Ser mujer, sobre todo en el ambiente marítimo de petróleo y gas, tiene sus desafíos, pero lo que Daisy tuvo que enfrentar para llegar a esta posición te sorprenderá
Daisy Lima da Silva, 37, nunca tuvo familiares trabajando en embarcaciones, pero se interesó por el concurso de la Escuela de Formación de Oficiales de la Marina Mercante, que forma licenciados en ciencias náuticas – la graduación requerida para quienes quieren escalar puestos en la jerarquía náutica. Hoy, ella es la comandante de un barco de transporte de cargas, al frente de una tripulación de 19 hombres.
“Cuando empecé, aún había desconfianza sobre nuestra capacidad para realizar el trabajo. Teníamos que trabajar más que los colegas hombres para demostrar nuestro valor”, dice ella, que, hace tres años, se convirtió en la única comandante de Aliança Navegação e Logística. Daisy se graduó en 2003, en la tercera promoción con mujeres de la escuela. De la misma institución, tres años antes, salió Hildelene Lobato Bahia, la primera comandante de la Marina Mercante Brasileña.
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¿Sexo débil?
“Aunque fui incentivada desde el principio por comandantes y colegas de trabajo, existían pequeñas bromas respecto a la fragilidad de la mujer”, cuenta.
Al ser llamada para ser la inmediata (el cargo debajo del comandante) de un barco especializado en cargas de grandes dimensiones, que requieren cuidado en el embarque y desembarque, Daisy sintió en carne propia el estigma del «sexo débil».
“Cargaríamos una carga de 340 toneladas. Tan pronto como llegué, el comandante me miró de arriba abajo”, dice.
Pero fue en ese barco que se convirtió en comandante. “No necesito ser la Mujer Maravilla o Hulk para desempeñar mi papel, necesito razonar con mi equipo sobre las mejores estrategias para colocar la carga en el barco, atar, transportar y descargar. Tenemos maquinarias que hacen el esfuerzo físico.”
Cuando comenzó a actuar en el área, la comandante escuchó de amigas más experimentadas que ellas se masculinizaban durante el trabajo, para hablar el mismo idioma que los subordinados. Pero ella decidió hacer diferente. “Mantuve mi lenguaje, que siempre fue serio. Hablo más fuerte cuando es necesario, pero nunca actué de manera masculina”, dice.
La parte emocional es un desafío para todos los que están embarcados por 56 días, como es el caso de Daisy. “Con nosotras no hay eso de molestarse en el trabajo, volver a casa y despejar la cabeza. Tenemos que resolver nuestros problemas allí mismo”, dice. Fuente Universa

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