Una hamburguesa simple puede tener impactos mucho mayores que solo calóricos. Para los científicos británicos, reducir el consumo de carne y lácteos es una medida esencial para contener los cambios climáticos y garantizar la seguridad alimentaria en el futuro.
Comer una hamburguesa puede parecer un placer simple, pero, según un científico británico, puede tener un alto costo para el planeta.
Paul Behrens, profesor de la Universidad de Oxford e investigador de la British Academy, afirma que limitar el consumo de carne y lácteos es una de las acciones más importantes para frenar los impactos de los cambios climáticos.
Behrens recomienda que, para ayudar al medio ambiente, las personas deberían consumir solo una hamburguesa cada dos semanas.
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Para él, este ajuste en la dieta es una forma viable y eficiente de contener el avance del calentamiento global.
Dieta con menos carne, pero sin radicalismo
A pesar de la advertencia, el profesor asegura que su propuesta no exige que todos se vuelvan vegetarianos. La idea es reducir — no eliminar — el consumo de productos de origen animal.
“No es ni vegetariano, aunque incluya una cantidad razonable — y más saludable — de carne y lácteos”, afirmó.
Como ejemplo, sugiere que una persona aún puede consumir una hamburguesa cada quince días sin sobrepasar los límites aceptables para el medio ambiente.
La propuesta de Behrens se basa en datos que muestran cómo la producción de carne exige grandes áreas de tierra, consume muchos recursos naturales y genera elevadas emisiones de gases de efecto invernadero.
Cambio en la dieta puede liberar áreas del tamaño de Escocia
Lo más importante, según él, es que un cambio colectivo en el patrón alimentario podría generar efectos positivos concretos.
Él estima que adoptar una dieta rica en vegetales podría liberar un área de tierra casi del tamaño de Escocia, antes ocupada por actividades relacionadas con la cría de ganado y la producción de lácteos.
Esta área podría ser utilizada de forma más sostenible, inclusive para la plantación de árboles y cultivo de alimentos más accesibles, ayudando a estabilizar el sistema alimentario del país.
La crisis alimentaria ya afecta los precios en el Reino Unido
Behrens también destacó que los efectos de los cambios climáticos ya afectan directamente el bolsillo de la población.
De acuerdo con él, un tercio de los aumentos de precios de los alimentos registrados en el Reino Unido en 2023 fue causado por el impacto del clima en la producción agrícola.
Él alerta que, si no se hace nada, el aumento de precios puede repetirse año tras año, agravando el estrés en el sistema alimentario global. El riesgo es que esto lleve a colapsos en las cadenas de suministro, crisis sociales e incluso inestabilidad política.
Consenso científico y alternativas viables
“Esta trayectoria de aumentos en los precios de los alimentos causados por el clima — llevando a la agitación social y a la decadencia política — no es inevitable”, escribió Behrens.
El consenso entre los investigadores, según él, es que la mejor forma de evitar este escenario es aumentar la cantidad de vegetales en la dieta de la población y reducir la presencia de carne y lácteos.
Este cambio puede reducir considerablemente el impacto ambiental de la alimentación sin eliminar completamente los alimentos de origen animal.
Estudio muestra impacto directo de la carne en las emisiones
Además, un estudio anterior de la Universidad de Oxford refuerza esta idea. La investigación reveló que el consumo de solo 100 gramos de carne por día — menos que una hamburguesa — genera cuatro veces más gases de efecto invernadero que una dieta vegana.
El estudio analizó datos de más de 38 mil granjas en más de 100 países y concluyó que las dietas ricas en carne son las que más impactan negativamente el planeta, contribuyendo al cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Lo que irá al plato en el futuro
Desde la perspectiva de algunas empresas e investigadores, el menú del futuro podría incluir alimentos bastante diferentes.
Un informe de HelloFresh prevé que los británicos comenzarán a consumir platos como pasta de alga marina, espagueti de soja y ensalada de diente de león.
Estas comidas son pobres en lácteos y libres de carne, precisamente los ítems señalados como grandes emisores de gases como dióxido de carbono y metano.
Eliminar carne puede reducir emisiones globales en 68%
Un estudio publicado en 2022 fue aún más lejos. Según los investigadores, la eliminación total de la producción de carne en todo el mundo hasta 2037 podría cortar las emisiones globales de gases de efecto invernadero en un 68%.
El estudio utilizó simulaciones basadas en datos de la ONU y mostró que la ganadería es una de las principales fuentes de metano, óxido nitroso y carbono. Estos gases son liberados tanto por los animales como por las cadenas logísticas involucradas en la producción y transporte de carne.

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