La expansión de los biocombustibles avanza en Brasil con pruebas técnicas para mezclas más altas en gasolina y diésel, involucrando inversiones millonarias y la participación de universidades, industria y gobierno en busca de seguridad, eficiencia y reducción de emisiones en la matriz energética nacional.
El gobierno federal inició una nueva etapa de pruebas para evaluar si la gasolina vendida en el país podrá llegar a 35% de etanol anhidro y si el diésel podrá recibir 25% de biodiésel, sin perjudicar el rendimiento de los motores, la seguridad de los vehículos y la calidad de los combustibles.
El frente de investigación fue estructurado por el Ministerio de Minas y Energía con la coordinación de la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles, la ANP, y tendrá una inversión de alrededor de R$ 30 millones a lo largo de tres años.
La medida integra la implementación de la Ley del Combustible del Futuro, sancionada en octubre de 2024.
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Pruebas técnicas preceden posible adopción de E35 y B25
En la práctica, la iniciativa no significa que la adopción del E35 y del B25 ya esté autorizada en el mercado brasileño.
Lo que se ha puesto en marcha es una red nacional de investigación destinada a producir evidencias técnicas para fundamentar decisiones futuras del poder público.
La propia ANP destaca que el proyecto no equivale a la evaluación definitiva para la liberación comercial de estas mezclas y que una eventual adopción posterior dependerá de estudios concluidos y de la deliberación del Consejo Nacional de Política Energética, el CNPE.
Porcentajes actuales de etanol y biodiésel en Brasil
Hoy, el porcentaje obligatorio en vigor es menor.
Desde el 1 de agosto de 2025, la gasolina común comenzó a circular con 30% de etanol anhidro (E30), mientras que el diésel pasó a tener 15% de biodiésel (B15).
Este avance fue aprobado por el CNPE en junio del año pasado y entró en vigor a principios de agosto.
Esto coloca las nuevas pruebas como la siguiente etapa de una política gradual de ampliación del uso de biocombustibles en el país.
Red nacional reúne universidades y centros de investigación
La nueva red se concentrará en análisis físico-químicos de las mezclas, ensayos de rendimiento en motores y vehículos y desarrollo de metodologías para monitorear la calidad de los combustibles.
También se prevén levantamientos sobre consumo, eficiencia energética y emisiones de gases de efecto invernadero.
La intención del gobierno es reunir datos que permitan responder, con base en laboratorios y operativa, si niveles más altos de etanol y biodiésel pueden ser ampliados sin comprometer sistemas de inyección, durabilidad de componentes, manejabilidad y seguridad de uso.
La coordinación de los trabajos estará a cargo del Centro de Investigaciones y Análisis Tecnológicos de la ANP, dentro de una red formada por nueve laboratorios.
Además de la propia agencia, participarán instituciones como la Universidad Federal de Minas Gerais, el Instituto de Investigaciones Tecnológicas de São Paulo, el Instituto Mauá de Tecnología, el Instituto Nacional de Tecnología, el Lactec, la Universidad Federal de Goiás, la Universidad Federal de Río de Janeiro y la Universidad Federal de Río Grande del Norte.
Según la ANP, aproximadamente R$ 9,91 millones del total serán destinados directamente al proyecto ejecutado por su centro de investigaciones.
Comité reúne industria, gobierno y especialistas
Mientras se estructura la red nacional, el Ministerio de Minas y Energía conduce en paralelo, en el ámbito del Comité Técnico Permanente del Combustible del Futuro, la elaboración de los planes de pruebas que deben orientar la evaluación de las mezclas más altas.
Este trabajo reúne gobierno, fabricantes de automóviles, fabricantes de motores, universidades, centros de investigación y productores de combustibles.
El formato participativo fue adoptado para que el análisis técnico no quede restringido a la administración pública.
Fabricantes y demás agentes del sector pueden contribuir en la definición de parámetros, metodologías y criterios de validación.
El biodiésel ya tiene plan de pruebas en consulta pública
En el caso del biodiésel, el proceso ya ha avanzado hacia una fase más detallada.
El plan de pruebas sometido a consulta pública prevé campañas en dos etapas, con evaluación de mezclas superiores al B15 y hasta el B20.
A continuación, una segunda fase podrá alcanzar el B25.
Los documentos técnicos indican ensayos con motores pesados y ligeros de diferentes generaciones tecnológicas, además de tractores y equipos estacionarios.
Las pruebas incluyen monitoreo de arranque en frío, emisiones, consumo, compatibilidad química de materiales, durabilidad y degradación de aceite lubricante.
La Ley del Combustible del Futuro permite un avance gradual
Para el etanol en la gasolina, el movimiento tiene una lógica similar, pero parte de una etapa diferente.
La Ley del Combustible del Futuro elevó el límite legal del contenido de etanol en la gasolina común a hasta 35%, aunque el porcentaje obligatorio ha sido fijado en 27% por la norma.
La legislación permite variaciones entre 22% y 35% por decisión del Ejecutivo.
Después de la sanción de la ley, el gobierno llevó a cabo discusiones técnicas sobre el E30 y llegó a la adopción comercial de este nivel en 2025.
Ahora, el E35 aparece como una hipótesis a ser investigada, no como un porcentaje ya incorporado a la rutina de las estaciones de servicio.
Estrategia busca reducir dependencia de combustibles fósiles
El trasfondo de esta agenda es el intento de ampliar la participación de los combustibles renovables en la matriz de transportes.
La estrategia también busca reducir la dependencia de derivados fósiles y dar respaldo técnico a futuras decisiones regulatorias.
En el caso del diésel, la propia legislación estableció una trayectoria de crecimiento de la mezcla de biodiésel, con previsión de aumentos graduales hasta 2030.
Esto depende de la comprobación de condiciones técnicas y regulatorias adecuadas.
Ya en el caso de la gasolina, la ampliación depende de la comprobación de viabilidad y de decisiones posteriores del gobierno.
Por este motivo, las pruebas anunciadas adquieren peso estratégico dentro de la política energética brasileña.
La formulación oficial presentada por el gobierno busca evitar que la expansión de los biocombustibles ocurra sin respaldo técnico.
Por eso, los estudios fueron diseñados para medir no solo el comportamiento de las nuevas mezclas en laboratorio, sino también sus efectos en motores y vehículos.
También se analizarán posibles reflejos sobre la calidad del producto final, eficiencia y emisiones.
Al final del proceso, los datos deberán servir de base para decisiones regulatorias y para la definición de los próximos pasos de la política pública.

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