El Ibama pidió nuevos datos y retrasó nuevamente la licencia de Petrobras para perforar en la Foz do Amazonas. La sonda, que cuesta R$ 4,2 millones por día, puede ser reemplazada si la aprobación no se obtiene hasta el plazo, elevando la pérdida y el impasse ambiental
Petrobras enfrenta otro impasse en su intento de explotar petróleo en la Cuenca de la Foz do Amazonas. El Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) exigió nuevos detalles sobre los planes de emergencia y los protocolos de protección a la fauna marina, retrasando una vez más la liberación de la licencia de perforación.
Mientras tanto, la sonda contratada para el proyecto, valorada en R$ 4,2 millones por día de operación, está en el límite del contrato y puede tener que ser reemplazada si la aprobación no se obtiene hasta el 21 de octubre.
La situación reaviva el debate sobre el equilibrio entre la urgencia energética brasileña y la preservación de una de las regiones más sensibles del planeta — el encuentro de las aguas del río Amazonas con el Atlántico, área de extrema biodiversidad y relevancia ecológica.
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Un proyecto millonario parado en el tiempo
La Foz do Amazonas es considerada una de las últimas fronteras inexploradas del petróleo en Brasil. El bloque FZA-M-59, ubicado a cerca de 175 kilómetros de la costa de Amapá, fue adquirido por Petrobras en 2013 y desde entonces espera la autorización para el inicio de la perforación.
Estudios indican que el potencial de la margen ecuatorial brasileña puede ser igual al de los ricos yacimientos descubiertos en Guayana, lo que colocaría al país entre los mayores productores del Atlántico.
Petrobras ha invertido fuertemente en la infraestructura necesaria para cumplir con los requisitos ambientales: construyó un centro veterinario en Oiapoque para rescate y tratamiento de animales marinos, instaló equipos de monitoreo y entrenó equipos de respuesta rápida.
Aun así, el Ibama consideró insuficientes algunos puntos de los planes de contingencia y solicitó nuevas simulaciones y datos complementarios.
En un reciente dictamen, el organismo afirmó que aún hay “incertezas técnicas y lagunas operativas” en los planes individuales de emergencia presentados por la estatal. La decisión frustró la expectativa de Petrobras, que contaba con la licencia a principios de octubre para aprovechar la ventana operativa de la sonda.

El costo de cada día parado
El retraso tiene un precio alto. La sonda “West Auriga”, contratada por la empresa, permanece anclada desde hace meses en la costa de Maranhão esperando autorización. Cada día de espera cuesta aproximadamente R$ 4,2 millones, sumando ya más de R$ 180 millones en pérdidas acumuladas solo por la locación y mantenimiento del equipo.
La presidenta de Petrobras afirmó que el contrato de la sonda vence el 21 de octubre y que, si el licenciamiento no se concluye antes de esa fecha, será necesario buscar una nueva embarcación, lo que podría reiniciar todo el proceso de análisis ambiental desde cero.
Según la estatal, se trata de un tipo de sonda “rara en el mundo”, y encontrar un sustituto compatible puede llevar meses y elevar aún más los costos.
Además de las pérdidas financieras directas, hay el riesgo de impacto sobre los cronogramas de producción y sobre la confianza de los inversores, que observan el caso como una prueba de la capacidad regulatoria de Brasil para conciliar la explotación energética y la preservación ambiental.
Presión ambiental y oposición creciente
La explotación en la Foz do Amazonas es objeto de críticas por parte de ambientalistas e investigadores desde el inicio del proyecto.
El principal argumento es que un eventual derrame de petróleo en la región podría provocar un desastre ambiental de grandes proporciones, afectando manglares, arrecifes y comunidades ribereñas.
Investigaciones de opinión muestran que 61% de los brasileños se oponen a la perforación de petróleo en la costa amazónica, según un estudio reciente de Reuters.
El temor es que el país repita errores cometidos en otras fronteras de explotación, como el Golfo de México, donde fallas operativas resultaron en desastres ambientales y pérdidas millonarias.
Por otro lado, el gobierno federal y parte del sector energético defienden que el proyecto es estratégico para garantizar la seguridad energética y generar nuevos polos de desarrollo en el norte del país.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva llegó a afirmar que el Ibama debería “darse por satisfecho” con las pruebas realizadas por Petrobras, lo que generó reacciones entre técnicos del organismo y organizaciones ambientales.
El dilema brasileño: energía o preservación?
El caso de la Foz do Amazonas evidencia el dilema que Brasil enfrenta entre expandir su producción de petróleo — esencial para mantener las exportaciones y los ingresos fiscales — y liderar la transición energética verde prometida en foros internacionales.
Expertos advierten que la demora en el licenciamiento también tiene repercusiones en el escenario geopolítico. Mientras Guayana y Surinam avanzan rápidamente con sus descubrimientos de petróleo ligero, Brasil corre el riesgo de perder protagonismo en la margen ecuatorial, una de las áreas más codiciadas por las grandes corporaciones globales.
Al mismo tiempo, el país intenta consolidar una imagen de liderazgo ambiental y anfitrión de la próxima COP30, en Belém, lo que aumenta la sensibilidad de cualquier decisión relacionada con la Amazonía.
Y ahora?
Petrobras y el Ibama tienen una nueva reunión programada para 16 de octubre, cuando la estatal debe presentar los aclaraciones solicitadas.
Si el dictamen es favorable, la licencia podría ser emitida aún este mes. Si no hay consenso técnico hasta el plazo de validez de la sonda, el proyecto puede sufrir un nuevo retraso — esta vez, por tiempo indefinido.
Para los expertos, el episodio deja claro que la falta de planificación y la lentitud en la comunicación entre la empresa y los organismos ambientales pueden costar caro. Y que el país necesita definir, con urgencia, una política energética coherente con sus ambiciones climáticas y económicas.

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