Descubierto el 13 de enero en el desierto de Atacama, el cometa C/2026 A1 integra la familia de rasantes de Kreutz, se aproxima a solo 120 mil kilómetros de la superficie del Sol a principios de abril y puede alcanzar un brillo inusual, con posibilidad de visibilidad a ojo desnudo
Un cometa recién descubierto, el C/2026 A1 (MAPS), identificado el 13 de enero en el desierto de Atacama, podría volverse visible a ojo desnudo a principios de abril al pasar a 120.000 km del Sol, repitiendo trayectorias históricas de cometas rasantes de Kreutz.
Descubrimiento reciente y trayectoria extrema del cometa
El cometa C/2026 A1 (MAPS) fue detectado por un equipo de cuatro astrónomos aficionados utilizando un telescopio operado de forma remota en el desierto de Atacama. Poco después de la identificación, quedó claro que el objeto pertenece a la familia de los cometas rasantes de Kreutz.
Este tipo de cometa recorre una órbita extremadamente elongada alrededor del Sol, acercándose de forma peligrosa a la estrella. A principios de abril, el cometa MAPS alcanzará una distancia mínima estimada de 120.000 km de la superficie solar.
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Si el cometa sobrevive a este paso, conocido como perihelio, podría presentar un aumento significativo de brillo. Existe la posibilidad de que se vuelva visible incluso en plena luz del día, aunque también existe el riesgo de desintegración antes de este momento crítico.
La familia de cometas rasantes de Kreutz
A lo largo de aproximadamente 2.000 años, diversos cometas extremadamente brillantes han surgido de forma repentina cerca del Sol. Muchos de ellos han alcanzado luminosidad suficiente para ser observados durante el día, siendo históricamente clasificados como “Grandes Cometas”.
Entre estos eventos se encuentra el Gran Cometa de 1965, C/1965 S1 (Ikeya-Seki), considerado el más brillante del siglo XX. Descubierto solo un mes antes del perihelio, alcanzó un brillo comparable al de la Luna llena y fue fácilmente visible a ojo desnudo durante el día.
Otro ejemplo notable fue el Gran Cometa de 1882, C/1882 R1, que llegó a ser cien veces más brillante que la Luna llena. Su intenso brillo dominó el cielo durante varios meses, convirtiéndose en uno de los cometas más impresionantes jamás registrados.
Origen común y fragmentación de un megacometa
Estudios indican que todos estos cometas pertenecen a la misma línea, la familia de Kreutz, con origen en un único núcleo cometario gigante. Este megacometa, con más de 100 km de diámetro, se habría acercado peligrosamente al Sol posiblemente entre los siglos III y IV a.C.
Tras esta aproximación, ya lejos del Sol, el núcleo se fragmentó en dos grandes cuerpos y en numerosos pedazos más pequeños. Siglos después, estos fragmentos regresaron al perihelio, dando origen a múltiples cometas observados a lo largo de la historia.
Relatos del año 363 d.C. sugieren que varios cometas de esta familia podrían haber sido visibles simultáneamente en plena luz del día. En el siglo XI, los dos mayores fragmentos restantes produjeron los Grandes Cometas de 1106 y 1138, que también se fragmentaron nuevamente.
Desde entonces, los productos de estas sucesivas fragmentaciones han sido observados como una serie de cometas a lo largo de los últimos dos siglos, manteniendo activa la línea de los cometas rasantes de Kreutz.
Observaciones modernas y el papel de las sondas solares
Actualmente, la familia de Kreutz incluye numerosos fragmentos pequeños que se desintegran antes de alcanzar el perihelio, además de algunos más grandes capaces de generar espectáculos significativos. El Observatorio Solar y Heliosférico de la NASA, conocido como SOHO, ha detectado miles de estos fragmentos a lo largo de los años.
La mayoría de estos objetos tiene solo unos pocos metros o decenas de metros de diámetro. Fragmentos más grandes se observan con mucha menos frecuencia, lo que convierte a cada nuevo candidato a Gran Cometa en un evento esperado por la comunidad astronómica.
El último cometa Kreutz de mayor tamaño observado fue registrado en 2011. Descubierto por el astrónomo de Queensland Terry Lovejoy, el cometa sobrevivió poco al perihelio y alcanzó un brillo comparable al del planeta Venus a finales de diciembre de ese año.
Predicciones y expectativas para el cometa MAPS
Según predicciones del astrónomo checo-estadounidense Zdeněk Sekanina, dos grandes cometas rasantes podrían surgir en las próximas décadas, siendo uno de ellos posiblemente visible en los próximos dos años. El cometa MAPS encaja en este escenario de expectativa.
El cometa recién descubierto ya ha establecido un récord al ser identificado a una distancia mayor del Sol que cualquier otro cometa rasante en el momento del descubrimiento. Este factor sugiere que podría tratarse de un fragmento relativamente grande de la familia de Kreutz.
El récord anterior pertenecía al cometa Ikeya-Seki, en 1965. Sin embargo, los avances tecnológicos en las últimas décadas indican que es poco probable que el núcleo del cometa MAPS sea tan grande como el de ese evento histórico.
Observaciones recientes muestran un aumento constante en el brillo del cometa, lo que refuerza la hipótesis de que se trata de un fragmento más grande y no de un cuerpo en proceso acelerado de desintegración, como se consideró inicialmente.
Lo que puede suceder después del perihelio
Aún es pronto para determinar con precisión el comportamiento final del cometa MAPS. Si el cometa sobrevive al paso por el perihelio, podría ofrecer un espectáculo significativo a principios o mediados de abril, especialmente en el hemisferio sur.
Aun cuando no alcance visibilidad diurna, el cometa deberá ser ampliamente registrado por la sonda SOHO, proporcionando imágenes detalladas de su aproximación solar. En los días siguientes, el cometa entrará en el cielo nocturno.
Gracias a su órbita, típica de los cometas de Kreutz, la observación será más favorable en el hemisferio sur. Una fragmentación tardía durante el paso por el Sol podría resultar en un brillo repentino e inesperado, creando un escenario particularmente notable.
Por ahora, los astrónomos están siguiendo de cerca la evolución del cometa, esperando ver si se convertirá en un capítulo notable en la larga historia de los cometas rasantes de Kreutz o si se desintegrará silenciosamente antes del momento decisivo.

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