Decisión de Japón sobre la Usina Kashiwazaki refuerza la energía nuclear como pilar de la transición energética nacional.
El gobierno de Japón autorizó, esta semana, la reanudación de las operaciones de energía nuclear en la Usina Kashiwazaki, la más grande del mundo, tras más de diez años de paralización causada por el desastre de Fukushima.
La decisión, aprobada por la asamblea de la provincia de Niigata, permite que la concesionaria TEPCO reactive uno de los reactores aún en enero, como parte de la transición energética de Japón, que busca reducir la dependencia de combustibles fósiles caros y altamente contaminantes.
La medida ocurre en un momento estratégico para el país, que enfrenta altos costos con la importación de energía, aumento de la demanda eléctrica y presión internacional para reducir las emisiones de carbono.
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Fukushima marcó un antes y un después en la política energética de Japón: tras el desastre, el país apagó sus 54 reactores nucleares y, 15 años después, solo una pequeña parte volvió a operar.
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Reanudación de la usina marca cambio en la política energética japonesa
La aprobación del proyecto de ley por la asamblea local de Niigata representa un paso decisivo en la reintroducción de la energía nuclear en la matriz energética japonesa.
La Usina Kashiwazaki, ubicada en la costa del Mar de Japón, ha estado totalmente inactiva desde 2011, cuando el terremoto y tsunami que afectaron al país llevaron al colapso de la usina de Fukushima Daiichi.
Con la decisión, la TEPCO planea reactivar el reactor número 6 alrededor del 20 de enero, según información de la emisora pública NHK.
Se trata de la primera reapertura de un reactor bajo la gestión de la empresa desde el desastre de Fukushima, lo que hace que el movimiento sea aún más sensible desde el punto de vista político y social.
Impactos del desastre de Fukushima aún moldean decisiones
El desastre de Fukushima, ocurrido en marzo de 2011, fue considerado el peor accidente nuclear desde Chernobyl, en 1986.
En ese momento, Japón apagó todos sus 54 reactores nucleares, incluida la Usina Kashiwazaki, ubicada a aproximadamente 320 kilómetros de Tokio, en la isla de Honshu.
Desde entonces, el país ha reiniciado solo 14 de los 33 reactores considerados técnicamente operativos, según la Asociación Nuclear Mundial.
La reanudación gradual refleja una postura cautelosa, influenciada tanto por requisitos regulatorios más estrictos como por el trauma colectivo dejado por el accidente.
TEPCO promete seguridad reforzada y aprendizaje con Fukushima
Responsable de la operación de la usina, la Tokyo Electric Power Company ha intensificado esfuerzos para recuperar la confianza de la población local.
En un comunicado, la empresa afirma que la Usina Kashiwazaki ha pasado por diversas inspecciones técnicas, además de mejoras estructurales significativas.
“Continuamos firmemente comprometidos a nunca repetir tal accidente y garantizar que los residentes de Niigata nunca pasen por algo similar”, dijo el portavoz de TEPCO, Masakatsu Takata, a Reuters.
Según la compañía, se han instalado nuevos muros de contención y puertas estancas para reforzar la protección contra tsunamis.
Además, la planta ha comenzado a contar con generadores móviles, más camiones de bomberos y sistemas de filtración actualizados para contener la liberación de materiales radiactivos en situaciones de emergencia.
Dependencia de combustibles fósiles presiona economía
Antes del desastre de Fukushima, la energía nuclear respondía por cerca del 30% de la electricidad generada en Japón. Con el apagado de las usinas, el país ha pasado a depender fuertemente de combustibles fósiles importados, como carbón y gas natural.
Actualmente, entre el 60% y el 70% de la electricidad japonesa proviene de estas fuentes, lo que ha generado un costo de aproximadamente 10,7 billones de yenes.
Este escenario ha elevado tarifas, presionado la inflación y ampliado el déficit comercial.
Transición energética y metas climáticas entran en el cálculo
El país es el quinto mayor emisor de dióxido de carbono del mundo, solo detrás de China, Estados Unidos, India y Rusia.
A pesar de invertir en fuentes renovables, como solar y eólica, el gobierno reconoce limitaciones geográficas y de escala.
La demanda de energía debe crecer aún más con la expansión de centros de datos y la infraestructura de inteligencia artificial.
Resistencia local permanece fuerte en Niigata
A pesar de las garantías técnicas, el temor de la población local sigue siendo evidente.
Una encuesta divulgada por la prefectura de Niigata en octubre mostró que el 60% de los residentes creen que las condiciones para la reanudación de la Usina Kashiwazaki aún no se han cumplido plenamente.
Casi el 70% mostraron preocupación específica con la actuación de TEPCO.
“Sabemos de primera mano el riesgo de un accidente nuclear y no podemos descartarlo”, dijo Ayako Oga, de 52 años, a Reuters.
Entonces, se mudó a Niigata después de huir de la zona de exclusión de Fukushima y afirma seguir sufriendo síntomas similares al estrés postraumático.
Decisión señala nuevo capítulo para la energía nuclear en Japón
Al autorizar la reanudación de la Usina Kashiwazaki, Japón envía una señal clara de que pretende reequilibrar su matriz energética.
Aunque el peso del desastre de Fukushima aún influye en el debate público, la combinación de altos costos.
Así, la reapertura del reactor 6 podría servir como prueba decisiva para el futuro del sector nuclear japonés y para la credibilidad de TEPCO.

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