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Entre Ríos Atascados Y Nuevas Aceras, Una Fábrica Apuesta Por Ladrillos Que Llevan Lo Que Nadie Quiere Ver, Mezcla Plástico Multicapas, Arena Y Cemento, Y Prueba Límites De Resistencia Mientras El País Descubre Otro Destino Para Envases Desechables

Publicado el 27/02/2026 a las 23:43
tijolos da Rebricks em Jacarta usam plástico multicamadas e resíduos plásticos para pavimentação resistente, reduzindo lixo em rios e praias.
tijolos da Rebricks em Jacarta usam plástico multicamadas e resíduos plásticos para pavimentação resistente, reduzindo lixo em rios e praias.
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Fundada en 2019 por Sabrina y Nubi Tatan, Rebricks recoge sachets y embalajes multicapa que suelen ir a vertederos o incineradores, tritura todo en copos y moldea ladrillos de pavimentación con 20% de residuo, soportando 250 kg/cm² en parques, pistas y estacionamientos sin perder forma, adherencia y seguridad comprobada.

En Yakarta, los ladrillos dejaron de ser solo un producto de construcción para convertirse en una respuesta práctica a un problema que crece en silencio: la circulación diaria de envoltorios desechables que, por ser “demasiado complejos”, terminan acumulados en vertederos, incineradores o esparcidos por ríos y playas.

Rebricks nace precisamente en este roce entre consumo y descarte. Creada en 2019 por dos amigos, Sabrina y Nubi Tatan, la fábrica se propuso hacer algo específico: tomar envoltorios considerados “imposibles de reciclar” y transformarlos en ladrillos de pavimentación que se comporten como los convencionales en el uso diario.

Yakarta como punto de partida y punto de llegada

La operación ocurre en la capital indonesia, Yakarta, donde la presencia de residuos plásticos es visible en las rutinas urbanas: comida callejera, compras rápidas, artículos de higiene, todo embalado en porciones pequeñas, con mucho envoltorio y pocas posibilidades de retorno al ciclo productivo.

Fue allí donde los fundadores comenzaron de forma bastante directa, visitando puestos y comercios locales para recolectar desechables como sachets de café instantáneo, envases de fideos secos, paquetes variados y bolsas. La recolección no era un detalle logístico; era el corazón de la idea, porque el objetivo no era competir con el reciclaje “fácil”, sino atacar el residuo que suele sobrar.

Lo que hace que estos embalajes sean tan difíciles de reciclar

El foco de Rebricks recae sobre el plástico multicapa, ese material utilizado para embalar desde café y bocadillos hasta detergente, champú de uso único y jabón líquido. Estos paquetes vacíos no están hechos de un solo tipo de material: combinan capas de diferentes plásticos y, a menudo, papel de aluminio.

En la práctica, esto crea un conflicto industrial. Separar capas tan finas y diferentes exige procesos que casi nunca compensan, entonces el camino más común es el descarte: vertedero, incineración o fuga al medio ambiente. Lo “imposible de reciclar” aquí no es una hiperbole; es un atajo que el sistema toma cuando separar cuesta más que desechar.

Del saco vacío al copo: cómo el residuo se convierte en ladrillos

Antes de llegar a los ladrillos, hay una etapa que determina la consistencia del producto final: el plástico debe ser reducido y uniformado.

En Rebricks, esta basura plástica es primero descompuesta en copos minúsculos, lo que facilita mezclar un residuo irregular con materiales de construcción de comportamiento más predecible.

Luego, estos copos entran en la fórmula con cemento y arena, y el conjunto se moldea en bloques. Visualmente, pueden parecer ladrillos convencionales, pero el interior denuncia el origen: el ladrillo queda “punteado” de copos de plástico. El punto central es que esta presencia no es decorativa: es una fracción planeada del compuesto.

Cuánto plástico entra, cuánta fuerza sale: lo que los números indican

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Los bloques producidos llevan un dato muy objetivo: 20% del contenido es residuo plástico. Esta proporción no elimina la necesidad de cemento y arena, pero cambia el destino de un material que, de otro modo, seguiría a un descarte definitivo.

La resistencia informada también se conecta a una referencia local: los ladrillos soportan 250 kg por centímetro cuadrado, valor descrito como norma indonesia para ladrillos de pavimentación.

Esto ayuda a entender por qué la aplicación mencionada es el “suelo” urbano: estacionamientos, pavimentos, parques e incluso pistas de carrera, donde lo que importa es aguantar carga, fricción, tiempo y calor. La promesa técnica no es ligereza; es permanencia.

Escala, rutina y lo que aún se está probando

Hasta ahora, la empresa ya ha producido más de 100 mil ladrillos, un número que apunta a algo más que un prototipo. También hay una dimensión diaria en el flujo de entrada de material: gracias a una campaña viral en redes sociales, han comenzado a llegar envases de donantes de varias partes del país, y el residuo entra continuamente en la fábrica.

En “un día cualquiera”, la operación se describe como capaz de impedir que casi 88 mil piezas de embalajes plásticos terminen contaminando el ambiente.

Este tipo de dato suele ser el más difícil de visualizar, porque no aparece como una única montaña de basura: se esparce, desaparece en las alcantarillas, vuelve en la orilla del río y reaparece en el mar. Cuando la cuenta se convierte en “piezas por día”, el problema deja de ser abstracto.

Más allá del piso: ladrillos huecos y nuevas funciones en la construcción

Después de consolidar los ladrillos de pavimentación, Rebricks comenzó a explorar otra posibilidad: transformar residuos en ladrillos huecos, utilizados como elementos de construcción en revestimientos y paredes internas.

Esta etapa es relevante porque cambia el tipo de exigencia técnica. El pavimento exige resistencia y durabilidad bajo carga y fricción; las paredes internas y revestimientos exigen estabilidad dimensional, encaje, acabado y previsibilidad en el asentamiento.

La misma lógica de “sacar del descarte” permanece, pero el desafío pasa a ser atender usos diferentes sin perder rendimiento.

La historia de Rebricks es simple de resumir, pero difícil de ejecutar: dos amigos en Yakarta insistieron el tiempo suficiente para probar cerca de 100 métodos, rehacer prototipos y llegar a un proceso que desplaza el “basura imposible” a una pieza de uso urbano.

Y, en medio de este camino, los ladrillos se convierten en una forma de medir lo que la ciudad consume y lo que decide no ver.

Si esta idea llegara a tu región, ¿te sentirías cómodo caminando sobre pavimentos hechos con envoltorios de café, fideos y productos de higiene?

Y al mirar tu ciudad, ¿qué residuos “sin salida” crees que deberían ser prioridad: sachets, bolsas, envoltorios de snacks, u otro tipo que ves acumulándose todos los días?

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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