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Hundreds Killed in 2000 Kursk Submarine Disaster in Russia Due to Internal Explosions During Military Exercise, Revealed Serious Failures, Delayed Rescues, and Exposed Risks That Still Worry Experts

Escrito por Noel Budeguer
Publicado el 10/02/2026 a las 20:12
Actualizado el 10/02/2026 a las 20:14
Naufrágio do submarino nuclear Kursk na Rússia matou 118 tripulantes em 2000 após explosões internas durante exercício militar, revelou falhas graves, atrasou resgates e expôs riscos que ainda preocupam especialistas
Em águas do norte da Rússia, a Marinha russa perdeu um submarino nuclear com 118 tripulantes após explosões internas a 108 metros de profundidade, em uma operação que chocou o mundo e levantou alertas sobre segurança submarina.
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En aguas del norte de Rusia, la marina rusa perdió un submarino nuclear con 118 tripulantes tras explosiones internas a 108 metros de profundidad, en una operación que chocó al mundo y levantó alertas sobre seguridad submarina.

El inicio de los años 2000 estuvo marcado por una de las mayores tragedias navales de la historia reciente. Un submarino nuclear ruso se hundió durante un ejercicio militar, resultando en la muerte de toda la tripulación. El episodio ganó repercusión internacional y volvió al debate tras accidentes recientes que involucraron embarcaciones sumergibles.

El caso llamó la atención no solo por el número de víctimas, sino por la secuencia de fallas técnicas, decisiones tardías y dificultades de rescate en aguas profundas. A pesar de ser una embarcación de alto nivel tecnológico, el desenlace fue devastador.

Más de dos décadas después, el naufragio del Kursk aún plantea cuestionamientos sobre riesgos operacionales, preparación de las tripulaciones y límites de la ingeniería submarina en situaciones extremas.

El submarino nuclear Kursk era uno de los más poderosos jamás construidos por Rusia

El Kursk K 141 formaba parte de la clase Oscar II, desarrollada aún en el período de la Unión Soviética. La construcción comenzó en 1990 en astilleros militares en el norte de Rusia, en un momento de profunda transición política y económica.

A pesar del colapso de la Unión Soviética durante su construcción, el proyecto siguió adelante. El submarino fue incorporado a la flota rusa y recibió el nombre Kursk en 1993, en referencia a una batalla histórica de la Segunda Guerra Mundial.

La embarcación fue diseñada para misiones estratégicas de alto impacto. Su papel principal era actuar contra grandes buques de superficie, incluyendo portaaviones, en escenarios de conflicto naval.

El submarino nuclear ruso Kursk (K-141) tras ser rescatado, exhibiendo los daños severos en la proa causados por las explosiones internas en 2000, que resultaron en la muerte de 118 tripulantes.

Armamento pesado y poca experiencia en el mar marcaron la operación del Kursk

El Kursk operaba con torpedos Type 65, cada uno equipado con ojivas de hasta 450 kilos. Este tipo de armamento tenía capacidad destructiva suficiente para hundir grandes embarcaciones militares.

A pesar del potencial, el submarino tuvo uso limitado. En cinco años de servicio, realizó solo una misión operacional relevante, con duración de seis meses en el Mar Mediterráneo en 1999.

La escasez de recursos para combustible redujo el tiempo de navegación y entrenamiento. Muchos tripulantes tenían poca experiencia práctica en largas operaciones en el mar, factor que más tarde sería señalado como crítico.

Ejercicio militar terminó en explosiones registradas por sismógrafos

En agosto de 2000, el Kursk participó del ejercicio militar Summer X, el mayor de la marina rusa en más de una década. La operación involucraba alrededor de 30 barcos, cuatro submarinos de ataque y diversas embarcaciones de apoyo.

El día 12 de agosto, durante la preparación para el lanzamiento de torpedos de entrenamiento, ocurrió la primera explosión. Sismógrafos registraron un evento equivalente a 1,5 en la escala Richter, similar a hasta 250 kilos de TNT.

Cerca de diez minutos después, ocurrió una segunda explosión aún más violenta, con potencia estimada entre 3 y 7 toneladas de TNT. El impacto abrió un gran agujero en el casco y destruyó los tres primeros compartimentos del submarino.

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El hundimiento rápido mató a 95 tripulantes y dejó al restante aislado

Con las explosiones, 95 de los 118 tripulantes murieron casi instantáneamente. El submarino se hundió a una profundidad de 108 metros, considerada relativamente poca para estándares militares, pero aún compleja para rescate.

Las búsquedas comenzaron inmediatamente, pero enfrentaron dificultades técnicas y decisiones políticas que retrasaron operaciones externas de socorro. El mundo siguió con aprehensión cada intento frustrado.

Durante días, se creyó que no había sobrevivientes. Sin embargo, descubrimientos posteriores mostraron que parte de la tripulación resistió por algún tiempo tras el hundimiento.

Nota encontrada reveló que 23 marineros sobrevivieron por horas

En el noveno compartimento del submarino, localizado en la popa, buzos encontraron cuerpos y una nota escrita por el capitán teniente Dmitri Kolesnikov. El documento listaba 23 marineros que aún estaban vivos tras el accidente.

El Kursk poseía un sistema de emergencia capaz de absorber dióxido de carbono y liberar oxígeno químicamente. Esto permitió que el grupo sobreviviera por un período limitado mientras aguardaba rescate.

Sin ayuda a tiempo, todos murieron por falta de oxígeno. El detalle más impactante del caso fue la constatación de que un rescate rápido podría haber salvado vidas.

La retirada de los destrozos ocurrió años después con operación internacional

Años después de la tragedia, Rusia contrató un consorcio internacional para retirar los restos del submarino. La operación involucró el corte de la proa y el izado del resto de la embarcación.

Los restos mortales de la tripulación fueron recuperados, cerrando un capítulo doloroso de la historia naval rusa. La retirada también tuvo como objetivo evitar riesgos ambientales asociados al reactor nuclear.

El naufragio del Kursk pasó a ser estudiado como ejemplo de fallas en cadena, desde armamentos defectuosos hasta retrasos críticos en decisiones de rescate.

El caso del submarino nuclear Kursk sigue siendo uno de los episodios más impactantes de la historia marítima moderna. Expuso límites técnicos, humanos y operacionales que aún hoy desafían marinas de todo el mundo y mantiene vivo el alerta sobre seguridad en operaciones submarinas extremas.

¿Qué crees que contribuyó más a esta tragedia: falla técnica, decisiones humanas o falta de preparación? Deja tu comentario y comparte el artículo.

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Noel Budeguer

Sou jornalista argentino baseado no Rio de Janeiro, com foco em energia e geopolítica, além de tecnologia e assuntos militares. Produzo análises e reportagens com linguagem acessível, dados, contexto e visão estratégica sobre os movimentos que impactam o Brasil e o mundo. 📩 Contato: noelbudeguer@gmail.com

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