Estimaciones apuntan a más de 200 mil jabalíes en Santa Catarina, con ataques que devastan cosechas enteras en pocas horas y causan perjuicios crecientes a los productores, mientras que líderes del agro presionan por medidas más eficaces de control.
La expansión de jabalíes en Santa Catarina encendió la alarma en el sector agropecuario.
Estimaciones citadas por la Federación de Agricultura y Ganadería del Estado (Faesc) apuntan a más de 200 mil animales en 236 municipios, con registros de cosechas enteras destruidas en pocas horas y perjuicios sucesivos a los productores.
En un artículo divulgado este lunes (1º), el presidente de Faesc y del Senar/SC, José Zeferino Pedrozo, afirmó que la situación “está casi fuera de control”, defendiendo acciones más rápidas y coordinadas de manejo.
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Impacto en las cosechas y avance territorial
Además del volumen, el desplazamiento de los animales agrava el cuadro.
En períodos de escasez de alimento en las áreas de refugio, las manadas migran a propiedades rurales de la sierra, del medio-oeste y del oeste catarinense.
Cosechas de maíz, frijol, soya, trigo y pastos, además de huertas e incluso crías de aves y cerdos, aparecen entre los objetivos más afectados.
En una sola noche, los productores reportan la pérdida de varios hectáreas, con huellas de suelo removido y plantas derribadas.
La región de Lages y el entorno del Parque Nacional de las Araucarias, en Ponte Serrada y Passos Maia, son citados por entidades y órganos ambientales como áreas de mayor concentración.
En el parque federal, que tiene 12.841 hectáreas, el jabalí encuentra refugio y, a medida que la oferta de alimento varía, avanza sobre áreas cultivadas en los alrededores.
El resultado son oleadas de ataques en municipios vecinos y dificultad creciente de respuesta en el campo.
Reproducción acelerada dificulta control
El desafío operacional nace, sobre todo, del potencial reproductivo.
En condiciones favorables, las hembras pueden tener hasta dos camadas por año, con camadas que varían en promedio de 6 a 10 lechones.
Esta dinámica sostiene el crecimiento de la población incluso con acciones frecuentes de control.
Entre 2019 y 2024, según Faesc, más de 120 mil animales fueron sacrificados en Santa Catarina.
Aun así, el contingente actual permanece elevado.
No se trata solo de pérdidas económicas.
Técnicos destacan riesgos a la seguridad de residentes y trabajadores rurales, debido al comportamiento agresivo de parte de los grupos cuando son acorralados, y preocupaciones sanitarias, por posibles enfermedades transmisibles a animales domésticos y a la fauna nativa.
Las ocurrencias se intensifican en períodos de siembra y pre-cosecha, cuando las cosechas ofrecen disponibilidad de alimento y cobertura.
Lo que dice la ley y quién puede manejar
El Estado reguló el tema a finales de 2023.
La Ley nº 18.817/2023 autoriza el control poblacional y el manejo sostenible del jabalí-europeo (Sus scrofa) en Santa Catarina, abarcando animales en vida libre y sus híbridos.
En la práctica, el control puede incluir persecución, captura y sacrificio, siempre que se cumplan las exigencias de los órganos competentes.
El decreto estatal que regula la norma detalla procedimientos y condicionantes para la ejecución de las acciones, como la necesidad de autorización del propietario del área y el uso de medios permitidos.
A nivel federal, el manejo de especies exóticas invasoras sigue los reglamentos del Ibama, que establece directrices, autorizaciones y sistemas de registro.
Para actuar en campo, se exigen autorizaciones específicas de manejo, con registro y documentación prevista.
La orientación es que las operaciones observen protocolos de seguridad, bienestar animal y trazabilidad, bajo supervisión ambiental.
Antecedentes: declaración de nocividad desde 2010
El enfrentamiento con el jabalí no es nuevo en el Estado.
En 2010, la Secretaría de Estado de Agricultura emitió una orden declarando al Sus scrofa como especie nociva a la agricultura catarinense y autorizando el sacrificio por tiempo indefinido, medida alineada con la normativa del Ibama sobre fauna sinantrópica nociva.
Desde entonces, el tema ha pasado por diferentes fases de coordinación y fiscalización, con variaciones en la intensidad de las acciones y en el apoyo a equipos en campo.
La actual legislación estatal buscó consolidar estas providencias en un marco más estable, permitiendo la integración entre órganos ambientales, fuerzas de seguridad y entidades del agro.
Aun así, relatos del interior indican que el volumen de animales supera la capacidad de respuesta en determinadas regiones, sobre todo cuando la siembra se extiende en grandes áreas contiguas.
Cuellos de botella operacionales en el día a día
Aunque el manejo es permitido, los productores rurales afirman enfrentar barreras prácticas.
La participación de agentes de manejo autorizados, con capacitación y documentación en regla, es requisito para las operaciones de campo.
El proceso incluye cumplimiento de reglas específicas, logística de equipos y, cuando sea necesario, apoyo de la Policía Militar Ambiental.
En la evaluación de líderes del sector, el número de equipos operativos sigue siendo insuficiente frente a la densidad de las manadas en varios municipios.
El artículo firmado por José Zeferino Pedrozo sostiene que, además de reforzar las frentes de manejo, es necesario ampliar la monitoreo y la coordinación regional para reducir pérdidas en las ventanas críticas del calendario agrícola.
Según él, medidas aisladas tienen un efecto limitado cuando la presión reproductiva permanece alta y hay tránsito constante de animales entre áreas de vegetación nativa y cosechas.
Dónde concentrar esfuerzos y por qué
Los expertos defienden, como prioridad, acciones continuas en zonas de borde entre remanentes forestales y propiedades con cultivos de mayor atracción, como maíz y soya.
La actuación en estas franjas tiende a reducir la frecuencia de incursiones y a mitigar el daño agregado por vara, sobre todo en períodos de sequía local, cuando el forraje en los ambientes naturales se vuelve más difícil.
Otro punto recurrente es la planificación previa a la cosecha, con diagnóstico de riesgo por municipio, autorización de manejo organizada con antelación y comunicación entre vecinos.
En áreas con antecedentes de ataques, la respuesta rápida ante los primeros signos de huellas y removimiento de suelo evita pérdidas exponenciales en la misma noche.
El refuerzo de equipos en fechas estratégicas del ciclo productivo, por su parte, aumenta la eficacia de las operaciones.
Lo que dicen las entidades del sector
La Faesc y el Senar/SC defienden la intensificación de los mutirones de manejo, ampliación de la formación de nuevos agentes autorizados y el intercambio de datos entre productores, municipalidades y órganos ambientales.
La entidad recuerda que el problema excede propiedades individuales y requiere coordinación territorial.
“La situación está casi fuera de control”, escribió Pedrozo, al reforzar que el ritmo de reproducción y la dispersión de los bandos exigen acciones continuas, con base legal y soporte técnico.
Mientras tanto, las comunidades rurales continúan registrando incidentes y pidiendo refuerzo operativo en las regiones más afectadas.
La expectativa es que, con el alineamiento entre legislación, fiscalización y campo, el Estado logre estabilizar la curva de daños y reducir la presión sobre las cosechas y crías.
Para usted, ¿qué prioridad debería venir primero: ampliar equipos de manejo, invertir en monitoreo integrado o reorganizar el calendario de acciones en las áreas más críticas?



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