Propietario de Bugatti se niega a pagar R$ 65 mil por reparación y encuentra solución genial: mecánico cambia pieza por una cerveza y menos de 30 minutos de trabajo
Tener un Bugatti Veyron en el garaje parece un sueño reservado para millonarios, pero incluso entre ellos existe un límite para lo que se considera razonable. Fue lo que descubrió el británico Carl Hartley al intentar reparar un pequeño defecto en el botón de los retrovisores de su Veyron. Mientras que el taller oficial de Bugatti pedía el equivalente a R$ 67 mil por la sustitución, un mecánico de su ciudad resolvió todo por una cantidad simbólica: una cerveza.
La historia se convirtió en un ejemplo clásico de los costos muchas veces surreales del posventa de supercoches, incluso para reparaciones que, en la práctica, involucran piezas comunes compartidas con vehículos mucho más baratos.

El precio del lujo: revisiones que superan el valor de un coche popular
El Bugatti Veyron, lanzado en 2005 y producido hasta 2015, es uno de los coches más icónicos jamás creados. Con más de 1.000 cv de potencia y un valor superior a 2 millones de euros, su costo de mantenimiento acompaña la exclusividad. La propia fabricante recomienda revisiones anuales que incluyen cambio de aceite, sustitución de todos los filtros del motor, revisión de la caja de cambios y diferenciales.
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Este proceso requiere alrededor de 18 litros de aceite y, principalmente, 27 horas de mano de obra especializada. ¿El resultado? Una simple revisión puede superar los 25.000 euros (alrededor de R$ 145 mil). Y no se detiene ahí: cambiar solo el filtro de la transmisión puede costar hasta 3.000 euros.

Estos valores, aunque aceptables para propietarios de hipercoches, no dejan de generar incomodidad cuando se aplican a reparaciones pequeñas. Fue lo que ocurrió con Carl Hartley, hijo del más renombrado comerciante de coches de lujo del Reino Unido. Durante un mantenimiento de rutina que ya costaría casi 40 mil libras (aproximadamente R$ 275 mil), aprovechó para pedir una evaluación del botón de ajuste de los espejos retrovisores – que, según él, solo presentaba un ligero juego.
¿La respuesta de Bugatti? Un presupuesto de 9.500 libras, o más de 11.300 euros (R$ 67 mil). La justificación: sería necesario cambiar todo el mecanismo y desmontar parte de la puerta. Hartley, indignado, decidió buscar una segunda opinión.
Volkswagen Transporter salvando el día

Carl llevó el Veyron a un pequeño mecánico de confianza que suele atender los vehículos de su concesionario. Días después, al regresar al taller, el coche estaba listo. El defecto había sido resuelto con una pieza que costó… menos de 90 centavos de libra.
Neil, el encargado de la reparación, explicó: “No fue fácil encontrar el botón, pero descubrí que era el mismo usado en el Volkswagen Transporter. Tuve que comprar un paquete con cinco, que costó 89 peniques (aproximadamente R$ 6,05)”.
Como el Veyron fue diseñado por Bugatti durante el período en que la marca formaba parte del grupo Volkswagen, muchos componentes se compartieron con modelos más simples. Uno de esos artículos era precisamente el botón de los retrovisores.
Neil completó la reparación en solo 25 minutos. “Fue tan simple que solo pedí una cerveza como pago”, contó el mecánico. Hartley respondió: “Nunca más llevo mi coche a Bugatti”.
Componentes compartidos: el secreto nada glamuroso de los supercoches
Este caso reaviva el debate sobre los costos reales de mantenimiento de vehículos de lujo. Aunque la ingeniería de un Veyron es extraordinaria, muchos de sus componentes son compartidos con modelos comunes para reducir costos de producción. Pero en el posventa, los precios suben drásticamente, inflados por las horas cobradas y la exclusividad del servicio.
Este modelo de negocio no es exclusividad de Bugatti. Otros fabricantes de lujo, como Ferrari y Lamborghini, también son conocidos por sus altos costos de mantenimiento. La cuestión es cuándo el servicio sobrepasa los límites de lo razonable – como cambiar un botón por casi R$ 70 mil.
La historia se volvió viral en las redes sociales y fue destacada en portales europeos como Motorpasión, abriendo espacio para que otros propietarios de supercoches compartieran relatos similares.


Agir na pureza e na humildade gera reconhecimentos e valorização Deus abencõe os irmãos que agem na humildade
É a velha história que se repete. O dono da Ferrari já dizia… «vendo motores, a carcaça vai de graça» **** é quem não entende a msg…
Estou de pleno acordo com o absurdo do preço, se fosse aqui no Brasil e o o proprietário fosse do sul , era só falar com o GRALHA e o CHACAU OS MELHORES DO SUL DO PAIS. , teriam resolvido isto até por telepatia , pois acabaram de fazer um curso internacional «»»consertando com a força da mente»»» , fica aí a dica para os proprietários de carros importados. Boa noite , contato com os mesmos falar com o CHICO RAIZ mediante modica comissão.