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Con Un Metal Con Memoria Que Se Doble, Estire Y Vuelva A Lo Normal, La NASA Crea Neumáticos Sin Aire, Casi A Prueba De Balas, Reduce Mantenimiento, Promete Aviones Más Eficientes, Bicicletas Indestructibles Y Ruedas Listas Para Enfrentar Marte Sin Miedo

Escrito por Bruno Teles
Publicado em 28/11/2025 às 23:31
Os testes da NASA com pneus sem ar usam rodas de metal com memória para reduzir manutenção, enfrentar o terreno de Marte e abrir caminho para veículos mais eficientes e resistentes.
Os testes da NASA com pneus sem ar usam rodas de metal com memória para reduzir manutenção, enfrentar o terreno de Marte e abrir caminho para veículos mais eficientes e resistentes.
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Hechos con aleaciones de memoria que se deforman y vuelven a la normalidad, los neumáticos sin aire de la NASA soportan impactos extremos, prescinden de calibración, prometen reducir el consumo de combustible, inspirar aviones más eficientes, bicicletas casi invencibles y ruedas capaces de cruzar cráteras lunares y rocas en Marte sin miedo a fallas

Los ingenieros de la NASA están utilizando un metal que parece desafiar la intuición: se dobla, se retuerce, se estira hasta decenas de por ciento más allá de lo normal y, al aliviar la carga, vuelve exactamente a la forma original. Es con esta aleación que la agencia está probando neumáticos sin aire diseñados para sobrevivir a piedras, cráteras, temperaturas extremas y hasta disparos de arma de fuego.

Al reemplazar la cámara de aire por una especie de “esqueleto de resorte” hecho de aleación con memoria, estos neumáticos sin aire dejan de depender de presión interna para funcionar. En la práctica, esto abre el camino para ruedas que no pinchan, casi no se deforman de forma permanente y pueden rodar tanto en bicicletas urbanas como en rovers marcianos, pasando por aplicaciones de alta exigencia como trenes de aterrizaje de aviones comerciales.

El metal que “recuerda” la forma y permite neumáticos sin aire

Las pruebas de la NASA con neumáticos sin aire utilizan ruedas de metal con memoria para reducir el mantenimiento, enfrentar el terreno de Marte y abrir camino para vehículos más eficientes y resistentes.

El componente central de esta tecnología es una aleación de níquel y titanio conocida como nitinol, un metal de memoria de forma.

Bajo el régimen adecuado de temperatura y esfuerzo, el nitinol logra deformarse mucho más allá de lo que lo hace un metal convencional y, al quitar la carga, vuelve automáticamente a la geometría original, como si tuviera una “forma de fábrica” grabada en la estructura atómica.

Cuando está frío, el material entra en una fase llamada martensita, en la que la red cristalina es más asimétrica y fácilmente deformable.

Al calentar, pasa a la fase austenita, más organizada, en la cual los átomos regresan a las posiciones de referencia.

Esta transición de fase en estado sólido es lo que le otorga al metal la capacidad de “recordar” la forma predefinida.

En términos prácticos, los hilos que forman el “esqueleto” de los neumáticos sin aire pueden ser torcidos, comprimidos y cargados repetidamente sin perder la configuración original.

Además de la memoria de forma térmica, el nitinol exhibe superelasticidad: incluso por encima de la temperatura de transición, el simple acto de aplicar tensión mecánica fuerza el cambio de fase entre austenita y martensita distorsionada.

Esto permite deformaciones mucho mayores que las de un acero común, sin ruptura y sin deformación permanente.

Es esta combinación de memoria y superelasticidad la que transforma al nitinol en un candidato ideal para neumáticos sin aire de alta durabilidad.

Por qué la NASA necesitó reinventar la rueda

Las pruebas de la NASA con neumáticos sin aire utilizan ruedas de metal con memoria para reducir el mantenimiento, enfrentar el terreno de Marte y abrir camino para vehículos más eficientes y resistentes.

Explorar la Luna y Marte ha planteado una limitación obvia: los neumáticos con aire no sobreviven en ambientes con presión casi nula, temperaturas extremas y suelo agresivo.

En misiones pasadas, como las del programa Apollo, las ruedas de los vehículos lunares eran mallas de acero con una estructura interna de tope para limitar la deformación.

Funcionaron, pero fueron diseñadas para trayectos cortos, de pocas decenas de kilómetros.

En los rovers más recientes, como el Curiosity, la solución pasó a ser ruedas de aluminio mecanizadas en una sola pieza, con “garra” estructurales para tracción.

La carcasa de aluminio, para atender a la restricción de masa, tiene un grosor menor que el de una tarjeta de crédito.

En terreno rocoso, los picos de carga concentrados entre las garras han abierto rasgaduras y huecos a lo largo de los años, afectando la ruta y la eficiencia del vehículo.

Cada kilo colocado en órbita cuesta demasiado como para ser desperdiciado con una rueda que se rasga antes del final de la misión.

De ahí el interés en una rueda que sea simultáneamente ligera, altamente deformable y prácticamente inmune a fracturas catastróficas.

Un neumático sin aire basado en aleación de memoria de forma cumple precisamente con ese triple requisito: soporta grandes deformaciones sin plegarse como una hoja de metal común, distribuye mejor las cargas alrededor de la circunferencia y no depende de una pared delgada presurizada para funcionar.

Del hilo de nitinol a la malla que sustituye goma y cámara

La arquitectura básica de los neumáticos sin aire nace de un concepto simple: enrollar un resorte alrededor de una rueda y transformar ese resorte en una estructura de soporte.

En lugar de acero, los ingenieros utilizan hilos de nitinol trenzados en una malla compleja, en la que cientos de vueltas se cruzan para formar una “carcasa metálica” elástica.

El proceso es intensivo en mano de obra: cada neumático requiere cientos de enrollamientos y pasadas de hilo para que la malla tenga la densidad y resistencia adecuadas.

El resultado, sin embargo, es un cuerpo de rueda que funciona como un sistema de suspensión integrado.

Al pasar sobre piedras o irregularidades, la malla se deforma localmente, absorbe energía mecánica y, luego, devuelve a la forma original sin acumular daño estructural relevante.

En pruebas de laboratorio, las ruedas de aleación de memoria son evaluadas en carruseles rotativos con pistas de arena, grava y rocas de diferentes tamaños.

Simulando la velocidad media de un rover marciano, los neumáticos sin aire son forzados a subir y bajar obstáculos repetidamente, bajo carga, para medir fatiga y deformación residual.

La meta es clara: garantizar que, incluso después de miles de ciclos de impacto, la rueda mantenga la geometría, la tracción y la capacidad de carga dentro de los límites de diseño.

Superelasticidad, calor y disipación de impactos

Desde el punto de vista físico, el comportamiento de estos neumáticos sin aire está determinado por la curva tensión-deformación del nitinol.

Los metales convencionales comienzan a sufrir deformación plástica permanente a partir de algo en torno al 0,3 al 0,8% de deformación.

Las aleaciones de memoria de forma, en régimen superelástico, pueden alcanzar deformaciones de varios por ciento en el uso práctico de la rueda, volviendo a la forma original tras la eliminación de la carga.

Esta transformación de fase inducida por esfuerzo se acompaña de intercambio de calor.

Cuando la estructura pasa de austenita a martensita distorsionada bajo carga, el proceso es exotérmico: el material libera calor.

Al revertir a austenita cuando se retira la carga, el proceso se convierte en endotérmico, absorbiendo calor del ambiente.

En la práctica, la propia malla metálica funciona como una combinación de resorte y amortiguador, disipando parte de la energía de los impactos en forma de calor controlado.

Para la NASA, esto significa que una parte del papel tradicional de la suspensión puede migrar al propio neumático sin aire, simplificando la arquitectura mecánica de vehículos espaciales.

Menos componentes móviles, menos puntos de fallo, más confiabilidad en entornos donde cualquier intervención de mantenimiento es imposible.

De los rovers a las bicicletas casi a prueba de balas

La misma física que permite atravesar campos de rocas en Marte ya está siendo demostrada en aplicaciones terrestres más familiares.

En prototipos de bicicletas, los neumáticos sin aire basados en mallas metálicas recubiertas por polímeros han sido sometidos a camas de clavos y disparos de arma de fuego.

El comportamiento es consistente con la teoría: los clavos y proyectiles perforan el revestimiento, pero no hay pérdida de rendimiento, porque no hay aire que escapar ni carcasa delgada que rasgar.

Montar con este tipo de neumático sin aire produce una sensación de amortiguación similar a la de un neumático tradicional, con la ventaja de eliminar pinchazos y la necesidad de calibración periódica.

En términos urbanos, la promesa es de bicicletas “casi indestructibles” para uso diario, especialmente en contextos de alto desgaste, como entregas, uso compartido y ciclovías bacheadas.

Sin embargo, el desafío de costo, fabricación a escala y confort fino aún necesita ser equilibrado.

La malla de nitinol es compleja, requiere un control cuidadoso de aleación y tratamiento térmico y necesita ser encapsulada en materiales que protejan el metal sin comprometer la flexibilidad.

Es este ajuste fino el que determinará el ritmo de adopción de neumáticos sin aire fuera del entorno experimental.

Aviones más eficientes y mantenimiento más simple

La investigación con aleaciones de memoria no se limita a las ruedas.

La misma capacidad de cambiar de forma con la temperatura se ha estado aplicando a dispositivos aerodinámicos, como generadores de vórtices y flaps ajustables en alas de aeronaves.

En configuraciones de crucero, pequeñas superficies pueden retraerse para reducir la resistencia; al despegar y aterrizar, reaparecen automáticamente a medida que la temperatura ambiente varía con la altitud.

En los trenes de aterrizaje, la lógica de los neumáticos sin aire es directa: un neumático convencional de avión opera con presiones extremadamente altas, en el orden de cientos de libras por pulgada cuadrada.

Esto eleva el riesgo de explosión por sobrecarga térmica o mecánica y exige un monitoreo constante de presión, bajo pena de aumento de consumo de combustible o fallas peligrosas.

Al migrar parte o toda la función estructural a neumáticos sin aire basados en mallas metálicas, este paquete de riesgos desaparece: no hay nada que pinchar, no hay forma de “andar desinflado”.

Para las aerolíneas, esto se traduce en el horizonte en menos paradas no programadas, inspecciones simplificadas y un potencial aumento de eficiencia, especialmente en flotas de alta rotación.

En un sector en el que fracciones de punto porcentual de ahorro de combustible representen millones en ahorros anuales, cualquier reducción de drag y mantenimiento tiene un impacto directo en la línea de resultados.

Ruedas preparadas para Marte y para la próxima generación de vehículos

En el contexto de la exploración espacial, neumáticos sin aire en nitinol son una respuesta directa a los problemas exhibidos por las ruedas de aluminio en Marte.

Una rueda que soporta deformaciones repetidas, reparte la carga por toda la circunferencia y no abre huecos al encontrar piedras afiladas amplía de forma concreta el alcance y la vida útil de los rovers.

Cada metro más recorrido de forma segura significa más datos recopilados, más ciencia entregada y un mejor aprovechamiento de misiones que cuestan miles de millones de dólares.

Al mismo tiempo, la transferencia de esta tecnología al día a día promete una nueva generación de ruedas donde la combinación de metal inteligente, ausencia de aire y diseño optimizado reduce el mantenimiento en coches, bicicletas, drones de carga y vehículos todoterreno.

La misma lógica aplica para equipos militares, agrícolas y de minería, donde la falla de un neumático hoy puede interrumpir operaciones enteras.

En última instancia, lo que la NASA está desarrollando con neumáticos sin aire basados en metal con memoria es una nueva forma de pensar el contacto entre máquina y suelo: ruedas que se adaptan al terreno, absorben impactos de forma activa y se recuperan sin daño, en lugar de estructuras rígidas que se rompen o gomas presurizadas que estallan.

Qué cambia cuando la rueda deja de depender de aire

La combinación de aleaciones de memoria de forma y neumáticos sin aire representa un cambio estructural en tres frentes al mismo tiempo: seguridad, eficiencia y confiabilidad.

Al quitar el aire de la ecuación y poner en su lugar una malla metálica que se dobla, se adapta y vuelve a la normalidad, la NASA y sus socios crean ruedas que funcionan como estructura, suspensión y amortiguador en un único componente.

Ya sea en una bicicleta que atraviesa una cama de clavos, en un avión que aterriza sin miedo a neumáticos que estallan o en un rover que cruza el suelo de Marte sin abrir huecos en las ruedas, el principio físico es el mismo: usar el comportamiento inteligente del metal para eliminar el punto débil del neumático tradicional, que es la dependencia de aire comprimido y carcasa frágil.

Y tú, si pudieras elegir hoy, ¿tendría valor de cambiar tus neumáticos comunes por neumáticos sin aire inspirados en la NASA, incluso si el costo inicial fuera más alto, a cambio de cero pinchazos y menos mantenimiento?

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Bruno Teles

Falo sobre tecnologia, inovação, petróleo e gás. Atualizo diariamente sobre oportunidades no mercado brasileiro. Com mais de 7.000 artigos publicados nos sites CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil e Obras Construção Civil. Sugestão de pauta? Manda no brunotelesredator@gmail.com

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