Conozca la historia de Catupiry, la marca que inventó el requeijão cremoso y transformó una receta artesanal en un símbolo nacional. De la origen de Catupiry a su expansión internacional.
La historia de Catupiry comienza a principios del siglo XX, en un Brasil todavía rural, con fuerte presencia de inmigrantes europeos en busca de oportunidades. Entre estos pioneros estaban Mário y Rosa Silvestrini, una pareja de italianos que se estableció en la ciudad de Lambari, en Minas Gerais, en 1911. Con conocimientos en la producción de lácteos y un espíritu emprendedor, la pareja creó lo que sería el primer requeijão cremoso del país: un producto que no existía hasta entonces en el formato suave, pastoso y de sabor marcante. La receta, desarrollada artesanalmente a partir de técnicas italianas adaptadas a la realidad brasileña, resultó en una crema de queso que conquistó rápidamente a los habitantes locales. El nombre elegido para bautizar la invención — Catupiry — vino del tupi-guaraní y significa “excelente”. Y de hecho, este adjetivo no tardaría en ser incorporado a la identidad del producto y, posteriormente, a la propia marca que inventó el requeijão tal como lo conocemos hoy.
Creación de Catupiry: de la cajita de madera al paladar nacional
En los primeros años, la producción se hacía de forma limitada y artesanal, y el requeijão Catupiry se vendía en pequeñas cajitas de madera, que además de preservar el producto, se convirtieron en íconos de una era y objetos de memoria afectiva. Eran comunes en las despensas brasileñas y marcaron generaciones, convirtiéndose en un símbolo de la confiabilidad de la marca.
El cambio estratégico vino con la transferencia de la fábrica a São Paulo, más precisamente al barrio de Bom Retiro. La capital paulista, en fuerte expansión industrial y poblacional, proporcionó nuevos canales de distribución y la expansión de Catupiry a otras regiones de Brasil. Esto marcó el inicio de la transición de un negocio familiar a una industria nacional.
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Catupiry y el boom de las pizzerías: cuando la marca se convierte en sinónimo de producto
El ascenso de Catupiry como un verdadero fenómeno nacional ocurrió entre las décadas de 1970 y 1980, cuando Brasil comenzó a vivir el boom de las pizzerías. Fue en este periodo que nació uno de los platos más icónicos del país: la pizza de pollo con requeijão. Y no cualquier requeijão: la preferencia era clara, rellena de Catupiry.
El éxito fue tan estruendoso que el nombre de la marca pasó a ser usado como referencia directa al tipo de producto. Hoy, incluso los requeijões de otras marcas son frecuentemente llamados “catupiry”, una clara demostración del poder de la marca en la formación del gusto y del lenguaje popular.
Con esta exposición en pizzerías, bares y restaurantes, el requeijão cremoso Catupiry ganó versatilidad. Se convirtió en un ingrediente clave de platos típicos como escondidinho, bobó de camarão, empadões, tortas salgadas, e incluso en postres, lo que impulsó aún más el crecimiento de la empresa.
Innovación y logística: de la tradición a la practicidad
La creación de Catupiry no se restringió al producto original. A lo largo de las décadas, la marca invirtió fuertemente en innovación de envases y logística, buscando facilitar el manejo y transporte tanto en el comercio minorista como en la hostelería.
Las tradicionales cajitas de madera dieron lugar a envases plásticos, boquillas para uso culinario, baldes industriales y formas porcionadas para facilitar su uso en cocinas profesionales. Esta modernización permitió que el producto se mantuviera competitivo, al mismo tiempo que preservaba la calidad original de la receta.
Además, la empresa implementó mejoras en la refrigeración, conservación y trazabilidad, siempre alineando tradición con las exigencias de la industria moderna de alimentos.
Portafolio diversificado: más de 70 productos en todo Brasil
Actualmente, Catupiry es una potencia de la industria láctea brasileña. Con cuatro fábricas en operación — dos en São Paulo, una en Minas Gerais y otra en Goiás — la empresa cuenta con un portafolio de más de 70 productos, que incluyen:
- Requeijões cremosos tradicionales y con sabores
- Quesos procesados
- Cremas culinarias
- Fondue
- Productos para panadería y repostería
- Pães de queijo rellenos
- Postres listos
A pesar de tener una presencia consolidada en los estados del Sudeste, la marca ha expandido su actuación hacia el Nordeste y el Sur, especialmente en estados como Santa Catarina, donde el crecimiento de mercado ha sido notable.
Durante la pandemia de COVID-19, la practicidad de los alimentos congelados y la fuerza del delivery mantuvieron el rendimiento de la empresa, impulsando la venta de productos listos con el sabor característico del requeijão Catupiry. La marca supo adaptarse, preservando la tradición, pero también respondiendo con agilidad a los cambios en el comportamiento del consumidor.
Catupiry y los mercados de la nostalgia: expansión internacional
Además del éxito nacional, Catupiry también invierte en el exterior. Sus productos están presentes en países con gran concentración de brasileños o latinos, como Estados Unidos, Canadá, Japón, Paraguay y Argentina. En estos mercados, el requeijão es consumido tanto por inmigrantes brasileños nostálgicos del sabor de casa, como por extranjeros fascinados por la cocina brasileña.
La estrategia internacional de Catupiry se centra en nichos específicos y fortalece la marca en puntos de venta especializados, como emporios, supermercados latinos y e-commerces de alimentos típicos.
Tiendas propias y experiencias gastronómicas
En un movimiento para acercarse aún más al público final, la empresa también ha apostado por tiendas propias. Uno de los principales ejemplos es el Empório Catupiry, ubicado en el edificio histórico de la antigua fábrica en elBom Retiro, en São Paulo.
En este espacio, el consumidor puede degustar productos exclusivos, como brigadeiro con requeijão, fondue de guayaba, además de versiones especiales de requeijão en recetas dulces y saladas. La tienda funciona como un centro de experiencia de la marca, reforzando el vínculo emocional entre Catupiry y sus consumidores.
Al completar más de 110 años, la marca que inventó el requeijão cremoso se mantiene como líder absoluta en su segmento. Catupiry es, a la vez, un símbolo de tradición familiar y un ejemplo de innovación industrial.
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Ya sea en las cajitas de madera de los años 1920 o en los envases plásticos con tapa de rosca del siglo XXI, el sabor y la identidad del producto permanecen reconocibles. La empresa apuesta por el equilibrio entre la memoria afectiva, la presencia de marca y la adaptación a los nuevos tiempos.
Sus inversiones en nuevas categorías de productos — como pães de queijo rellenos, postres congelados y fondues listos para microondas — demuestran que Catupiry no tiene la intención de acomodarse. La meta es clara: ser referencia no solo en requeijão, sino en experiencias gastronómicas completas.
Catupiry como patrimonio afectivo y cultural de Brasil
Pocas marcas alimenticias en Brasil han logrado volverse tan icónicas como Catupiry. Se menciona en menús, recetas familiares y está presente en el vocabulario cotidiano — como sinónimo de calidad, sabor y cremosidad. La empresa no solo creó un producto inédito, sino que también moldeó los hábitos alimentarios de millones de brasileños.
Ya sea en la pizza del fin de semana, en el pan caliente de la panadería, en el escondidinho del domingo o incluso en postres innovadores, Catupiry está presente en la mesa y en la memoria. Su trayectoria es un ejemplo de cómo una receta familiar artesanal puede transformarse en patrimonio gastronómico nacional, con alcance global y relevancia centenaria.



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