Estudio Climático Proyecta Belém Como Segundo Centro Urbano Más Caliente del Mundo Hasta 2050, Con 222 Días de Calor Extremo, Lluvias Concentradas, Inundaciones, Poca Arborización y Periferias Transformadas en Piscinas, Mientras COP30 Expone Desigualdad y Presiona al Poder Público por Justicia Ambiental y Adaptación Real en Belém y en Toda la Amazonía.
En diciembre, mientras videos grabados la noche del 25 de diciembre mostraban a familias del barrio de Terra Firme pasando la Navidad sacando agua de dentro de casa, Belém ya cargaba una marca alarmante. Un estudio de la ONG CarbonPlan, en colaboración con el periódico The Washington Post, proyecta que la capital de Pará será el segundo centro urbano más caliente del mundo hasta 2050, con hasta 222 días de calor extremo al año, después de años ya récord de temperatura en 2023 y 2024 y severas inundaciones registradas en 2023.
En la ciudad que ya sobrepasa 1,3 millones de habitantes, y supera los 2,2 millones si se consideran los municipios aledaños, el calor que muchos definen como “un calor que nunca sentimos antes” cambia rutinas, alarga la sequía, concentra tormentas, transforma calles en piscinas y destapa una injusticia ambiental que pesa más sobre periferias y islas ribereñas, justamente cuando Belém se prepara para recibir la COP30 y trata de probar que puede enfrentar su propio futuro climático.
Calor Diario, Lluvias Atrasadas y Ciudad Con Pocas Árboles
Durante décadas, la “lluvia de la tarde” organizaba la vida de la población. Compromisos eran programados antes o después del famoso “toró” entre las dos y media y las cuatro de la tarde. Los residentes cuentan que hace dos o tres años este reloj natural se rompió, con la lluvia llegando más tarde, en menos días y concentrada en episodios muy intensos.
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En lugar de la lluvia predecible, la regla pasó a ser el calor. Los residentes reportan que en 2024 la temporada de lluvias tardó en comenzar, con meses donde predominaban un sol fuerte y una sensación térmica cercana a los 40 grados. El paraguas, que antes servía para la lluvia, se convirtió en escudo contra el sol.
En las zonas menos arboladas, la incomodidad es aún mayor. A pesar de estar en el corazón de la Amazonía, Belém tiene un promedio de solo 2,5 metros cuadrados de cobertura vegetal por habitante, muy por debajo de los 9 a 12 recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Los árboles en la calle son raros en muchas comunidades y, en varios barrios, solo aparecen en los patios de las casas o en pequeños parques.
En el centro más arbolado, la científica social Vic Argôlo adaptó la rutina doméstica conectando dos ventiladores al mismo tiempo para crear una corriente de aire dentro de casa. Aun así, ella relata que, después de las nueve de la mañana, el calor sube rápidamente hasta el mediodía.
La chef de cocina Sheila Azevedo enfrenta el calor de las ollas y del fogón y, en casa, instaló ventiladores y aire acondicionado en varios ambientes para poder atravesar las tardes. La sensación es que la propia ciudad se convirtió en una estufa.
Cuando Hasta la Isla de Combu Siente el Calor Extremo
Al dejar el área urbana y seguir en barco hacia la zona ribereña, la promesa de alivio térmico ya no es la misma. Belém está formada también por decenas de islas, donde viven al menos 40 mil personas.
La isla de Combu, destino favorito de residentes y turistas los fines de semana, siente el cambio.
Los ribereños relatan que, especialmente en el último año, la temperatura subió tanto que las frutas llegaron a perder las flores y caer, perjudicando la producción.
Los residentes describen “una calidez desordenada” incluso rodeados de bosque y agua, algo que nunca habían experimentado.
Al mismo tiempo, el turismo de masas, que lleva bañistas a los ríos y a las piscinas de los restaurantes, ya comienza a presionar el ecosistema local.
Las liderazgos comunitarios diferencian el turismo que genera ingresos y respeta la isla de aquel que deja basura, irrespetando a los residentes y aumentando la presión ambiental sobre un territorio ya afectado por el calentamiento.
Selva en Adaptación Forzada: Andiroba, Cacao y Renta en Riesgo
En la isla de Combu, la Asociación de Mujeres Extrativistas reúne trabajadoras que tradicionalmente recolectan y benefician la semilla de andiroba, utilizada para producir aceite medicinal.
Ellas cuentan que la producción “era mucho más intensa” y cayó precisamente en el año en que el calor apretó y las lluvias se desorganizaron, impacto directo de los cambios climáticos que durante años se discutieron y que ahora se sienten en el día a día.
Ante la baja cosecha, las extrativistas se adaptaron. Pasaron a deshidratar hojas de cacao para producir envases ecológicos, agregando nuevas fuentes de ingresos desde la propia selva.
La creatividad femenina intenta compensar la pérdida, pero el mensaje es claro: la economía local, basada en recursos naturales, ya está en proceso de adaptación forzada.
Artisanos como Charles Teles, que viven del turismo de inmersión y de la artesanía, también notan el cambio.
Él relata que la temperatura subió tanto que los camarones desaparecieron del río hace aproximadamente dos años, dejando de ser una opción de pesca para consumo propio. Entre árboles e igarapés, la percepción es de un calor que genera casi desesperación.
Periferias que Se Convierten en Piscinas y la Cara Más Dura de la Injusticia Ambiental
Si incluso el centro arbolado y las islas sienten el cambio, la situación es aún más extrema donde predominan concreto, asfalto y poca vegetación.
En los barrios periféricos, el profesor Rodrigo Rafael, de la Universidad del Estado de Pará, habla de “injusticia ambiental”.
Son áreas marcadas por pobreza, criminalidad, bajo índice de cobertura vegetal y alta exposición a olas de calor, inundaciones y eventos climáticos extremos.
La Tierra Firme es un ejemplo de esta combinación explosiva. El barrio creció sobre áreas inundadas y, recientemente, recibió obras de saneamiento con asfaltado de vías y redes de alcantarillado.
Los residentes explican que la calle fue elevada, pero las casas quedaron al nivel más bajo, por debajo de la cota del asfalto. Con lluvias más intensas, las viviendas se transforman en verdaderas piscinas.
Videos grabados por Andrew Leal la noche del 25 de diciembre muestran a una familia pasando la Navidad sacando agua de dentro de casa. Pequeñas barreras improvisadas en la puerta no fueron suficientes para contener la inundación.
Las obras prometían reducir las inundaciones, pero crearon un nuevo problema estructural en plena periferia.
Además del agua que entra por el frente y por el baño, el calor extremo continúa dentro de las casas. En una residencia donde viven padre, madre, hermano y tía, solo dos ventiladores logran, con esfuerzo, refrescar los cuartos.
En días de sequía, la estrategia es acostarse directamente sobre el ladrillo, el piso más frío disponible. Pero ni siquiera el baño ofrece alivio total, ya que el sol golpea directamente en el baño y calienta el agua todo el día.
Belém Rumo al Segundo Centro Urbano Más Caliente del Mundo
Las señales acumuladas en Belém componen el escenario descrito por el estudio que coloca a la ciudad en el camino de convertirse en el segundo centro urbano más caliente del mundo hasta 2050.
La proyección indica hasta 222 días de calor extremo al año, con un riesgo real para la salud humana, ante cerca de 50 días de este tipo a inicios de los años 2000.
El climatólogo José Marengo, del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales, resume el cuadro al afirmar que “los extremos se están volviendo más extremos”.
La estación de lluvias comienza más tarde, la sequía se alarga y se calienta más, y los eventos de lluvia fuerte se concentran en pocos días, capaces de producir inundaciones como las registradas en diferentes regiones de Belém en 2023.
Modelos climáticos para 2050 apuntan al aumento de la temperatura, mayor número de días con olas de calor y reducción de la precipitación en la región este de la Amazonía.
Esto no significa ausencia de tormentas, sino menos días de lluvia distribuidos a lo largo del año y más episodios de lluvia intensa que provocan inundaciones. En ese escenario, una Belém impermeabilizada, con canales ocupados y poca arborización, se vuelve aún más vulnerable.
Canales, Cuencas y una Ciudad Impermeabilizada a las Prisas
Belém es frecuentemente comparada con una “Venezia amazónica”, cortada por ocho grandes cuencas y varios canales. En la práctica, sin embargo, muchos de estos cursos de agua han sido maltratados a lo largo de los años.
Tramos que deberían ser áreas verdes y de infiltración han sido pavimentados. El concreto se ha esparcido sobre márgenes que, en teoría, deberían ser vegetadas.
Gran parte de las obras recientes se concentra precisamente en canales y drenaje, en preparación para la Conferencia del Clima de la ONU, la COP30, que Belém albergará en noviembre.
El objetivo es hacer que la ciudad sea más resiliente, reduciendo inundaciones e impactos de lluvias concentradas. La Secretaría de Obras Públicas afirma que aún completará intervenciones y direccionará mejor el escurrimiento del agua en Tierra Firme y en otros barrios.
Los investigadores advierten, sin embargo, que no basta con abrir galerías y elevar calles sin pensar en las casas, en las áreas verdes y en los cuerpos de agua que aún resisten.
Una ciudad que impermeabiliza demasiado el suelo y reduce la vegetación pierde su capacidad de absorber lluvias fuertes y de mitigar el calor, lo que refuerza la trayectoria hacia el segundo centro urbano más caliente del mundo.
Carros, Bicicletas y la Desigualdad en la Movilidad
Otro elemento del problema climático de Belém está en el tránsito. Especialistas consultados por organizaciones locales señalan a los coches como los principales emisores de gases de efecto invernadero en la ciudad y en la región metropolitana.
Con transporte público precario, muchos residentes optan por vehículos particulares.
Belém tiene alrededor de 160 kilómetros de ciclovías, de acuerdo con las autoridades locales, pero los coches aún dominan las calles.
La bicicleta, que podría ser un aliado poderoso contra la crisis climática, enfrenta falta de infraestructura, inseguridad vial y calor extremo en las vías asfaltadas, factores que alejan a parte de la población.
La activista Ruth Costa, creadora del proyecto Pedala Mana, trabaja para estimular el empoderamiento femenino a través de la bicicleta en varios barrios de la región metropolitana.
Ella recuerda que la periferia, en Pará y en todo Brasil, es precisamente la que más usa la bicicleta en la vida cotidiana.
En su opinión, discutir la crisis climática sin pensar en movilidad activa, aceras estructuradas, ciclovías seguras y otras formas de desplazamiento no motorizado es una contradicción.
La Sociedad Civil Reacciona y Disputa el Futuro Climático de la Ciudad
Frente al calor extremo, las inundaciones y la desigualdad, movimientos de la sociedad civil se organizan para disputar el rumbo de la planificación climática de Belém.
En encuentros que reúnen colectivos, asociaciones y liderazgos, se discuten problemas y se presentan propuestas para políticas públicas que eviten el destino infernal proyectado hasta 2050.
La activista Waleska Queiroz, que integra los movimientos COP de las Bajadas y Observatorio de las Bajadas, actúa desde hace 15 años en la defensa del derecho a la ciudad y de la justicia climática para poblaciones vulnerables.
Ella recuerda que las periferias son “zonas de sacrificio”, marcadas por la falta de saneamiento, acceso al agua y derechos básicos, y que las desigualdades se agravan cuando se combinan con olas de calor, sequías y crecidas.
Según Waleska, la lucha de los territorios periféricos es por reconocimiento, indemnizaciones, mejora en los servicios públicos y participación real en la definición de políticas climáticas.
El desplazamiento diario de los residentes, muchas veces afectado por inundaciones, falta de transporte digno y largas distancias, es otro punto sensible en un contexto de calentamiento acelerado.
Plan Climático Hasta 2050 y la COP30 Como Prueba Decisiva
En finales de 2024, Belém aprobó un plan climático que va más allá de una única gestión municipal. El entonces coordinador del Fórum Climático de la ciudad y asesor especial de la COP30, Sérgio Brazão, destacó que se trata de un documento pensado para todos los alcaldes que administrarán Belém hasta 2050.
Entre las prioridades, está la lucha contra la injusticia climática en áreas de inundación, con foco en arborización e infraestructura adaptada.
El Fórum Municipal de Belém surgió de la presión directa de la sociedad civil y hoy reúne a residentes de periferias, quilombolas y pueblos indígenas para discutir temáticas climáticas y construir políticas enfocadas en la ciudad.
Es un espacio en el que comunidades históricamente excluidas ponen sus propias propuestas en la mesa de decisión, en lugar de reaccionar solo ante proyectos ya elaborados.
Los investigadores recuerdan que la resiliencia no es solo un decreto. Exige reducción de riesgos, mejora en la distribución de agua y alcantarillado, calidad de la vivienda y una verdadera revolución social y económica que coloque a las poblaciones vulnerables en el centro de la adaptación.
Tanto especialistas como activistas insisten en un punto: si las acciones humanas ayudaron a crear el problema, son las acciones humanas las que necesitarán construir la solución.
Belém, Amazonía y un Problema Que No Respeta Fronteras
A pesar de todas las iniciativas locales, el mensaje de los expertos es que no hay solución para Belém sin una solución internacional para la crisis climática.
Así como no hay salida aislada para la Amazonía, para Inglaterra o para Alemania. La atmósfera no respeta fronteras políticas, y lo que se emite en un país afecta el clima del otro.
Belém, sin embargo, es un símbolo incómodo de esta crisis global. Una gran ciudad amazónica, rodeada de ríos y selva, que puede convertirse en el segundo centro urbano más caliente del mundo en pocas décadas, mientras aún convive con saneamiento precario, calles que se convierten en ríos, casas que se convierten en piscinas y familias que enfrentan noches sofocantes con solo dos ventiladores.
A pocas semanas de la COP30, el futuro de la capital paraense será observado de cerca por quienes viven allí y por quienes siguen la emergencia climática en el mundo.
Y tú, en tu opinión, ¿cuál debería ser la prioridad absoluta hoy para evitar que Belém se confirme como el segundo centro urbano más caliente del mundo?


Governantes **** e incompetentes. Na maioria das cidades paraenses só colocam plantas ornamentais pequenas nas praças e canteiros centrais, quando colocam. Para piorar promovem o desmatamento em geral. Cortes de árvores nas cidades fora de controle.
Justiça ambiental? Kkkkkkkk