Estudio asocia edulcorantes artificiales a un declive cognitivo más rápido y abre debate sobre bebidas “cero azúcar”.
En 2025, un estudio brasileño publicado en línea el 3 de septiembre y registrado en la edición del 7 de octubre de la revista científica Neurology puso en el centro del debate un hábito común de millones de personas: el consumo de productos con edulcorantes de baja o ninguna caloría. La investigación, realizada con datos de 12.772 adultos brasileños seguidos durante aproximadamente ocho años, evaluó sustancias como aspartamo, sacarina, acesulfamo-K, eritritol, xilitol, sorbitol y tagatosa, encontradas en bebidas, yogures, postres bajos en calorías y otros ultraprocesados.
El dato que más llama la atención es directo: después de ajustar por factores como edad, sexo, hipertensión y enfermedad cardiovascular, los participantes con mayor consumo total de estos edulcorantes presentaron un declive 62% más rápido en habilidades de memoria y pensamiento, lo equivalente a aproximadamente 1,6 años adicionales de envejecimiento cognitivo en comparación con el grupo de menor consumo.
El estudio no afirma que los edulcorantes causen pérdida de memoria, pero señala una asociación relevante, especialmente en personas menores de 60 años y en participantes con diabetes, reforzando que la ciencia aún necesita investigar mejor los posibles efectos a largo plazo de estos sustitutos del azúcar en el cerebro.
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Estudio siguió a más de 12 mil brasileños durante ocho años para analizar efectos en el cerebro
La investigación utilizó datos de un gran estudio poblacional brasileño enfocado en la salud cardiovascular y neurológica, siguiendo a adultos a lo largo de los años con evaluaciones periódicas.
Los participantes se sometieron a pruebas cognitivas que miden diferentes funciones del cerebro, como la memoria, la velocidad de procesamiento y la capacidad de planificación.
Al cruzar estos datos con hábitos alimentarios, los investigadores identificaron un patrón: cuanto mayor era el consumo de edulcorantes artificiales, más acelerado era el declive cognitivo observado a lo largo del tiempo.
Este tipo de estudio es llamado observacional longitudinal, lo que significa que sigue a las personas a lo largo del tiempo para identificar asociaciones entre el comportamiento y los resultados de salud.
Declive cognitivo más rápido no significa causa directa, pero levanta una alerta científica
Un punto fundamental para entender los resultados es la diferencia entre asociación y causalidad. El estudio no prueba que los edulcorantes artificiales causen pérdida de memoria o envejecimiento cerebral. Lo que muestra es que existe una relación estadística consistente entre un alto consumo y un peor rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo.
Esto significa que otros factores pueden estar involucrados, como el estilo de vida, la alimentación general, las condiciones de salud o el comportamiento.
Aun así, cuando un patrón aparece en una muestra grande y seguida durante años, se considera lo suficientemente relevante para una investigación más profunda.
Los edulcorantes artificiales ya estaban siendo estudiados por sus efectos metabólicos e intestinales
Incluso antes de este estudio, los edulcorantes artificiales ya estaban en el radar científico por otras razones. Investigaciones anteriores analizaron posibles efectos de estos compuestos sobre:
- metabolismo de la glucosa,
- respuesta insulínica,
- microbiota intestinal.
Algunos trabajos sugieren que ciertos edulcorantes pueden alterar el equilibrio de bacterias en el intestino, proceso conocido como disbiosis.
Como el intestino se comunica con el cerebro a través del eje intestino-cerebro, esta alteración comenzó a investigarse como un posible camino indirecto para impactos cognitivos.
La microbiota intestinal surge como una de las hipótesis para explicar los efectos en el cerebro
Una de las hipótesis más discutidas actualmente involucra la microbiota intestinal. El intestino alberga billones de microorganismos que participan en la producción de sustancias químicas importantes para el cuerpo, incluyendo neurotransmisores y compuestos inflamatorios.
Alteraciones en este ecosistema pueden influir en procesos como:
- inflamación sistémica,
- regulación del estado de ánimo,
- función cognitiva.
Si los edulcorantes artificiales modifican la microbiota de forma relevante, esto puede afectar indirectamente al cerebro. Sin embargo, este mecanismo aún está siendo investigado y no se considera concluyente.
La inflamación crónica de bajo grado también se señala como posible vínculo
Otro camino posible implica la inflamación. La ciencia ya reconoce que la inflamación crónica de bajo grado está asociada a diversas condiciones, incluyendo enfermedades cardiovasculares, diabetes y deterioro cognitivo.
Algunos estudios plantean la hipótesis de que ciertos patrones alimentarios, incluyendo el consumo elevado de ultraprocesados y edulcorantes, pueden contribuir a este tipo de inflamación.
Esta inflamación, a su vez, puede afectar el funcionamiento del cerebro a lo largo del tiempo.
El consumo de bebidas “cero” creció con la búsqueda de reducción de azúcar
El contexto del estudio también ayuda a entender su relevancia. En los últimos años, hubo un aumento significativo en el consumo de productos con edulcorantes artificiales, especialmente bebidas “cero azúcar”.
Este crecimiento está ligado al intento de reducir el consumo de azúcar, controlar el peso y disminuir el riesgo de enfermedades metabólicas.
Para muchos consumidores, el refresco cero pasó a ser visto como una elección más saludable. El estudio no invalida esta elección, pero muestra que puede no ser neutra desde el punto de vista científico.
Los resultados exigen cautela y no indican la necesidad de eliminar los edulcorantes inmediatamente
Los propios investigadores destacan que los resultados deben ser interpretados con cuidado. El estudio no recomienda que las personas dejen inmediatamente de consumir edulcorantes artificiales, ni afirma que estos productos sean peligrosos por sí solos.
El principal impacto es plantear una cuestión científica que aún necesita más investigación. Los ensayos clínicos controlados, que logran probar causa y efecto de forma más directa, aún son necesarios para confirmar estos hallazgos.
Otros factores de estilo de vida también influyen en la salud cognitiva
La salud del cerebro no depende de un único factor. Diversos elementos influyen en el riesgo de deterioro cognitivo, incluyendo:
- nivel de actividad física,
- calidad del sueño,
- alimentación general,
- control de enfermedades crónicas.
Por ello, analizar solo un componente aislado puede llevar a interpretaciones incompletas.
El debate científico tiende a crecer con nuevos estudios sobre alimentación y cerebro
El estudio publicado en Neurology forma parte de una tendencia mayor. La ciencia se ha volcado cada vez más en entender cómo la alimentación influye en el cerebro, yendo más allá del impacto tradicional en el peso y el metabolismo.

Este campo involucra áreas como:
- neurociencia,
- nutrición,
- microbiología,
- psiquiatría.
La idea de que lo que se come puede influir en la memoria, el estado de ánimo y la cognición está ganando fuerza, pero aún está en construcción científica.
El refresco cero deja de ser solo una elección alimentaria y entra en el debate sobre salud mental y cognitiva
El efecto principal de este tipo de estudio no es crear miedo inmediato, sino cambiar el tipo de pregunta que la gente se hace.
Antes, la discusión era: ¿azúcar o edulcorante? Ahora, pasa a incluir: ¿cuál es el impacto de estas elecciones a largo plazo para el cerebro? Este cambio amplía el debate y hace que el consumo sea más consciente.
Ahora la pregunta directa es: si las bebidas “cero azúcar” pueden estar asociadas a cambios en el cerebro a lo largo de los años, ¿hasta qué punto las elecciones consideradas saludables hoy pueden tener efectos que la ciencia aún está empezando a comprender?

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