Confirmado en 2026 por investigadores franceses, el posible mayor depósito de hidrógeno natural del mundo fue identificado en el subsuelo de Lorena, con estimaciones entre 34 millones y 46 millones de toneladas, tras perforaciones que llegaron a 3.600 metros y reavivaron el debate sobre energía, viabilidad industrial y riesgo ambiental en Europa
El mayor depósito de hidrógeno natural ya identificado podría estar en el subsuelo de Lorena, en el noreste de Francia, donde investigadores franceses confirmaron en 2026 la presencia de un reservorio estimado entre 34 millones y 46 millones de toneladas de H₂ puro. El descubrimiento, vinculado a la antigua cuenca carbonífera de la región, coloca el depósito de hidrógeno en el centro de las discusiones sobre nuevas fuentes de energía de baja emisión.
La confirmación fue realizada por un equipo vinculado al CNRS y a la Universidad de Lorena, a partir de estudios desarrollados en el proyecto Regalor, conducido entre 2018 y 2023 por la empresa La Française de l’Énergie, en colaboración con el laboratorio GeoRessources. Las mediciones y perforaciones exploratorias indicaron que el gas fue generado en el propio subsuelo por reacciones geoquímicas entre agua y minerales ricos en hierro.
El hallazgo surgió durante búsquedas de metano en antiguas capas carboníferas, pero los datos revelaron un aumento inesperado de hidrógeno disuelto en las aguas subterráneas a profundidad. A partir de este resultado, el proyecto comenzó a concentrar esfuerzos en confirmar la dimensión y la composición del reservorio identificado bajo la región.
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Qué es el depósito de hidrógeno blanco
El hidrógeno blanco, también llamado hidrógeno nativo, es el hidrógeno molecular encontrado naturalmente en la Tierra, formado por procesos geológicos. A diferencia del hidrógeno verde, obtenido por electrólisis, y del hidrógeno gris, producido con el uso de combustibles fósiles, se forma en el subsuelo sin necesidad de estos procesos industriales.
Este gas está compuesto por H₂ puro, a veces con trazas de nitrógeno o metano. Su potencial energético es elevado, ya que 1 kilo equivale a aproximadamente 33 kWh, lo que lo convierte en un vector relevante para el almacenamiento de energía y para su uso en turbinas o celdas de combustible.
La principal diferencia señalada para este tipo de recurso está en la etapa inicial de producción. Al ser extraído del subsuelo, el hidrógeno blanco no genera emisiones de CO₂ en su formación, aunque su viabilidad a escala comercial aún depende de pruebas, regulación y desarrollo de infraestructura específica.
Por qué Lorena reúne las condiciones para formar H₂
El depósito de hidrógeno fue localizado debajo de Lorena, en la región del Gran Este francés, dentro de la antigua cuenca carbonífera lorenesa, especialmente en el área de Mosela. Esta franja subterránea es rica en hierro, agua y minerales carbonatados, combinación considerada esencial para las reacciones químicas que producen el gas.
Los investigadores explican que, cuando estos componentes entran en contacto, ocurre una reacción de oxirreducción capaz de separar las moléculas de agua en oxígeno e hidrógeno. Jacques Pironon, de GeoRessources, afirmó que la tierra alrededor de Folschviller, en Mosela, es rica en estos compuestos y que el contacto entre ellos divide el agua en O₂ y H₂.
Este proceso fue descrito como una especie de fábrica natural continua de hidrógeno en el subsuelo. No se trata de geotermia ni de un proceso fósil, sino de una producción geoquímica directa en las rocas, sin generación de CO₂ en el origen.
El área no se limita al territorio francés. Las estimaciones indican que el reservorio se extiende también por Bélgica, Luxemburgo y Alemania, lo que amplía la relevancia geológica y energética del hallazgo a escala europea.
Cómo el proyecto identificó el reservorio
Las primeras mediciones decisivas fueron realizadas con la sonda SysMoG, desarrollada con la empresa Solexperts para medir gases disueltos en acuíferos profundos. El equipo, con 6 centímetros de diámetro, puede operar hasta aproximadamente 1.200 metros de profundidad.
Con esta tecnología, los investigadores registraron en 2022 alrededor del 1% de hidrógeno a 200 metros de profundidad. El índice subió al 6% a 800 metros y alcanzó el 15% a 1.100 metros, señalizando una progresión compatible con concentraciones aún mayores en niveles más profundos.
Modelaciones realizadas a partir de estos datos indicaron que, a 3.000 metros, la concentración podría superar el 90%. Con base en esta hipótesis, la reserva total pasó a ser estimada en hasta 46 millones de toneladas, valor superior a la mitad de la producción mundial actual de hidrógeno.
Para profundizar la investigación, la FDE instaló una plataforma de 41 metros en Pontpierre, en Mosela, y comenzó perforaciones exploratorias entre 2025 y 2026. El plan preveía alcanzar 2.600 metros inicialmente y llegar a 4.000 metros a lo largo de 2026.
En marzo de 2026, el pozo ya había alcanzado los 3.600 metros, convirtiéndose en el más profundo del mundo hasta ese momento. Durante la perforación, surgieron burbujas de gas identificadas como hidrógeno, y se recogieron muestras para análisis.
La FDE anunció haber medido un 15% de H₂ a 1.093 metros y proyectó hasta un 98% a 3.000 metros. A lo largo de las etapas, el equipo comenzó a registrar presión, permeabilidad y otros parámetros geológicos para refinar los modelos sobre extensión y comportamiento del reservorio.
Escala energética y límites del potencial estimado
Las estimaciones sobre el tamaño del depósito de hidrógeno varían según la fuente y el método de cálculo. En 2023, el CNRS, dentro del proyecto Regalor, trabajó inicialmente con un volumen de alrededor de 34 millones de toneladas para el conjunto del reservorio lorenés.
Analyses más recientes elevaron esta proyección a 46 millones de toneladas. En términos energéticos, este volumen correspondería a aproximadamente 1.500 TWh, o alrededor de 132 Mtep, cantidad descrita como suficiente para cubrir un año de demanda europea de energía a gran escala.
Aun así, el potencial del depósito no elimina la necesidad de otras rutas de producción. El volumen estimado es comparable al consumo europeo proyectado de hidrógeno verde, en torno a 20 millones de toneladas por año hasta 2030, lo que indica un papel complementario, y no sustituto, dentro de la estrategia energética del continente.
Hoy, la mayor parte del hidrógeno producido en el mundo aún proviene de combustibles fósiles. En 2023, se generaron 97 millones de toneladas por este camino, con emisión de alrededor de 920 millones de toneladas de CO₂ por año.
En este escenario, la confirmación de un gran depósito de hidrógeno blanco puede ampliar la autonomía energética de Francia y de la Unión Europea en relación con el gas natural importado. El reservorio también podría abastecer el gasoducto transfronterizo MosaHYc, previsto a partir de 2026, como complemento a las metas europeas para el hidrógeno.
Desafíos técnicos, ambientales y económicos
El paso del descubrimiento geológico a una operación industrial aún se considera largo y costoso. La extracción exige perforaciones entre 3 y 4 kilómetros de profundidad, con uso de ingeniería avanzada y equipos adaptados a un gas altamente difusivo e inflamable.
Pozos, tuberías y compresores necesitarían ser preparados para reducir riesgos de fuga y explosión. Ya ha habido informes de emisión de burbujas de hidrógeno en la superficie durante las perforaciones, y, aunque existe uso de este gas para generación de electricidad en Mali, aún no hay experiencia equivalente a gran escala en la Unión Europea.
El aspecto ambiental aparece como otro punto sensible. En la propia Lorena, la concesión de gas Bleue Lorraine fue anulada en 2025 por el Consejo de Estado francés debido al alto riesgo de contaminación de acuíferos, lo que refuerza la preocupación por la protección del agua subterránea en proyectos de perforación profunda.
En el campo económico, el proyecto aún está rodeado más por incertidumbres que por valores consolidados. La investigación ya exige inversiones elevadas en sondas especializadas, perforación profunda y desarrollo de métodos para cuantificar y probar la extracción del recurso.
La FDE moviliza capital privado y subsidios para sostener la nueva fase del trabajo. El programa REGALOR II, previsto para 2024 a 2027, debe medir con más precisión los recursos disponibles y desarrollar prototipos de extracción.
La expectativa es que, al final de la década de 2020, sea posible saber si el depósito de hidrógeno puede sostener un proyecto piloto viable. Si esto se confirma, una exploración comercial a gran escala solo debería comenzar en la década de 2030, dada la complejidad técnica, ambiental y regulatoria involucrada.
Por ahora, el mayor depósito de hidrógeno ya identificado permanece como una promesa de gran impacto energético, pero aún distante de convertirse en una realidad industrial inmediata.

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