Estudio Revela Cómo Avance Chino Transformó Comercio, Inversiones y Tecnología en la Región y Empujó a Washington de Competencia Económica a Estrategia Coercitiva, Según Análisis del Investigador Francisco Urdinez
Entre gráficos, índices y teorías, el investigador Francisco Urdinez decidió buscar en el cielo una imagen para explicar un movimiento profundo ocurrido en América Latina en este siglo. Al comparar la ascensión de China en la región a un eclipse solar, sintetiza una transformación que, según sus estudios, alteró de forma estructural el equilibrio de fuerzas económicas en el continente.
La metáfora es simple, pero poderosa: a pesar de ser menor que el Sol, la Luna puede bloquear totalmente su luz porque está más cerca de la Tierra.
De la misma forma, China, aunque no tenga una economía más grande que la de Estados Unidos, se ha vuelto más presente e influyente en gran parte de América del Sur.
-
Cúpula global con más de 40 países presiona a Irán por el bloqueo en el Estrecho de Ormuz y alerta sobre el impacto directo en el petróleo, los alimentos y la economía mundial.
-
Rusia rompió el bloqueo marítimo de Estados Unidos para enviar petróleo a Cuba y ahora ya carga un segundo barco mientras Trump dice que «Cuba es la próxima» en una posible acción militar contra la isla.
-
España desafía a EE. UU. y cierra el espacio aéreo para operaciones contra Irán, elevando la tensión global y provocando una amenaza de ruptura comercial.
-
Mientras ningún otro país fabrica tanques en América Latina, Argentina activa el TAM 2C-A2 y plantea una curiosidad sobre el atraso tecnológico de la región.
El análisis forma parte de la investigación que dio origen al libro Desplazamiento Económico: China y el Fin de la Primacía de EE. UU. en América Latina, que aún no ha sido lanzado en Brasil.
En una entrevista a Folha, Urdinez detalla cómo se produjo este desplazamiento, cuándo ganó fuerza y cuáles son sus implicaciones para el futuro de la región.
La Metáfora del Eclipse y el Cambio de Eje
Para Urdinez, la comparación con el eclipse ayuda a visualizar un fenómeno complejo. China no “sustituyó” a Estados Unidos porque se volvió más poderosa en términos absolutos, sino porque comenzó a ocupar espacios que Washington dejó a lo largo de las últimas décadas.
Esta creciente proximidad económica ha hecho que los países latinoamericanos, especialmente los sudamericanos, miren más a Pekín que a Washington en lo que respecta a comercio, inversión y crédito.
Según la investigación, 10 de los 12 países de América del Sur hoy tienen a China como el país más influyente en sus economías.
En 2001, todos eran más cercanos a EE. UU. El cambio no ocurrió de la noche a la mañana, sino que se consolidó principalmente a lo largo de la segunda década de los años 2000.
Un Índice para Medir Influencia
Para demostrar este desplazamiento, el estudio creó una métrica propia, llamada Índice de Peso Económico.
El indicador agrega inversión, crédito, comercio y ayuda externa de EE. UU. y China en relación al PIB de los países latinoamericanos.
Con esta herramienta, fue posible identificar no solo cuál de las dos potencias tiene mayor importancia económica en cada país, sino también cuándo cambia esta relación.
Los datos muestran una tendencia clara: China avanza de forma constante desde el inicio del siglo, mientras que la presencia americana pierde impulso.
2001, un Punto de Partida Decisivo
Urdinez señala 2001 como un marco fundamental. Fue el año en que China ingresó a la Organización Mundial del Comercio.
A partir de allí, su integración a las cadenas globales se aceleró, impulsando exportaciones, inversiones y acuerdos.
El investigador, sin embargo, destaca 2016 como un momento clave. Antes del inicio de la guerra comercial en el primer gobierno de Trump, EE. UU. reconoció que China no había hecho, ni haría, las reformas prometidas para convertirse en una economía de mercado.
Este reconocimiento marcó una inflexión en la postura americana con respecto a las instituciones multilaterales creadas después de la Segunda Guerra Mundial.
El Error de Lectura Americano
Según Urdinez, hubo una lectura equivocada a principios del siglo. La creencia de que China sería moldeada al ingresar en la OMC resultó, en sus palabras, casi ingenua.
Mientras Washington apostaba por esta transformación, Pekín crecía y aprovechaba el espacio dejado por EE. UU. en varias regiones, incluida América Latina.
Este proceso no fue unilateral. Los países latinoamericanos también vieron en China un socio atractivo para atraer inversión y cooperación. Hubo, por tanto, una convergencia de intereses.
La Agencia Latinoamericana
Urdinez destaca que es un error ver a la región como pasiva. Brasil, por ejemplo, actuó de manera ágil y activa para atraer el mercado chino.
Soya, mineral de hierro y carne pasaron a ocupar un lugar central en las exportaciones hacia China.
Este movimiento creó vínculos económicos profundos, difíciles de deshacer. En muchos casos, no hay mercados alternativos capaces de absorber el volumen de lo que China compra.
Ideología en Segundo Plano
A pesar de la llamada “marea rosa”, con gobiernos de izquierda en América del Sur, Urdinez ve la ideología como un factor secundario en este alineamiento.
Lula es citado como un gran promotor de la relación bilateral con los chinos, pero sectores ligados a la derecha, como el agronegocio, también se beneficiaron ampliamente.
Al final, se trata de economía. Hoy no hay un inversor alternativo con la misma disposición para actuar en sectores como transición energética y tecnología de telecomunicaciones.
La Respuesta de Estados Unidos
La pérdida de influencia en la región aparece en el plan de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump, divulgado en diciembre de 2025, como un punto a ser revertido. Un mes después, EE. UU. capturó al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, ahora depuesto.
Para Urdinez, esta secuencia de eventos muestra que la respuesta americana migró de la competencia económica, que perdieron, a la intervención coercitiva.
Es un reconocimiento tácito de que Washington no puede cambiar el desplazamiento económico solo con ofertas de mercado.
La Silla Ya Ocupada
Recuperar la hegemonía basada en bienes, servicios, crédito y acceso a mercados se considera algo cada vez más difícil.
EE. UU. carece hoy de una infraestructura institucional para promover sus empresas en el exterior de la misma manera que lo hacía en el pasado.
Mientras tanto, Pekín ocupa la “silla” que quedó vacía. Cuando no es posible competir económicamente, el recurso más rápido pasa a ser la fuerza, área en la que EE. UU. todavía mantiene superioridad.
El Soft Power Aún Cuenta
A pesar de la contracción económica, los americanos aún tienen una gran ventaja de soft power en relación a China.
Son vistos como ejemplo de democracia liberal, ejercen influencia a través de la música, la comida, las instituciones y el sistema educativo.
Es un capital simbólico importante, pero que no garantiza la permanencia automática de la liderazgo.
Urdinez recuerda que las ventajas simbólicas pueden desgastarse si no son acompañadas por una presencia económica relevante.
Menos Fichas en la Región
Desde la perspectiva del investigador, EE. UU. han cambiado sus prioridades. Si antes tenían 100 fichas distribuidas por el mundo, siendo 20 en América Latina, hoy han dejado solo 3 o 4 en la región, dirigiendo las demás a mercados considerados más interesantes.
Este movimiento coincidió con la contracción americana tras el fin de la Guerra Fría y abrió espacio para la expansión china no solo en América Latina, sino también en África y en partes del sudeste asiático.
El Dilema del Equilibrio
Mantenerse ajeno a la disputa entre potencias tiende a ser cada vez más difícil. Hasta ahora, los países lograban combinar relaciones económicas con China y vínculos de seguridad con EE. UU. Este arreglo funcionaba porque la competencia era esencialmente económica.
Con Trump, el mensaje cambia: economía y lealtad política pasan a ir juntas. Washington exige alineamiento geopolítico y señala sanciones en caso de desviación.
Tecnología Como Campo Sensible
La competencia tecnológica se señala como uno de los puntos más delicados. 5G, inteligencia artificial y pagos digitales se están convirtiendo en arenas de disputa directa.
La campaña de EE. UU. contra Huawei ilustra cómo los países son presionados a elegir estándares técnicos.
Una vez adoptada la infraestructura de un lado, se vuelve difícil compatibilizarla con la del otro, creando una separación sistémica.
Un Futuro de Elecciones
El escenario que se dibuja recuerda a una Guerra Fría, pero centrada en el ámbito económico, no militar. La lógica del “amigo o enemigo” tiende a ganar espacio, reduciendo el margen de maniobra de los países latinoamericanos.
Como antecedente, la propia historia regional muestra que estrategias basadas en coerción tienden a generar un efecto reverso y pérdida de legitimidad simbólica.
Es en este terreno inestable que América Latina intenta redefinir su lugar en un mundo cada vez más dividido.
Con información de Folha de São Paulo.

Seja o primeiro a reagir!