En Agbogbloshie, en Accra (Ghana), hasta 250 mil toneladas de residuos electrónicos por año generan ingresos con cobre, pero exponen a los residentes a contaminación extrema y riesgos para la salud.
En Agbogbloshie, un distrito ubicado en la región central de Accra, capital de Ghana, África Occidental, existe uno de los casos más documentados de colapso ambiental urbano del siglo XXI. El lugar se ha convertido en símbolo global del problema de residuos electrónicos tras sucesivos estudios realizados por instituciones como Pure Earth (antiguo Blacksmith Institute), la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) y reportajes investigativos de BBC, The Guardian y Al Jazeera. Los datos más citados indican que hasta 250 mil toneladas de residuos electrónicos por año pasan por el área o por su cadena informal de reciclaje, cifra ampliamente divulgada en estudios publicados entre 2013 y 2020.
El período de consolidación del problema coincide con el aumento de la importación de equipos electrónicos usados proveniente principalmente de la Europa, Estados Unidos y Asia, intensificado a partir de los años 2000, cuando el desecho ilegal comenzó a ser enmascarado como “donación de equipos de segunda mano”.
La principal fuente institucional sobre el impacto ambiental del lugar es la Pure Earth, organización que ha incluido a Agbogbloshie repetidamente en sus informes anuales sobre los lugares más contaminados del mundo, además de investigaciones realizadas por universidades como la University of Ghana, la ETH Zurich y la UNU.
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Con 62 millones de toneladas de desechos electrónicos generados en solo un año y metales valorados en 91 mil millones de dólares escondidos dentro de teléfonos móviles, computadoras y cables desechados, refinerías especializadas están transformando chatarra digital en oro, cobre y tierras raras en una nueva forma de minería urbana.
Cómo Agbogbloshie se convirtió en un polo global de residuos electrónicos
Agbogbloshie no nació como un vertedero. Hasta la década de 1990, la región estaba ocupada por áreas inundadas cercanas a la laguna Korle y por comunidades de bajos ingresos. La transformación ocurrió cuando residuos electrónicos comenzaron a llegar en gran volumen al puerto de Tema, a aproximadamente 30 km de Accra. Parte de este material seguía a mercados formales, pero lo que no tenía valor comercial terminaba siendo dirigido a Agbogbloshie.
Según la UNU, una fracción significativa de los equipos importados ya llega inutilizable, a pesar de declararse como producto reutilizable. Televisores de tubo, computadoras antiguas, refrigeradores, impresoras y cables se acumulan en montones visibles a kilómetros de distancia.
El barrio pasó a funcionar como un enorme centro informal de desmantelamiento manual. Jóvenes y adultos utilizan herramientas rudimentarias —martillos, piedras y fuego abierto— para extraer cobre, aluminio y pequeñas cantidades de metales valiosos, como el oro presente en placas electrónicas.
El valor oculto en la basura: cobre, aluminio y metales raros
Lo que mantiene a Agbogbloshie activo no es la basura en sí, sino el valor económico de los metales. Según estudios de la UNU, una tonelada de placas electrónicas puede contener más oro que una tonelada de mineral extraído de minas convencionales.
El cobre, objetivo principal de la quema de cables, se vende diariamente en el mercado local y alimenta cadenas industriales informales.
Este comercio sustenta a miles de personas, muchas de ellas migrantes internos provenientes del norte de Ghana. Informes de la BBC estimaron que entre 4 mil y 6 mil trabajadores actúan directa o indirectamente en el lugar, sin contratos, sin equipos de protección y sin ningún tipo de control ambiental.
El humo invisible: lo que se libera en el aire, en el suelo y en el agua
El mayor problema de Agbogbloshie no es visual, sino químico. La quema de cables y carcazas plásticas libera una combinación altamente tóxica de sustancias, incluyendo dioxinas, furanos, plomo, mercurio, cadmio y hidrocarburos aromáticos policíclicos.
Investigaciones publicadas en la revista Science of the Total Environment identificaron niveles de plomo en el suelo decenas de veces superiores a los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Muestras de agua de la laguna Korle presentaron concentraciones elevadas de metales pesados, afectando ecosistemas acuáticos y comunidades vecinas.
La Pure Earth clasifica la contaminación de Agbogbloshie como un riesgo grave para la salud pública, principalmente para niños y jóvenes trabajadores, que son más vulnerables a la absorción de metales pesados por el organismo.
Impactos directos en la salud de la población local
Aunque no existe un número oficial único sobre la expectativa de vida en Agbogbloshie, estudios médicos llevados a cabo por la University of Ghana y por investigadores internacionales documentan problemas respiratorios crónicos, lesiones cutáneas, trastornos neurológicos y posibles impactos en el desarrollo cognitivo.
Analisis de sangre realizados en trabajadores revelaron niveles elevados de plomo y mercurio, asociados a dificultades motoras, fatiga extrema y riesgo aumentado de enfermedades cardiovasculares. La exposición constante ocurre sin ningún equipo de protección individual, lo que agrava la situación.
Intentos de intervención y los límites de las soluciones
Desde 2015, el gobierno de Ghana, en colaboración con la UNU y la Pure Earth, anunció planes para transformar a Agbogbloshie en un polo formal de reciclaje, con técnicas seguras y control ambiental. Algunas iniciativas piloto han sido implementadas, incluidos centros de desmantelamiento sin quema abierta.
No obstante, reportajes de la Reuters y de la BBC muestran que la escala del problema supera las soluciones implementadas. El flujo constante de residuos y la dependencia económica de la población local dificultan la erradicación del modelo informal.
Además, expertos de la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) señalan que el problema no se soluciona a nivel local: es consecuencia directa del modelo global de consumo y desecho, que traslada los costos ambientales a países en desarrollo.
Agbogbloshie como espejo del sistema global de residuos electrónicos
Agbogbloshie no es un caso aislado, sino un símbolo. Según la UNU, el mundo generó más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2019, y menos del 20% fue reciclado formalmente. El resto siguió a vertederos, exportaciones ilegales o circuitos informales como el de Accra.
Mientras los países ricos exportan el problema, comunidades como Agbogbloshie pagan el precio con salud, suelo contaminado y ciclos de pobreza difíciles de romper. El barrio se ha convertido en un retrato crudo del paradoja moderna: mil millones de dólares en metales reciclables coexistiendo con condiciones sanitarias extremas.




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