Giethoorn, una villa sin calles en Holanda, tiene canales, puentes y casas en islas donde los coches no entran y el transporte se realiza únicamente por barcos silenciosos.
A cerca de 120 kilómetros de Ámsterdam, en la provincia de Overijssel, existe una villa donde los coches simplemente no entran. No porque estén prohibidos, sino porque no hay infraestructura para ello. En la parte antigua de Giethoorn, las casas están distribuidas en pequeñas islas de tierra separadas por canales poco profundos, conectadas exclusivamente por puentes de madera y caminos para peatones. Según National Geographic, Wikipedia y el Atlas Obscura, los habitantes se desplazan únicamente en barco, bicicleta o a pie. Los barcos eléctricos, conocidos como “whisper boats”, reciben este nombre por ser extremadamente silenciosos. Hasta el servicio postal se realiza sobre el agua.
Con aproximadamente 3 mil habitantes, más de 6 kilómetros de canales y más de 180 puentes, Giethoorn presenta una configuración urbana singular, marcada por techos de paja y un paisaje que remite a escenarios medievales. Todo esto existe por un proceso que comenzó hace cerca de 800 años, cuando la explotación de turba moldeó completamente el territorio.
Origen de Giethoorn en la Edad Media involucra inundación histórica y descubrimiento de cuernos de cabra enterrados
El nombre Giethoorn aparece por primera vez en registros datados de 1225. El origen del nombre mezcla elementos históricos y relatos populares. Colonizadores que llegaron a la región encontraron diversos cuernos de cabra enterrados en el suelo, posiblemente restos de animales muertos durante la inundación de 1170, un evento que alteró significativamente la geografía de los Países Bajos.
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El lugar pasó a ser llamado “Geytenhorn”, que significa “cuerno de cabra” en holandés antiguo. Con el tiempo, el nombre evolucionó a Giethoorn.
Alrededor de 1230, grupos provenientes del Mediterráneo se establecieron en la región. Posteriormente, comunidades menonitas también ocuparon el área. La economía local se basaba en la cría de animales y, principalmente, en la extracción de turba — actividad que definiría toda la estructura de la villa.
La extracción de turba transformó el terreno y creó los canales que hoy definen Giethoorn
La turba, material orgánico utilizado históricamente como combustible, era extraída del suelo por los habitantes. Cada excavación generaba zanjas estrechas, que posteriormente eran ampliadas para permitir el transporte por barco.
Con el paso del tiempo, el agua de lluvia llenó estas zanjas, transformándolas en canales. Estos canales, a su vez, fragmentaron el terreno en pequeñas islas, separando las áreas habitables.
Este proceso ocurrió de forma totalmente no planificada. Lo que hoy parece un proyecto urbano sofisticado fue, en realidad, el resultado directo de la minería manual en un suelo anegado.
Los canales tienen, en promedio, cerca de un metro de profundidad, característica que limita el tipo de embarcación y mantiene el ambiente silencioso y controlado.
Las casas construidas en islas individuales transforman Giethoorn en una de las villas más inusuales de Europa
Una de las características más destacadas de Giethoorn es que prácticamente cada residencia está ubicada en su propia isla. El espacio alrededor de las casas está rodeado de agua, creando un sistema donde el desplazamiento requiere cruces por puentes o uso de embarcaciones.
En frente de las casas, pequeños muelles permiten el acceso directo a los barcos. En la parte trasera, jardines bien cuidados refuerzan la estética de la villa.
El paisaje está compuesto por flores, árboles como sauces llorones y canales que funcionan como vías principales. El ambiente es frecuentemente descrito como silencioso y visualmente armonioso, resultado de la ausencia total de vehículos motorizados convencionales.
Los whisper boats eléctricos garantizan movilidad silenciosa y sostienen el transporte en la villa
El principal medio de transporte en Giethoorn son los whisper boats, embarcaciones eléctricas que operan con niveles mínimos de ruido. Este sistema mantiene el silencio característico de la villa y preserva el ambiente natural.
Además de estos barcos, también se utilizan kayaks, canoas y embarcaciones tradicionales impulsadas manualmente.
La estructura de los canales permite navegación segura, pero restringe embarcaciones más grandes, garantizando un flujo controlado y compatible con el tamaño de la villa.
Servicios esenciales como correo y entregas se realizan exclusivamente por barco en Giethoorn
La ausencia de calles transforma completamente la logística local. El servicio postal se realiza por barco, con entregas hechas directamente en las islas residenciales.
Cambios, transporte de mercancías y abastecimiento también siguen esta lógica, exigiendo planificación específica para el desplazamiento acuático.
Para acceder a la villa en coche, los visitantes deben estacionar fuera del área central y continuar a pie o en barco. El acceso ferroviario hasta Steenwijk y posterior desplazamiento en autobús complementan la conexión con otras regiones.
La película Fanfare de 1958 reveló Giethoorn al mundo e impulsó el turismo internacional
Giethoorn permaneció relativamente desconocida hasta 1958, cuando el cineasta holandés Bert Haanstra filmó la comedia “Fanfare” en la villa. La producción presentó al público los paisajes locales y aumentó la visibilidad del destino.
Décadas después, la villa comenzó a recibir un flujo creciente de turistas internacionales, incluyendo una gran presencia de visitantes asiáticos.
En 2015, Giethoorn fue incluida en una edición especial del juego Monopoly, consolidando su reconocimiento global.
Museos y atracciones culturales refuerzan la historia de la minería de turba y la identidad local
A pesar de su tamaño reducido, Giethoorn cuenta con tres museos principales: El Olde Maat Uus presenta la vida de los antiguos trabajadores de la turba. El De Oude Aarde exhibe colecciones de minerales y fósiles. Por su parte, el Art Pottery Giethoorn Floramics funciona como taller de cerámica.
Todos son accesibles por barco o por el Binnenpad, el principal camino para peatones de la villa. Giethoorn está inserta en el Nationaal Park Weerribben-Wieden, una área de más de 10 mil hectáreas compuesta por pantanos, lagos, vegetación acuática y fauna diversa.
El parque representa el mismo ambiente natural que originó la turba explotada en la región y hoy funciona como área de conservación y turismo ecológico.
El intenso turismo crea desafíos y presiona el equilibrio entre preservación y visita
El aumento del turismo ha traído impactos significativos. Durante el verano, los canales se congestionan con embarcaciones alquiladas por visitantes sin experiencia.
Los caminos estrechos también sufren de sobrepoblación, generando conflictos con los residentes y problemas de privacidad.
Para minimizar estos efectos, se recomienda visitar la villa fuera de los horarios pico, especialmente a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Las construcciones de Giethoorn mantienen techos de paja, técnica tradicional que ofrece aislamiento térmico y larga durabilidad, variando entre 30 y 40 años.
Este elemento contribuye a la estética uniforme de la villa, reforzando su identidad histórica y visual.
Durante inviernos rigurosos, los canales se congelan y pasan a ser utilizados como pistas de patinaje. Este fenómeno altera completamente la dinámica de la villa, sustituyendo barcos por patines. La práctica es tradicional en los Países Bajos y refuerza el carácter cultural e histórico de la región.
Ahora queremos saber: ¿vivirías en una villa sin calles donde todo funciona sobre el agua?
Giethoorn representa un modelo urbano único, formado por procesos naturales y actividades humanas a lo largo de siglos.
La ausencia de coches, la dependencia de canales y la preservación histórica crean un ambiente que contrasta con las ciudades modernas.
¿Vivirías en un lugar donde no existen calles y toda la movilidad depende del agua?

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