El LARC-V es uno de esos proyectos que surgen en medio de la Guerra Fría, brillan en el calor del combate y, décadas después, siguen siendo útiles en escenarios civiles y militares.
Concebido en los Estados Unidos en los años 1950, tenía que hacer algo que ningún camión ni barco puro podía: salir de la playa ya cargado, avanzar por las olas y entregar suministros directamente en el frente.

El resultado fue un “camión-barco” de aluminio capaz de llevar cinco toneladas donde quiera que hubiera barro, arena o agua en el camino.
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En el Vietnã, el gran anfibio se convirtió en una pieza clave de la logística estadounidense, y parte de él quedó allí mismo, hundido para no caer en manos enemigas cuando las fuerzas de EE.UU. se retiraron en 1975. Aun así, cientos sobrevivieron.
Algunos recibieron una modernización profunda en el programa SLEP de la Marina de los Estados Unidos, otros recorrieron el mundo sirviendo en ejércitos aliados y muchos se retiraron como atracciones turísticas en lagos glaciares o puertos históricos.
Hoy, el LARC-V es recordado como un ícono de versatilidad: lleva contenedores, tropas o visitantes en busca de aventura. Entender su historia, su mecánica y sus reencarnaciones ayuda a explicar por qué sigue despertando la curiosidad de entusiastas, desde modelistas hasta ingenieros navales.
Origen y Bautismo de Fuego
El proyecto, iniciado en 1952, partió de la sigla LARC (Lighter, Amphibious, Resupply, Cargo). La “V” indicaba la versión capaz de mover hasta 5 toneladas en cualquier terreno. Entró oficialmente en servicio en 1963, en el auge de la escalada estadounidense en el Sudeste Asiático.
En Vietnã, dos compañías, la 344th y la 347th Transportation, desembarcaron 34 vehículos en Da Nang y Cam Ranh Bay. La misión era simple y vital: descargar barcos anclados, cruzar la rompiente y descargar bombas, municiones y combustible directamente en la línea de vuelo de la USAF. Operaban las 24 horas del día; si menos de 15 unidades estaban aptas, piezas de repuesto volaban de emergencia desde EE.UU.
La robustez impresionaba. De los casi 1 000 LARC-V construidos, alrededor de la mitad se perdió en el conflicto, gran parte hundida deliberadamente para evitar captura. Sin embargo, el vehículo selló su reputación de “tanque flotante” que no necesitaba puerto ni muelle para entregar carga.
Después del cese del fuego, el LARC-V demostró utilidad en tareas de paz: reconstrucción de puentes, apoyo a comunidades ribereñas y transporte de personal en bases costeras. Fue esta versatilidad la que convenció a otras naciones a solicitar el anfibio.
Ingeniería y Desempeño
Construido en aluminio naval, el casco mide 11 m de largo, 3 m de ancho y poco más de 3 m de altura. Vacío, pesa 8,6 t; cargado, soporta 5 t adicionales o 20 pasajeros además de los tres tripulantes.
El motor original era un Cummins V8 de 300 hp acoplado a transmisión mecánica. En suelo firme, el 4×4 alcanzaba 48 km/h; en el agua, impulsado por una hélice central, navegaba a 15 km/h. Tanques de 144 galones proporcionaban una autonomía de hasta 539 km en tierra y 110 millas náuticas en el mar.
La mecánica simple facilitaba el mantenimiento en el campo. En lugar de una suspensión compleja, el LARC-V confiaba en neumáticos gigantes de baja presión, que aislaban el casco de impactos y además garantizaban flotación extra.
Otra ventaja era la capacidad de vencer rampas de 60% de inclinación, algo valioso en playas empinadas o márgenes de ríos erosionados. Por todo esto, el vehículo se convirtió en un “comodín” logístico en operaciones conjuntas del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea.
Del Vietnã al SLEP: la Gran Reforma

Cuarenta años después de su debut, la Marina de EE.UU. lanzó el Service Life Extension Program (SLEP) para mantener al LARC-V relevante en el siglo XXI. El corazón de la reforma es el motor John Deere turbo de 375 hp conectado a una transmisión hidráulica, más suave y potente que la antigua caja mecánica.
La actualización duplicó el “bollard pull” en el agua a 7600 lb y elevó la capacidad de remolque en tierra a 29000 lb. Los sistemas eléctricos fueron digitalizados, la cabina recibió nuevos paneles y la ergonomía mejoró. De las casi 200 unidades aún en manos norteamericanas, 42 ya han pasado por el SLEP y trabajan en Beach Master Units, Construction Teams y barcos de preposicionamiento.
Bollard Pull en español se conoce como tracción estática, es la fuerza de tracción que un remolcador o un barco puede ejercer cuando está amarrado a un poste (bollard) sin moverse.
Lo más curioso es que, a pesar de su apariencia casi inalterada, el “nuevo” LARC-V opera como tractor portuario, remolcador costero y plataforma de buceo, un currículum que ningún camión-tractor convencional acumula.
Operadores y Usos Actuales
Además de los Estados Unidos, Australia, Argentina, Portugal, Filipinas y Singapur aún mantienen flotas activas. Los australianos llevaron LARC-V a misiones de apoyo en la Antártida, abasteciendo bases en la isla Macquarie a través de playas difíciles.
En el desastre de las inundaciones de Queensland, en 2011, dos ejemplares fueron transportados en C-17 para actuar como taxis anfibios entre áreas urbanas inundadas. La habilidad de subir aceras, cruzar corrientes y deslizarse por calles sumergidas hizo la diferencia en los rescates.
En el mundo civil, alrededor de 100 vehículos se convirtieron en atracciones turísticas. Es el caso de los paseos en el lago glacial Jökulsárlón, en Islandia, y de los “duck tours” de Halifax, en Canadá, donde el LARC-V se desliza de la calle al puerto sin cambiar de marcha.
La supervivencia comercial no es mero folklore. El casco de aluminio resiste la corrosión, las piezas provienen de motores industriales y la manejabilidad recuerda a la de un tractor, lo que abarata la habilitación de conductores.
Modelismo y Cultura Pop
Para quienes prefieren escalar 1/35, Gecko Models lanzó un kit elogiado por especialistas. El casco viene en pieza única, los neumáticos están moldeados “con peso” y hay photo-etch para espejos, limpiaparabrisas y soportes de cuerda.
El manual incluye tres pinturas: dos patrones verde oliva de Da Nang, 1965, y un LARC-V argentino de Malvinas, 1982. Modelistas ya informan que, si se sella bien el casco, la miniatura realmente flota en el fregadero — una hazaña poco común en blindados de plástico.
El éxito del kit reavivó el interés en dioramas de playa, con figuras descargando cajas de municiones sobre cintas mojadas. Hay quienes esperan que las buenas ventas animen a la marca a producir al hermano mayor, el LARC-LX, de 60 t.
Mientras tanto, el LARC-V asegura su lugar en la cultura pop. Aparece en videos turísticos, tiene cameos en series sobre guerra y moviliza comunidades de restauración, siempre listo para mostrar que, a veces, el transporte más eficiente es aquel que ignora la línea entre tierra y mar.


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