Eike Batista está de volta com un plan ambicioso para revolucionar el agronegocio. La «caña celulosa» promete multiplicar la producción de etanol y biomasa, con potencial de generar miles de millones en ingresos. ¿Será que esta nueva supercana podrá ser lo que él necesita para reerguir su carrera?
Cuando pensamos que Eike Batista, el ex-millonario que un día dominó los titulares, se había retirado de los focos, él resurge con planes ambiciosos para sacudir uno de los sectores más prometedores de Brasil: el agronegocio.
Después de una caída espectacular en el sector del petróleo, que culminó en una serie de procesos judiciales relacionados con la Operación Lava Jato, muchos creyeron que el empresario había dejado atrás sus sueños grandiosos. Pero ahora, Eike reaparece con una nueva propuesta: transformar radicalmente la economía de la caña de azúcar. Y no piensa en pequeño.
Con un discurso de optimismo e innovación, Eike Batista regresa con la promesa de hacer que la caña de azúcar rinda mucho más que solo etanol. La idea, en sus propias palabras, es «volver la economía de la caña del revés» con la introducción de una nueva variedad conocida como «caña celulosa».
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Esta planta promete revolucionar no solo la producción de etanol, sino también generar biomasa suficiente para abastecer otras industrias como las de plástico y papel, e incluso el mercado de combustible sostenible de aviación (SAF). La ambición, por supuesto, es hacer de este proyecto una realidad que transformará a Brasil en una potencia aún mayor en el sector sucroenergético.
De petróleo a caña: un plan ambicioso
De acuerdo con Eike Batista, el proyecto de desarrollo de una «supercana» no es nuevo. Él y su socio, Luís Rubio, han estado trabajando en ello durante más de 10 años. La idea inicial, lanzada a finales de los años 2000, ya era prometedora, pero enfrentó dificultades y casi fue abandonada.
Conocida inicialmente como «caña energía», la planta presentaba una densidad de fibras mayor que la caña convencional, haciéndola ideal para la generación de biomasa. Ahora, rebautizada como «caña celulosa», la variedad ha sido adaptada para cumplir con las exigencias del escenario actual, donde la sostenibilidad gana cada vez más relevancia.
Eike, en entrevista a AgFeed, reveló que se han realizado reuniones con ingenieros y empresarios del sector agropecuario para promover el intercambio de la caña tradicional por la «caña celulosa». Su papel en el proyecto, según él mismo admite, es de consejero, pero su involucramiento es tan grande que es la principal voz detrás de esta nueva apuesta. La empresa responsable por el desarrollo de las nuevas variedades es la BRXe, que ha invertido más de R$ 350 millones en el proyecto hasta ahora.
Una caña superpoderosa: lo que la «caña celulosa» promete
La gran diferencia de la «caña celulosa», según Eike Batista, es su capacidad de generar una productividad muy superior a la caña convencional.
De acuerdo con datos presentados por él, la nueva variedad puede rendir hasta 180 toneladas por hectárea durante 10 años, mientras que la caña tradicional alcanza un promedio de 80 toneladas por hectárea y es productiva solo durante cinco años.
Esta productividad superior también se refleja en el rendimiento del etanol, que podría triplicarse por hectárea, y en la generación de bagazo, que sería de siete a doce veces mayor.
El impacto económico de esta supercana sería gigantesco, según las estimaciones del propio Eike. La producción de etanol en Brasil, que en 2023 fue de aproximadamente 35,4 mil millones de litros, podría saltar a más de 106 mil millones de litros solo con la sustitución de las variedades actuales. Esto generaría un ingreso de US$ 106 mil millones, considerando la venta de SAF a US$ 1 por litro, muy por encima de los US$ 0,77 por litro del etanol convencional.
Además del etanol, la biomasa generada por la «caña celulosa» podría ser utilizada para producir plástico verde, envases biodegradables y otros productos sostenibles, ampliando aún más el potencial de ganancias del proyecto. La expectativa de Eike es que esta variedad se convierta en estándar en los cañaverales brasileños en los próximos años.
El pasado que inspira el futuro
La pasión de Eike por grandes proyectos viene de su padre, Eliezer Batista, fundador de Vale y uno de los principales responsables por la industrialización de Brasil. Eliezer fue una pieza clave en la transformación del país en una potencia en la producción de papel y celulosa, al incentivar el uso del eucalipto en la década de 1960.
Eike Batista se inspiró en esta historia de éxito para su nuevo emprendimiento, creyendo que la «caña celulosa» puede hacer por el sector sucroalcoholero lo que el eucalipto hizo por la industria del papel.
«Estamos buscando hacer el mayor programa de mejoramiento genético de la caña de azúcar del planeta», dijo Eike en entrevista. Para eso, el equipo de la BRXe, liderado por Rubio y el renombrado investigador Sizuo Matsuoka, uno de los mayores especialistas en biotecnología canaviera en Brasil, viene cruzando alrededor de 300 mil especies de caña por año para encontrar las variedades más productivas.
Desafíos y el futuro prometedor
Aunque el proyecto es ambicioso, no está exento de desafíos. El mayor de ellos, según el propio Eike Batista admite, es la producción de plántulas. La BRXe actualmente tiene capacidad para plantar 4 mil hectáreas por año, pero la meta es aumentar esta capacidad a 80 mil hectáreas hasta 2026. Otro obstáculo es convencer a productores e inversores, que necesitan creer en el potencial revolucionario de la nueva variedad para invertir en su adopción.
A pesar de estos desafíos, Eike Batista está optimista. Él cree que su supercana podría ser una verdadera revolución en el sector y promete resultados financieros extraordinarios.
Cada módulo de 70 mil hectáreas requeriría una inversión de R$ 360 millones, pero generaría R$ 600 millones anuales en ingresos solo con la producción de etanol. El empresario también destaca que, con la mayor producción de bagazo, el sector podría reemplazar completamente el uso de plástico tradicional por alternativas sostenibles.
«El legado que queremos dejar es una caña que beneficie toda la industria sucroalcoholera en los próximos 20 años», afirma Eike. El desafío, sin embargo, va más allá de promover la innovación; también necesita restaurar su propia imagen en el mercado, demostrando que, esta vez, su sueño puede convertirse en realidad.
¿Será que la supercana de Eike Batista puede revolucionar el sector sucroalcoholero de Brasil, o será más una promesa incumplida? ¡Comparte tu opinión en los comentarios!

Introdução de novas variedades não é uma tarefa fácil em qualquer cultura. Imagino que Eike já sabe disso e deve ter uma estratégia de curto, médio e longo prazo. Quem faz uma variedade ser adotada por um fazendeiro é outro fazendeiro. Não adianta apostar somente em equipe técnica e planejar implantaçao de grandes áreas no início, tem que ser paulatino. O convencimento de fazendeiros se faz na prática num ciclo de 5 anos.
Qual a opinião da EMBRAPA? A reportagem poderia além nessa matéria.
Tenho tecnologia MHR Ecouturb quântica aplicada nesta cana será possível realizar o projeto com muita folga