A pesar del calendario abierto desde el 1 de octubre, los productores de RS siguen sin acceso a crédito e insumos, reduciendo áreas y devolviendo tierras arrendadas
La crisis en el campo vuelve a preocupar al Rio Grande do Sul, segundo mayor productor de soja de Brasil junto al Paraná. Tras enfrentar sequías severas seguidas de inundaciones en los cultivos, el estado vive una nueva fase de incertidumbres al inicio de la cosecha 2025/26. Aunque las condiciones climáticas muestran signos de estabilidad, la falta de crédito rural y de insumos sigue bloqueando la siembra en diversas regiones, llevando a los productores a reducir áreas e incluso devolver tierras arrendadas.
Falta de insumos amenaza el inicio de la siembra
De acuerdo con el calendario oficial de siembra, la siembra de soja está autorizada desde 1 de octubre de 2025. Sin embargo, muchos agricultores aún no han logrado comprar semillas, fertilizantes o pesticidas, permaneciendo inactivos a pesar de tener el suelo preparado. En consecuencia, hay relatos de productores que intentan sembrar solo con lo que quedó en stock.
Según Armindo Crestani, productor de Cachoeira do Sul, la situación es crítica. “Perdimos el crédito y no tenemos condiciones de sembrar toda el área. Vamos a entregar el campo y a sembrar lo que se pueda”, afirmó. Cuenta que su CPF fue negativado tras negociaciones fallidas con bancos que se negaron a renegociar deudas.
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El sector sucroenergético avanza con tecnología agrícola, pero la productividad agrícola aún preocupa.
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La cáscara de huevo que casi todo el mundo tira está compuesta por alrededor del 95% de carbonato de calcio y puede ayudar a enriquecer el suelo cuando se tritura, liberando nutrientes lentamente y siendo reutilizada en huertos y jardines domésticos.
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El agua que casi todo el mundo tira después de cocinar papas contiene nutrientes liberados durante la preparación y puede ser reutilizada para ayudar en el desarrollo de plantas cuando se usa correctamente en la base de huertos y macetas, sin costo adicional y sin cambiar la rutina.
Ya el agricultor Fábio Santos, de São Vicente do Sul, lamenta la actitud de las instituciones financieras: “El productor es bueno para el banco cuando compra consorcios y seguros. Pero, cuando necesita ayuda, ya no sirve más”, se desahoga.
Los arrendamientos se vuelven inviables y el crédito desaparece
La dificultad de honrar pagos de arrendamiento agrava el problema. Muchos productores devolvieron tierras por falta de recursos, lo que compromete el acceso a nuevos financiamientos, ya que las áreas arrendadas sirven como garantía para el crédito rural.
En Tapes, el productor Dimitrius José relata que ya “renegoció la renegociación” y sigue sin acceso al crédito. “Entregué parte de las áreas y sigo sin garantía para nuevos préstamos. Aún estoy sin semillas, abono y pesticidas”, explica.
El escenario se repite en Alegrete, donde Marcelino Michelotti logró renegociar las deudas por tres años, pero ahora también enfrenta bloqueos en las líneas de crédito. “Pretendo mantener el área, pero no tengo insumos ni condiciones de ampliar la siembra”, afirma.
En Bagé, en la frontera con Uruguay, el agricultor Jeferson Scheibler describe la situación como insostenible. “Las calamidades vinieron una tras otra. Falta sensibilidad del gobierno y de los bancos para entender que el productor no tiene culpa”, dice.
Las medidas del gobierno aún no llegan al campo
En medio de la crisis, el gobierno federal anunció, en septiembre de 2025, la MP 1314, liberando R$ 12 mil millones para renegociación de deudas rurales. A pesar de la promesa, el recurso todavía no ha llegado a los productores, según información del Ministerio de Agricultura y Ganadería (Mapa).
Además, 93 municipios quedaron inicialmente fuera del programa por no haber declarado situación de emergencia durante las inundaciones. Solo 56 ciudades fueron posteriormente incluidas tras revisión de la lista, pero la mayor parte de los productores aún no ha tenido acceso práctico a las líneas de renegociación.
Cronología de la crisis rural en RS
- 2022 y 2023: sequías severas afectan la producción de soja y maíz.
- 2024: inundaciones provocan grandes pérdidas agrícolas en más de 300 municipios.
- Octubre de 2025: la siembra de la cosecha 2025/26 es liberada, pero insumos y crédito aún no llegan.
- Septiembre de 2025: MP 1314 anuncia R$ 12 mil millones para renegociaciones, sin efectividad práctica hasta ahora.
Esta secuencia de eventos deja al sector agropecuario gaúcho en una situación delicada, con deudas crecientes y crédito escaso justo al inicio del ciclo más importante del agronegocio nacional.
Perspectivas y necesidad de acción
Si el acceso al crédito sigue restringido, la siembra de soja en RS puede disminuir significativamente en 2025, impactando directamente en la economía del estado y en la balanza comercial brasileña. Los especialistas del sector afirman que la recuperación de la producción gaúcha depende de la agilidad en la liberación de los recursos y de la flexibilización bancaria para productores endeudados.
Mientras tanto, los agricultores siguen intentando mantener sus actividades “como se pueda”, confiando en que el Mapa y los bancos públicos puedan desbloquear las renegociaciones en las próximas semanas.
Sin esto, el sufrimiento del campo gaúcho seguirá siendo el retrato más evidente de cómo las cambios climáticos y la burocracia financiera pueden, juntas, paralizar una de las cadenas productivas más importantes del país.
¿Qué opinas: el gobierno debe priorizar la liberación inmediata del crédito rural para salvar la cosecha de 2025/26 o adoptar una política más cautelosa y gradual, enfocándose solo en productores cumplidores?


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