Descubra cómo el gas natural licuado revolucionó el transporte de energía, impulsa la seguridad energética y se convierte en pieza clave en la transición hacia un futuro más sostenible.
El nacimiento del gas natural licuado
El gas natural licuado (GNL) tiene una historia que comenzó hace más de cien años. Investigadores en los Estados Unidos lograron licuar el gas natural por primera vez en 1917, según información de la American Gas Association.
No obstante, fue solo en 1964 que Argelia realizó las primeras exportaciones comerciales al Reino Unido, de acuerdo con la International Gas Union (IGU), marcando así un parteaguas en la industria energética.
Antes de este avance, el gas natural, compuesto principalmente por metano, necesitaba ser consumido cerca de los lugares de extracción, ya que el transporte por ductos a largas distancias era inviable, especialmente cuando involucraba océanos.
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Cuando los científicos descubrieron cómo enfriarlo a aproximadamente -162°C para transformarlo en líquido denso y compacto, el mercado de energía ganó una nueva dimensión, permitiendo, por lo tanto, su envío en buques especializados.
Con el tiempo, países como Japón, Corea del Sur y China se convirtieron en grandes consumidores del gas natural licuado, impulsando, así, una verdadera expansión global.
El GNL rápidamente se consolidó como una alternativa estratégica para garantizar seguridad energética en regiones con pocos recursos naturales.
La transformación de la matriz energética mundial

Desde el inicio de su uso comercial, el gas natural licuado ha ganado un espacio fundamental en la matriz energética mundial.
Según un informe de la International Energy Agency (IEA) publicado en 2022, el GNL representó alrededor del 13% del comercio global de energía.
Gobiernos y empresas empezaron a valorarlo principalmente por ofrecer una fuente de energía más limpia que el carbón y el petróleo, emitiendo, de esta forma, menos dióxido de carbono (CO₂) y contaminantes atmosféricos.
Además, con el fortalecimiento de las políticas ambientales y la búsqueda de transiciones energéticas más sostenibles, muchos países adoptaron el GNL como pieza clave para reducir emisiones y garantizar estabilidad en el suministro.
Dado que el transporte del GNL no depende de gasoductos terrestres, permite conexiones comerciales entre regiones distantes, rompiendo, por lo tanto, barreras geográficas y políticas.
Durante la crisis energética europea de 2022, provocada por la reducción en el suministro de gas ruso, el gas natural licuado destacó como solución emergente.
Según datos de la Agencia Internacional de Energía divulgados en diciembre de 2022, Europa importó volúmenes récord de GNL para evitar apagones.
El proceso de licuación y transporte del GNL

Transformar el gas natural en líquido implica un proceso sofisticado y crucial.
Primeramente, los operadores purifican el gas, eliminando agua, dióxido de carbono y compuestos de azufre.
Luego, ellos enfrían el gas hasta alcanzar temperaturas criogénicas, lo que reduce su volumen en aproximadamente 600 veces, tal como explica el informe técnico de Shell Global.
Esta alta densidad, por lo tanto, hace que el transporte sea viable en buques llamados metaneros, equipados con tanques especiales para mantener el GNL a temperaturas extremadamente bajas.
Una vez que llega a su destino, el GNL pasa por plantas de regasificación, donde los operadores recalientan el líquido y lo transforman nuevamente en gas.
De esta forma, puede ser distribuido a industrias, plantas termoeléctricas y redes de consumo residencial.
Todo este proceso — licuación, transporte y regasificación — exige infraestructura robusta y inversiones multimillonarias.
No obstante, asegura flexibilidad y seguridad en el suministro energético global, reforzando el papel estratégico del GNL.
El impacto del gas natural licuado en Brasil

Brasil, a pesar de sus vastas reservas de gas natural, apuesta fuertemente en el gas natural licuado para diversificar su matriz energética.
De acuerdo con los datos de la Empresa de Pesquisa Energética (EPE) de 2023, el número de terminales de regasificación operativos y en proyecto creció un 45% en los últimos cinco años.
En los últimos años, el país ha ampliado la instalación de terminales de regasificación en lugares estratégicos como Pecém (CE), Bahía (BA) y Río de Janeiro (RJ).
Estos terminales permiten, por lo tanto, la importación de GNL de diversas partes del mundo, fortaleciendo la seguridad energética brasileña, especialmente en períodos de sequía que impactan la generación hidroeléctrica.
Además, el GNL permite la rápida expansión de la generación termoeléctrica, aumentando la oferta de energía y reduciendo, así, los riesgos de apagones.
El uso creciente del gas natural licuado también contribuye a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, dado que sustituye combustibles más contaminantes, como el diesel en plantas térmicas.
De esta manera, el GNL actúa como un pilar importante en la transición energética brasileña, mientras fuentes renovables como la solar y eólica ganan espacio cada año.
Nuevas tendencias y desafíos para el gas natural licuado
El futuro del gas natural licuado promete ser aún más dinámico e innovador.
Según el World LNG Report 2023 de la International Gas Union, la capacidad global de licuación de GNL crecerá cerca del 20% hasta 2030.
La demanda global debe aumentar, impulsada por el desarrollo de tecnologías como el small-scale LNG, orientado a abastecer pequeñas regiones, el transporte por carretera y marítimo, y aplicaciones industriales descentralizadas.
A pesar del panorama optimista, el sector enfrenta algunos desafíos.
La volatilidad de los precios internacionales, las exigencias ambientales cada vez más rigurosas y los altos costos de infraestructura dificultan la expansión del GNL en algunos mercados.
Además, ambientalistas, como apunta la ONG Environmental Defense Fund, cuestionan si el GNL puede realmente ser una solución a largo plazo, ya que sigue siendo un combustible fósil.
Para mantener su competitividad y relevancia, empresas y gobiernos invierten intensamente en tecnologías de captura y almacenamiento de carbono.
Estas soluciones, tal como destaca la IEA, son esenciales para reducir las emisiones y garantizar un futuro sostenible para el sector de GNL.
El gas natural licuado se ha consolidado como un vector vital para la seguridad energética y la transición hacia matrices energéticas más limpias.
Su desarrollo histórico, desde los primeros experimentos hasta su actual presencia en todos los continentes, demuestra, sobre todo, la capacidad de la industria energética para reinventarse.
En Brasil, el GNL ya asume un papel estratégico, reforzando la seguridad energética y sirviendo de puente hacia un futuro de bajo carbono.
A pesar de los desafíos, el gas natural licuado sigue siendo una pieza fundamental en la construcción del futuro energético mundial.
Comprender hoy la importancia del GNL es entender, sin duda, los cimientos sobre los cuales el mundo entero pretende edificar una nueva era de energía más segura, accesible y limpia.


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