El portaaviones «Kitty Hawk», uno de los últimos gigantes movidos a combustible fósil de la Marina de EE. UU., fue vendido por apenas un centavo y llevado a Texas para ser desmantelado, cerrando una era de servicio militar que abarcó conflictos globales, desde la Guerra de Vietnam hasta Irak.
El «Kitty Hawk», uno de los últimos portaaviones movidos a combustible fósil de la Marina de los Estados Unidos, cierra su viaje histórico con una venta simbólica. Vendido por apenas un centavo de dólar, este coloso del mar fue al astillero en Texas, destinado a ser desmantelado y vendido como chatarra.
La transacción, vista como la ganga de la década, sorprendió tanto a admiradores del poderoso barco como a políticos estadounidenses. El precio de venta contrasta drásticamente con su costo original de 264 millones de dólares en los años 60, equivalente a casi 3 mil millones de reales hoy.
¿Dónde operó el portaaviones Kitty Hawk?
El «Kitty Hawk», que sirvió valientemente en la Guerra de Vietnam e Irak, fue retirado en 2009 tras casi 50 años de servicio. Su viaje final es una operación colosal de 30 mil kilómetros, contorneando América del Sur hasta Texas. Sin motores ni equipos, es remolcado lentamente por cuatro remolcadores, un viaje marcado por paradas técnicas y ajustes. El destino del «Kitty Hawk» simboliza la transformación de un instrumento de poder militar en metal reciclable, mientras plantea preguntas sobre la economía y la practicidad de mantener tales gigantes del mar. Estados Unidos, en su momento, también trató de vender unidades navales a Brasil, lee el artículo completo.
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Propulsión y capacidad: combustible fósil vs. nuclear
Los portaaviones movidos a combustible fósil, como el USS Kitty Hawk, operan con un sistema de propulsión que depende de abastecimientos frecuentes de combustible, lo que puede limitar su autonomía y capacidad de permanecer en operación continua en el mar. Esta limitación contrasta con la de los portaaviones nucleares, que, como los de la clase Nimitz, utilizan reactores nucleares. Estos reactores garantizan una autonomía casi ilimitada sin necesidad de reabastecimiento durante dos décadas, ofreciendo mayor capacidad operacional y espacio adicional para aviones y armamentos, debido al ahorro de espacio que se destinaría al combustible.
El pionerismo del portaaviones nuclear

La historia de los portaaviones nucleares comenzó con el USS Enterprise (CVN-65), lanzado en 1961, revolucionando la estrategia naval con su propulsión nuclear que permitía una operación extensa sin reabastecimiento. Seguido por la clase Nimitz, estos gigantes de los mares representan el apogeo de la tecnología naval, con capacidades superiores en autonomía, velocidad y potencial ofensivo. La transición a la propulsión nuclear permitió una proyección de fuerza más sostenible y eficiente en términos globales, solidificando la dominancia naval de los Estados Unidos.
Estas diferencias evidencian no solo avances tecnológicos, sino también cambios en la estrategia militar marítima, donde portaaviones como el «Kitty Hawk» representan un legado de una era anterior, contrastando con la modernidad y la eficiencia de los colosos nucleares que dominan los mares hoy.


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