En fábricas, casas y plataformas digitales, los trabajadores han comenzado a registrar movimientos, corregir respuestas y ejecutar tareas para entrenar sistemas de inteligencia artificial, en un proceso que alimenta el avance de la automatización y amplía el temor de que la tecnología asuma, en el futuro, exactamente las mismas funciones que hoy realizan los humanos.
La inteligencia artificial ya no aprende solo con textos, imágenes y comandos escritos. En diferentes países, se está entrenando con movimientos reales de trabajadores, tareas domésticas grabadas en primera persona y revisiones realizadas por profesionales experimentados.
El resultado es la formación de un nuevo mercado: el de personas que ayudan a los sistemas de IA y robots a aprender exactamente lo que ellos mismos hacen en el día a día.
El caso de la India que expuso la lógica de la nueva automatización
Uno de los ejemplos más emblemáticos apareció en un reportaje de Los Angeles Timesys publicado en noviembre de 2025.
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El periódico mostró a trabajadores en Karur, en el sur de India, doblando toallas con cámaras sujetas a la cabeza para registrar, en primera persona, cómo se mueven las manos y los brazos durante tareas repetitivas. El objetivo era generar datos para enseñar a los robots a actuar en el mundo físico.
La práctica va más allá de simplemente filmar a los operarios en servicio. Las grabaciones se utilizan para crear bases de datos que permiten a los sistemas robóticos aprender secuencias manuales detalladas, como tomar, alinear, doblar, separar y reposicionar objetos.
Esto transforma gestos humanos en material de entrenamiento para la llamada “IA física”, orientada a máquinas que necesitan interactuar con ropa, herramientas, puertas y otros elementos del entorno real.
Este caso ganó fuerza precisamente porque expuso una contradicción: los trabajadores ejecutan tareas mientras registran sus propios movimientos para tecnologías desarrolladas, en parte, para reproducir ese mismo trabajo en el futuro. El reportaje no afirma una sustitución inmediata ni identifica un recorte automático de puestos en ese momento, pero deja claro que el proceso existe y ya se utiliza para acelerar el aprendizaje de robots humanoides y brazos mecánicos.
Cuando la casa también se convierte en laboratorio de datos
La misma lógica apareció en Estados Unidos en otro frente. En marzo de 2026, el Los Angeles Times informó que cientos de personas en Los Ángeles comenzaron a usar cámaras en la cabeza y en las manos para grabar tareas domésticas como lavar platos, preparar café, regar plantas y limpiar la casa.
El propósito era ayudar a los sistemas de IA a entender cómo se mueven los humanos dentro de ambientes cotidianos.
En este modelo, el trabajo deja de ser solo industrial y pasa a incluir acciones simples del día a día, transformadas en entrenamiento para robots domésticos y sistemas autónomos. El artículo describe este servicio como un nuevo tipo de ocupación de economía bajo demanda, en la que las personas reciben pago por realizar tareas comunes mientras las máquinas observan, registran patrones y construyen capacidad operativa a partir de eso.
El significado de este movimiento es amplio. La automatización deja de depender solo de ingenieros y laboratorios cerrados y pasa a ser abastecida por una red de trabajadores dispersos, remunerados por ceder imagen, rutina y coordinación motora a bases de datos. Lo que antes parecía ciencia ficción comienza a ganar escala a través de pequeños trabajos fragmentados.
China acelera la carrera de los robots humanoides
En China, la expansión de este proceso ha adquirido dimensión industrial. En mayo de 2025, Reuters mostró cómo startups como AgiBot comenzaron a invertir en centros de entrenamiento para robots humanoides, con fuerte apoyo estatal y un crecimiento acelerado de las compras públicas relacionadas con el área. El reportaje describe el avance de la robótica humanoide como parte de una estrategia más amplia para transformar la manufactura.
El dato más notable del informe de Reuters fue el salto en las compras estatales de robots humanoides y tecnologías relacionadas: de 4,7 millones de yuanes en 2023 a 214 millones de yuanes en 2024. Esto muestra que la creación de máquinas capaces de aprender tareas físicas no está restringida a experiencias aisladas, sino que ya ha entrado en el radar de políticas industriales e inversiones significativas.
En este escenario, el entrenamiento con datos humanos cobra aún más peso. Para que los robots doblen ropa, manipulen objetos o ejecuten etapas de producción, necesitan demostraciones concretas, repetidas y muy bien organizadas. Es precisamente ahí donde el trabajo humano vuelve al centro de la ecuación: no solo como mano de obra productiva, sino como fuente de datos para la próxima generación de automatización.
No son solo operarios: especialistas también entrenan la IA
El fenómeno no afecta solo a tareas manuales. Un reportaje del Guardian publicado en abril de 2026 mostró que profesionales experimentados, muchos de ellos con más de 50 años, comenzaron a trabajar revisando, etiquetando y evaluando respuestas de modelos de IA. Médicos, profesionales de tecnología y otros especialistas ayudan a los sistemas a mejorar su rendimiento en áreas complejas, corrigiendo errores y refinando respuestas.
El mismo reportaje afirma con claridad que el objetivo de este entrenamiento es elevar los modelos hasta que puedan realizar un trabajo tan bien como un humano, lo que significa que, en el futuro, pueden reemplazar a parte de estos profesionales.
Aun así, muchos aceptan este tipo de servicio por necesidad inmediata de ingresos, flexibilidad o dificultad para reinsertarse en el mercado tradicional.
Otra investigación del Guardian, también de abril de 2026, reveló un lado más oscuro de esta cadena. Trabajadores de la plataforma Outlier, vinculada a Scale AI, informaron sobre tareas como la recolección de datos en redes sociales, el uso de materiales protegidos por derechos de autor y la etiquetación de contenidos perturbadores. Muchos dijeron creer que estaban entrenando a sus propios sustitutos.
El caso que se volvió viral en 2026 y aún no ha sido comprobado
Fue en este contexto que, en abril de 2026, se volvió viral en las redes un video atribuido a trabajadores de costura en India usando cámaras montadas en la cabeza para registrar los movimientos de las manos mientras trabajaban. Publicaciones en Instagram, Facebook y Reddit comenzaron a presentar la escena como prueba de que esos operarios estarían “entrenando a la IA para reemplazarlos”.
Pero el video viral específico de 2026 aún no ha tenido autenticidad confirmada públicamente con identificación concluyente de fecha, empresa y contexto exacto. Por lo tanto, no puede ser tratado como prueba definitiva, solo como un contenido compatible con una dinámica real ya comprobada en otros reportajes.
El centro de la cuestión
El punto más sensible de esta transformación es simple: para que las máquinas aprendan a actuar como humanos, aún necesitan observar a los humanos de cerca. Esto aplica a quienes doblan toallas en una fábrica, lavan platos en casa o corrigen respuestas de modelos avanzados. En todos estos casos, las personas están transfiriendo a sistemas automatizados los movimientos, criterios y decisiones que sustentan su propio trabajo.
La sustitución total no está comprobada en cada caso individual, y el video viral de 2026 sigue sin verificación concluyente. Lo que ya está comprobado es otra cosa: trabajadores, en varios sectores, ya están ayudando a entrenar inteligencias artificiales para ejecutar tareas humanas con cada vez más precisión.

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