Un Sistema Revolucionario Transmite Energía por Láser a 8,6 km de Distancia y Puede Alimentar Drones y Ciudades Enteras Sin Usar Cables o Combustibles
En medio del desierto de Nevada, en Estados Unidos, un experimento silencioso marcó un paso decisivo hacia un futuro en el que la electricidad puede viajar por el aire, sin necesidad de cables, torres de alta tensión o combustibles fósiles. Durante solo 30 segundos, más de 800 watts de energía eléctrica fueron enviados a una distancia de 8,6 kilómetros mediante un haz de láser, rompiendo el récord mundial anterior con holgura de 248%. La iniciativa, liderada por la DARPA — la agencia de investigación del Departamento de Defensa de los EE. UU. —, no solo revive la visión centenaria de Nikola Tesla, sino que también proyecta una nueva lógica para la distribución global de energía.
La demostración forma parte del programa POWER, sigla en inglés para Transmisión Óptica Persistente de Energía Sin Cables, y trajo a la luz un escenario que hasta poco tiempo parecía exclusivo de la ciencia ficción: una red eléctrica sin infraestructura física, capaz de alimentar equipos, vehículos e incluso ciudades enteras con precisión quirúrgica y movilidad total.
La prueba de concepto ocurrió entre dos colinas remotas, y el éxito de la prueba no radica solo en la distancia, sino en la estabilidad y control de la operación. El receptor, de dimensiones similares a una mesa de oficina, fue desarrollado en solo tres meses por la startup Teravec Technologies, con apoyo técnico de Packet Digital y del Instituto de Tecnología de Rochester. Su funcionamiento se basa en un espejo parabólico que redirige el láser hacia células solares de altísimo rendimiento, transformando luz en energía eléctrica con más de 20% de eficiencia — un índice expresivo dado el grado de dificultad impuesto por el ambiente.
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Cómo Transformar Láser en Electricidad: Ingeniería de Precisión
La precisión del receptor es uno de los puntos clave de la operación. La apertura frontal del equipo es extremadamente reducida, impidiendo que la luz se disipe y asegurando que casi toda la energía luminosa llegue hasta las células fotovoltaicas. Uno de los diferenciales técnicos del proyecto es precisamente esa capacidad de mantener el haz de láser «pegado» al objetivo, incluso en condiciones adversas. Durante las pruebas, el haz tuvo que atravesar la parte más densa de la atmósfera terrestre — lo que dificulta la propagación y exige extrema estabilidad — pero aun así mantuvo el rendimiento dentro de los parámetros establecidos.
A diferencia de las ideas de Tesla, que apostaba por torres de radiofrecuencia para transmitir energía, la elección del láser óptico se debe a su mayor precisión y menor dispersión. Además, los haces ópticos son menos susceptibles a la intercepción externa, lo que los convierte en ideales para aplicaciones militares y estratégicas.
De hecho, parte de la energía generada se utilizó en un momento casi lúdico: preparar palomitas de maíz durante la transmisión, en una escena inspirada en la película Escuela de Genios, clásico culto de los años 80. Aunque simbólica, la elección tuvo el efecto de humanizar una tecnología aún vista como distante de la cotidianidad.
Mucho Más Allá del Campo de Pruebas: Un Plan Global y Militar
El proyecto POWER no es un fin en sí mismo, sino una pieza de una engranaje mucho mayor. Según estimaciones del propio Pentágono, cerca del 70% de la carga transportada por las fuerzas armadas de EE. UU. en zonas de conflicto está compuesta por combustible y baterías. Sustituir estos suministros por transmisión de energía sin cables significaría menos convoyes, menor riesgo logístico y más autonomía en el campo de batalla.
Es por esto que el programa avanza en tres frentes simultáneas:
- Desarrollo de componentes avanzados como espejos deformables y células solares ultraeficientes;
- Pruebas con drones estratosféricos que intercambian energía en pleno vuelo;
- Y una demonstração multi-nodal de gran escala prevista para 2027, donde se espera alcanzar la transmisión de 10.000 watts (10 kW) a una distancia de 200 km, utilizando relés intermedios.
Drones como el MQ-9 Reaper, por ejemplo, necesitan aterrizar cada 28 horas para reabastecimiento. Con transmisión de energía mediante láser, estas plataformas podrían operar de forma casi indefinida, lo que cambiaría completamente el concepto de vigilancia y permanencia aérea.
Otras aplicaciones ya en análisis involucran a la US Navy, que considera el uso de la tecnología para alimentar boyas de sonar, buques de guerra y infraestructuras navales móviles. Por su parte, la NASA estudia la integración de la tecnología en plantas solares orbitales, capaces de captar energía 24 horas al día, sin interferencia de la atmósfera, y enviarla directamente a la Tierra.
Y el impacto civil no es menos relevante: en casos de terremotos, inundaciones o incendios forestales — situaciones en las que la red eléctrica tradicional suele colapsar — drones equipados con relés podrían restablecer el suministro en áreas críticas en cuestión de minutos, ofreciendo una respuesta rápida y precisa.

Los Desafíos Técnicos y el Camino Hasta 2027
Aunque prometedora, la tecnología aún tiene obstáculos significativos que superar. Para transmitir los 10 kW deseados, los láseres deberán operar a potencias muy superiores a las utilizadas en el experimento actual, lo que plantea preocupaciones serias sobre seguridad ocular y dérmica — una exposición accidental podría causar lesiones permanentes.
Otro cuello de botella está en la eficiencia energética. Aun con los avances esperados en las células fotovoltaicas, que podrían alcanzar 50% de conversión, todavía habría una pérdida sustancial de energía en cada retransmisión. Esto significa que cada relé consume parte de la energía antes de pasarla, limitando la escalabilidad a largas distancias.
Además, está el factor atmosférico: contaminación, humedad, nubes o tormentas pueden interferir en la estabilidad del haz. Por eso, la viabilidad de la tecnología a gran escala requerirá soluciones complementarias, como inteligencia artificial para corrección de trayectoria, protección contra interferencia climática y nuevos protocolos de seguridad civil.
Aun así, la DARPA afirma que la demostración rompió paradigmas. “Esta experiencia ya está inspirando a la industria a repensar lo que creía imposible”, afirmó Paul Jaffe, coordinador del POWER, en una entrevista a la prensa.
Para alcanzar sus objetivos dentro del plazo, la agencia busca asociaciones con empresas privadas y centros de investigación globales, creando un ecosistema de innovación que permita acelerar la transición de la tecnología de los laboratorios a aplicaciones reales.

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