Expedición Filma Pez Caracol Pseudoliparis a 8.336 m, Récord Absoluto de Profundidad, y Revela Cómo la Vida Marina Desafia Límites Biológicos.
La mayor parte del océano permanece invisible para nosotros. Cuanto más profundo se desciende, mayor es la sensación de estar atravesando a otro planeta: la luz desaparece, la temperatura baja, la presión aumenta y casi todo lo que conocemos como “vida” deja de existir. Sin embargo, una expedición reciente a las trincheras oceánicas del Pacífico, involucrando investigadores japoneses y australianos, produjo uno de los descubrimientos más impresionantes de la biología marina en los últimos años: el récord más profundo de un pez vivo en la historia, captado a 8.336 metros de profundidad.
Esta filmación muestra a un pequeño animal translúcido, aparentemente frágil, flotando calmadamente en un ambiente donde la presión es más de 1.000 veces mayor que al nivel del mar. El pez pertenece al género Pseudoliparis, conocido como pez caracol, y fue encontrado en la fosa Izu-Ogasawara, frente a Japón. La nueva marca supera en 158 metros el récord anterior, registrado en 2017 en la Fosa de las Marianas, y se aproxima peligrosamente al límite biológico conocido para peces, estimado entre 8.200 y 8.400 metros.
El resultado no es un hallazgo aislado: forma parte de un esfuerzo científico de más de 15 años liderado por el profesor Alan Jamieson, especialista en ecología hadal y pionero en la exploración de las zonas más profundas del planeta. Según él, “la profundidad máxima que estos animales pueden soportar es realmente sorprendente”, y el nuevo registro ayuda a entender cuánto la vida puede resistir antes de colapsar bajo la presión.
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Cómo se Obtuvo Este Récord y por Qué es Tan Importante
La expedición utilizó landers autónomos equipados con cámaras, carnadas y sensores de profundidad, capaces de descender hasta el suelo hadal sin necesidad de tripulación.
A diferencia de los relatos antiguos realizados por submarinos, como los de la década de 1960, las imágenes modernas permiten comprobar la profundidad con precisión, excluir errores de interpretación y descartar confusiones con organismos como pepinos de mar.
Además del video, el equipo también logró un hecho adicional raro: capturó los primeros peces por debajo de 8.000 metros, aunque en pocas unidades, lo que sugiere que ciertas trincheras de Japón pueden servir como refugios ecológicos para estos organismos extremos.
Es un contrapunto curioso a lo que sucedía en la Fosa de las Marianas, donde Pseudoliparis ya había sido registrado “raspando” la marca de los 8.000 metros, pero siempre en números reducidos. Según Jamieson, “alrededor de Japón, ellos son realmente bastante abundantes”, lo que indica que cada trinchera posee ecología propia, con nichos diferentes y disponibilidad variable de alimento.
Qué Son los Peces Caracol (Liparidae) y por Qué Dominan las Zonas Profundas
A pesar del nombre frágil, los peces caracol pertenecen a una familia extremadamente exitosa, con más de 400 especies descritas y una capacidad notable de ocupar desde charcas de mareas hasta las zonas más profundas de la Tierra.
Según el investigador Rupert Collins, del Museo de Historia Natural, están entre los peces que irradian evolutivamente más rápido, lo que significa que generan nuevas especies a ritmos inusuales.
Los que viven en la zona hadal pertenecen al género Pseudoliparis, y sus cuerpos muestran una serie de adaptaciones impresionantes:
• esqueleto blando y flexible, esencial para soportar la compresión
• capa gelatinosa externa, en lugar de escamas
• producción intensa de moco, interna y externamente
• ausencia de vejiga natatoria llena de gas, que explotaría bajo presión
• estómago proporcionalmente más grande, permitiendo comer mucho cuando hay alimento
• lipídicos especializados, manteniendo las células flexibles
• producción elevada de TMAO (óxido de trimetilamina-N), estabilizando proteínas bajo presión
Estos elementos revelan un hecho importante: viviendo al límite, los peces caracol apuestan por la eficiencia energética. La capa gelatinosa, por ejemplo, no es solo protección: reduce la fricción, facilita la natación y ahorra energía, un recurso escaso en las profundidades.
Otra curiosidad: los Pseudoliparis de mayor profundidad no son adultos enormes, sino juveniles diminutos, lo que sorprendió a los científicos durante la expedición. Parecen eclosionar de huevos relativamente grandes, lo que permite nacer ya como juveniles tolerantes a la presión, evitando la etapa larval — algo que no soportaría la profundidad.
El Límite Biológico de la Profundidad y Lo que Significa
Desde el inicio del siglo XX, muchos relatos han intentado determinar hasta dónde un pez puede vivir.
En 1901, la anguila Abissobrotula galatheae fue capturada a gran profundidad durante arrastre, y un segundo espécimen fue recolectado en la década de 1950. Pero como los arrastres no registran la profundidad exacta en el momento de la captura, estos datos se consideran insuficientes.
En la década de 1960, durante el primer buceo tripulado al fondo de la Fosa de las Marianas, la tripulación informó haber visto un pez a más de 10.000 metros — algo hoy considerado improbable, posiblemente una interpretación errónea de un pepino de mar.
Con el avance de los ROVs y landers, a partir de los años 2000 se ha vuelto posible filmar, medir y comprobar la presencia de peces con precisión. Desde entonces, la zona entre 8.000 y 8.200 metros ha sido el punto crítico de la investigación. Esto se debe a que, según Collins y otros especialistas:
“Entre 8.200 y 8.400 metros, se estima que los peces no pueden acumular suficiente TMAO para estabilizar sus proteínas.”
Sin esta molécula, las proteínas comienzan a desnaturalizarse, las membranas pierden integridad y la fisiología falla — lo que sugiere un límite molecular de la vida.
Esta predicción era teórica, pero la filmación del Pseudoliparis a 8.336 metros está prácticamente en medio de esta franja, reforzando la hipótesis de que estamos muy cerca del límite absoluto.
Por Qué Esto Importa para la Biología y para el Futuro de la Exploración Marina
El descubrimiento tiene consecuencias importantes:
- Define un límite biológico mensurable, algo raro en ecología.
- Muestra que la vida no desaparece abruptamente, sino que declina conforme la presión aumenta.
- Proporciona pistas para biotecnología, ya que proteínas que funcionan bajo alta presión pueden inspirar nuevos materiales, enzimas industriales y compuestos biomédicos.
- Ayuda a entender la resiliencia de la vida, en el contexto de la investigación astrobiológica y la adaptación extrema.
Pero quizás el impacto más simbólico sea otro: al registrar un pez en el límite físico del planeta, la ciencia nos recuerda que aún conocemos muy poco sobre los ecosistemas profundos.
La mayor parte de la zona hadal permanece inexplorada. Cada trinchera es un mundo aislado, con condiciones propias, poblaciones únicas y especies desconocidas para la ciencia.
El pequeño pez a 8.336 metros no es solo un récord: es una invitación para seguir mirando hacia abajo, hacia un planeta que aún es, en gran parte, misterioso e invisible, incluso en pleno siglo XXI.




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