El Templo Mayor es revelado bajo la Ciudad de México tras el descubrimiento en 1978 y las excavaciones muestran la ciudad azteca enterrada con miles de artefactos
El 21 de febrero de 1978, trabajadores de la compañía de electricidad de la Ciudad de México encontraron accidentalmente un monolito de piedra volcánica mientras instalaban cables en el centro histórico. El objeto, con 3,25 metros de diámetro y alrededor de 8 toneladas, exhibía la imagen esculpida de Coyolxauhqui, diosa de la luna en la mitología azteca. Según la Archaeology Magazine y la BBC Travel, el descubrimiento confirmó la ubicación exacta del Templo Mayor, la principal estructura religiosa de Tenochtitlán, la capital del Imperio Azteca, enterrada bajo capas de construcción colonial y moderna.
El descubrimiento marcó uno de los momentos más importantes de la arqueología urbana moderna, revelando que una de las ciudades más grandes de la historia de las Américas permanece soterrada bajo una de las metrópolis más grandes del mundo.
La Ciudad de México fue construida sobre Tenochtitlán tras la conquista española en 1521
Cuando Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán en 1519, encontró una ciudad con una población estimada entre 200 mil y 300 mil habitantes, un número superior al de cualquier ciudad europea de la época. La capital azteca fue construida sobre una isla en el lago Texcoco, conectada al continente por calzadas elevadas y con una compleja red de canales navegables.
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Tras la conquista española en 1521, la estrategia adoptada fue inédita: en lugar de fundar una nueva ciudad, los colonizadores destruyeron la estructura existente y utilizaron sus propias piedras para erigir la nueva capital colonial. Iglesias, palacios y edificios administrativos fueron construidos directamente sobre templos y palacios aztecas.
Este proceso resultó en el soterramiento completo de Tenochtitlán, creando una ciudad invisible bajo la actual Ciudad de México.
El Templo Mayor tenía 27 metros de altura y múltiples capas arqueológicas preservadas
El Templo Mayor era una pirámide doble con cerca de 27 metros de altura, equivalente a un edificio de nueve pisos, con base de aproximadamente 100 metros por 80 metros. En la cima, dos escaleras llevaban a templos dedicados a Huitzilopochtli y Tlaloc, representando la guerra y la agricultura.
A lo largo de dos siglos, el templo fue reconstruido seis veces, con nuevas estructuras erigidas sobre las anteriores. Cuando los españoles destruyeron el complejo, solo se removió la capa más externa.
Esto permitió la preservación de múltiples fases de la construcción, creando una secuencia arqueológica única compuesta por siete templos superpuestos.
Las excavaciones en el Templo Mayor revelaron más de 40 mil artefactos del Imperio Azteca
Desde 1978, excavaciones conducidas por el Programa de Arqueología Urbana (PAU) han cubierto cerca de 500 metros cuadrados, área equivalente a aproximadamente siete manzanas. En ese espacio, los arqueólogos encontraron más de 40 mil artefactos.
Entre los ítems identificados están espejos de obsidiana, conchas marinas del Pacífico, dientes de tiburón del Caribe, máscaras de jade, objetos de oro y plata, además de semillas preservadas por miles de años.
La diversidad de los materiales comprueba la extensión de las redes comerciales del imperio, que alcanzaban diferentes regiones de América Central y de México.
La ley mexicana exige supervisión arqueológica en obras en el centro histórico
Actualmente, cualquier intervención en el suelo del centro de la Ciudad de México exige la presencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La legislación establece prioridad para la preservación arqueológica.
Esta regla garantiza que nuevos hallazgos no sean destruidos por obras de infraestructura. Fragmentos de cerámica, huesos y estructuras antiguas continúan siendo encontrados regularmente bajo calles y edificios.
La ciudad opera como uno de los mayores sitios arqueológicos activos del mundo, con descubrimientos frecuentes durante obras urbanas.
El hundimiento del suelo en la Ciudad de México revela estructuras aztecas enterradas
La Ciudad de México sufre un proceso continuo de subsidencia debido a la extracción de agua subterránea. En algunas regiones, el suelo puede hundirse hasta 50 centímetros por año.
Este fenómeno crea grietas en los edificios, que acaban revelando estructuras arqueológicas enterradas. Elementos rígidos, como pirámides y fundaciones antiguas, resisten el hundimiento, causando deformaciones en los edificios de arriba.
Estas grietas funcionan como indicadores geológicos que ayudan a los arqueólogos a localizar construcciones aztecas bajo la ciudad moderna.
La Catedral Metropolitana se hunde debido a estructuras aztecas bajo sus fundaciones
La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, construida a partir de 1573, presenta una inclinación visible debido a la diferencia de sustentación del suelo.
Parte de la estructura está apoyada sobre fundaciones aztecas, mientras que otras áreas reposan sobre suelo más inestable. Esta diferencia genera deformaciones y exige constantes intervenciones de ingeniería.
El fenómeno ilustra cómo las estructuras antiguas continúan influyendo en la estabilidad de la ciudad moderna siglos después de su construcción.
Templos aztecas han sido encontrados bajo el metro, edificios y áreas urbanas
Diversos templos han sido identificados en lugares inesperados, incluyendo bajo estaciones de metro y edificios comerciales. El templo de Ehécatl, por ejemplo, ha sido preservado en una estructura subterránea accesible al público.
Otros sitios han sido descubiertos bajo áreas destruidas por el terremoto de 1985, revelando la profundidad y extensión de la ciudad enterrada.
Estos descubrimientos demuestran que la Ciudad de México moderna está construida directamente sobre un complejo urbano precolombino aún en gran parte intacto.
Apenas el 0,2% de Tenochtitlán ha sido excavada hasta hoy
A pesar de décadas de investigación, solo el 0,2% de la antigua capital azteca ha sido excavada. El recinto sagrado original, con cerca de 500 metros de lado, permanece casi totalmente bajo construcciones modernas.
Relatos históricos del siglo XVI, como los de Bernardino de Sahagún, indican la existencia de decenas de estructuras aún no localizadas.
La limitación de las excavaciones está directamente ligada a la necesidad de preservar la infraestructura urbana actual, haciendo imposible explorar totalmente el área.
El Palacio Nacional fue construido sobre la residencia del emperador Moctezuma II
El actual Palacio Nacional de México ocupa el mismo lugar donde se encontraba el palacio de Moctezuma II, gobernante que recibió a los españoles en 1519.
Esta superposición no fue accidental, sino una estrategia simbólica de continuidad de poder adoptada por los colonizadores. La ubicación refuerza la permanencia de centros de poder en el mismo espacio geográfico a lo largo de los siglos.
La organización de la Ciudad de México mantiene rasgos de la antigua Tenochtitlán. Algunas calles siguen exactamente el recorrido de las antiguas calzadas que conectaban la isla con el continente.
La división en cuadrantes también refleja la cosmología azteca, con el Templo Mayor en el centro. Aún después de siglos de transformación, la estructura urbana original sigue influyendo en el diseño de la ciudad contemporánea.
Monolito de 13 toneladas puede indicar la primera tumba imperial azteca
En 2006, arqueólogos descubrieron un monolito de 13 toneladas representando a la diosa Tlaltecuhtli. El objeto fue encontrado cerca del Templo Mayor y presenta inscripciones que indican el año de 1502.
Escaneos con radar identificaron posibles cámaras subterráneas bajo el lugar, sugiriendo la existencia de tumbas imperiales. Si se confirma, el hallazgo podría representar la primera tumba de un emperador azteca ya descubierta.
La antigua capital azteca no desapareció, sino que fue soterrada. Bajo calles, edificios e infraestructuras modernas, permanecen estructuras, artefactos y vestigios de una de las civilizaciones más avanzadas de las Américas.
A cada nueva excavación, fragmentos de esta ciudad emergen, revelando capas de historia que continúan desafiando a los arqueólogos.
La Ciudad de México es, al mismo tiempo, una metrópoli contemporánea y uno de los mayores sitios arqueológicos ocultos del planeta.

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