La seguridad de grandes obras de infraestructura puede dar un salto con el nuevo sistema desarrollado por ingenieros. La tecnología utiliza sensores e inteligencia artificial para monitorear en tiempo real la integridad de puentes, carreteras y represas, permitiendo detectar riesgos antes de que se conviertan en desastres.
Cuando el puente Francis Scott Key se colapsó en Baltimore, en marzo de 2024, se encendió la alerta. Autoridades, ingenieros y especialistas de todo el mundo comenzaron a preguntarse: ¿cómo evitar la próxima tragedia? La respuesta puede estar en la combinación entre sensores baratos e inteligencia artificial.
Un sistema que escucha la estructura
Investigadores de la Michigan State University crearon un sistema inteligente llamado MIDAS — sigla para Mechanics-Informed Damage Assessment of Structure. La idea es simple, pero poderosa: usar sensores para “escuchar” estructuras como puentes, carreteras y represas. Si algo parece fuera de lo normal, la IA emite una alerta en tiempo real.
Es como un smartwatch, pero en lugar de medir pulsaciones, el MIDAS monitorea el “pulso” de grandes obras. Aprende cómo se comporta una estructura sana y empieza a reconocer señales tempranas de daño, incluso si son invisibles a simple vista.
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El cerebro del sistema
El diferencial del MIDAS está en su inteligencia artificial. A diferencia de sistemas que solo analizan datos, está entrenado con conocimiento mecánico.
Esto permite que identifique problemas más sutiles, aquellos que pasarían desapercibidos en otros análisis.
Según el profesor Nizar Lajnef, uno de los líderes del proyecto, la idea es crear un tipo de “electrocardiograma” para los puentes. Con esto, los ingenieros pueden saber exactamente dónde está el problema y cuán grave es, antes de que se torne peligroso.
¿Instalar y olvidar?
El sistema funciona en el modelo “implementar y olvidar”. Es decir, después de instalado, opera solo, monitoreando silenciosamente.
Si ocurre algo —un terremoto, un incendio, un impacto— el MIDAS revisa nuevamente la estructura y emite alertas inmediatas.
Esto permite que las reparaciones se hagan rápidamente, antes de que el daño evolucione hacia una tragedia. En el caso del puente en Baltimore, por ejemplo, la tecnología podría haber identificado fallas antes del accidente y permitido refuerzos en la estructura.
Infraestructura envejecida, presupuesto ajustado
Los Estados Unidos tienen más de 620.000 puentes. Muchos son antiguos y carecen de mantenimiento. Pero reconstruir todo cuesta caro. “Necesitamos una forma eficiente de decidir qué reparar primero”, explica Lajnef. Y ahí es donde entra el MIDAS.
Al priorizar los puntos más frágiles, el sistema ayuda a utilizar mejor los recursos públicos. Actúa como un tamiz, indicando dónde el riesgo es mayor y dónde la reparación es más urgente.
Brasil enfrenta desafíos significativos en el mantenimiento de sus puentes carreteros. Con un total de 113.168 puentes, solo 14.874 han sido inventariados, y 12.142 tienen registros de inspección.
De estos, 1.039 están clasificados en condiciones malas o críticas. Se estima que aproximadamente 42 mil puentes en el país tienen más de 50 años, exigiendo atención especial debido al desgaste natural y al aumento del tráfico.
La tragedia ocurrida en diciembre de 2024, con el colapso del puente Juscelino Kubitschek de Oliveira entre Tocantins y Maranhão, resultando en 14 muertes, evidenció la urgencia de acciones preventivas.
Más allá de la tecnología
La investigación también está formando nuevos profesionales. Los doctorandos Xuyang Li y Mahdi Masmoudi participaron directamente en el desarrollo y pruebas del MIDAS.
La idea es que esta nueva generación de especialistas lleve la tecnología aún más lejos.
Otro punto importante es la aplicación en situaciones de emergencia. En incendios como los que ocurrieron recientemente en Los Ángeles, el MIDAS podría evaluar el impacto en carreteras y edificios en tiempo real. Esto facilitaría evacuaciones rápidas y seguras.
“Escuchamos para que, cuando algo malo ocurra, estemos listos”, resume Lajnef. La propuesta del MIDAS no es prever el futuro, sino detectar los primeros signos de problema.
Con esto, evitar nuevos desastres puede dejar de ser una carrera contra el tiempo —y pasar a ser una respuesta planificada, precisa y más segura.
La investigación fue publicada en Nature Communications.

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