Había Sido Completamente Destruida, Comenzó A Reconectarse Desde La Base. Con El Tiempo, Hasta Animales Más Grandes, Como Alces, Regresaron A Usar El Área, Pisoteando El Suelo, Pastando, Dispersando Semillas Y Enriqueciendo Aún Más El Medio Ambiente Con Sus Residuos.
Estudios Publicados Hasta 2024 Muestran Que Las Diferencias Entre Parcelas Con Intervención De Los Roedores Y Parcelas De Control Permanece Claras Incluso Después De Más De 40 Años.
La Recuperación Del Ecosistema Alrededor Del Monte Santa Helena Se Estima En Aproximadamente Del 70 Al 75 Por Ciento De La Condición Pre-1980, Aunque Aún No Ha Regresado Al Estado Original De Bosque Primario. Un Solo Día De Actividad De Los Topos Dejó Una Marca Que Cruzó Décadas.
Otros Ingenieros Naturales: Castores E Islas Volcánicas
El Caso De Los Topos En Un Volcán Devastado Es Solo Un Ejemplo De Cómo Los Animales Pueden Acelerar La Recuperación De Paisajes Destruidos. En Otros Desastres, Especies Diferentes Asumen El Papel De “Ingenieros Ecológicos”.
En Colorado, Incendios Forestales Extremos En 2020 Transformaron Cadenas Montañosas Enteras En Fracciones Ennegrecidas, Con Arroyos Espesos Y Turbios Donde El Agua Parecía Haber “Muerto”, Sin Peces Ni Insectos. Vistas Aéreas Mostraron, Sin Embargo, Manchas Verdes Casi Intactas En Medio Del Área Quemada.
Cuando Los Científicos Llegaron A Estos Puntos, Encontraron Un Patrón Claro: Todas Las Islas De Vegetación Resistente Estaban Dentro O Al Lado De Territorios De Castores.
Allí, Las Presas Mantenían El Agua Retenida, El Suelo Húmedo Y La Vegetación Viva. Las Cuencas Con Castores Exhibían Tasas De Supervivencia De Plantas Dos A Tres Veces Mayores Que Las Áreas Sin Presas, Y, Después Del Fuego, Se Convirtieron En Puntos De Partida Para La Recuperación, Con Gramíneas Y Sauce Regresando Rápidamente Mientras El Entorno Seguía Seco Y Estéril.
Tanto Que Los Humanos Comenzaron A Imitar Presas De Castores Para Restaurar Niveles De Agua, Y Los Propios Animales Regresaron, Acelerando Aún Más El Proceso.
Ya En La Isla Volcánica De Surtsey, Al Largo De Islandia, La Historia Es Otra. Allí, La Regla Era Justamente No Interferir. Formada Entre 1963 Y 1967, La Isla Emergió Sin Suelo, Sin Agua Dulce, Sin Microorganismos Y Sin Cualquier Vegetación.
Con Protección Rigurosa Contra Acciones Humanas, Surtsey Se Convirtió En Un Laboratorio Natural Donde Musgos, Líquenes Y Hongos Fueron Los Primeros Colonizadores, Seguidos Por Aves Marinas Y Focas, Que Trajeron Semillas Y Nutrientes.
Décadas Después, Aún Hay Tramos Completamente Desnudos Al Lado De Manchas Verdes Estables, Mostrando Que La Naturaleza Se Recupera A Su Propio Ritmo, De Forma Lenta, Irregular Y Duradera, Incluso Sin Ayuda Directa De Ingenieros Animales.
Lo Que Los Topos En Un Volcán Devastado Enseñan Sobre Restaurar Ecosistemas
Monte Santa Helena, Bosques De Colorado, Isla De Surtsey. En Todos Estos Escenarios, El Mensaje Se Repite. La Naturaleza No Es Impotente Y No Comienza Desde Cero; Lo Que Hacen Los Animales Ingenieros Es Anticipar Procesos Que Ocurrirían De Manera Mucho Más Lenta.
Los Topos Y Castores No Crean Vida Desde La Nada, Sino Que Funcionan Como Catalizadores Que Despiertan El Suelo, Retienen Agua, Traen Nutrientes Y Abren Caminos Para Que Las Plantas Y Microorganismos Reconstruyan Las Bases De La Cadena Alimentaria.
Al Mismo Tiempo, Los Estudios Dejan Claro Que La Naturaleza También Sabe Recuperarse Sin Intervención Humana. Incluso En Áreas Sin Roedores En El Monte Santa Helena, La Vida Regresó, Solo De 10 A 30 Años Más Tarde. En Surtsey, Comunidades Biológicas Completas Surgieron Sin Siembra Ni Introducción De Especies.
Esto Plantea Una Pregunta Importante Para Quienes Piensan En La Restauración Ambiental Hoy: ¿Cuándo Vale La Pena Interferir Y Acelerar El Proceso Y Cuándo Es Mejor Dar Un Paso Atrás Y Dejar Que La Propia Dinámica Ecológica Haga El Trabajo, Más Despacio Pero Con Gran Estabilidad?
Después De Conocer La Historia De Los Topos En Un Volcán Devastado, ¿Crees Que, Ante Un Desastre Ambiental, Deberíamos Priorizar Intervenciones Activas Con “Ingenieros Naturales” O Adoptar Más Veces La Estrategia De Esperar Y Observar El Ritmo De Recuperación De La Propia Naturaleza?


Se tudo ficou devastada, o que elas comeram naqueles anos após o desastre?
Deveríamos priorizar intervenções ativas com “engenheiros naturais”.
A natureza é muito resiliente e os animais são os verdadeiros arquitetos da vida