La antigua “capital del pre-sal” vive el dilema entre la riqueza que el petróleo trajo y las crisis sociales, ambientales y económicas que el sector dejó
Durante décadas, Macaé, en la costa norte de Río de Janeiro, simbolizó la prosperidad de la industria petrolera en Brasil. Conocida como “capital nacional del pre-sal” y también “capital de las plantas termoelectricas”, la ciudad creció rápidamente. Según el IBGE, su población aumentó de 65 mil habitantes en 1970 a 246 mil en 2022, impulsada por empleos, inversiones y la llegada de trabajadores de todo el país.
No obstante, a pesar de R$ 1,4 mil millones recaudados en regalías en 2022, conforme a la Federación de Industrias del Estado de Río de Janeiro (FIRJAN), la prosperidad no se distribuyó de manera equitativa. En 2021, Macaé registraba una de las medias salariales más altas de Brasil, con 5,8 salarios mínimos, pero la desigualdad persistía. Mientras ingenieros y ejecutivos recibían altos salarios, miles de familias vivían con menos de medio salario mínimo per cápita. Además, muchos residentes enfrentaban falta de saneamiento, viviendas precarias y dificultades en servicios básicos.
La caída del barril y la crisis que afectó la capital del petróleo
Poco después del auge, el sector entró en colapso. Entre 2014 y 2019, según el Registro General de Empleados y Desempleados (Caged), más de 60 mil trabajadores perdieron sus empleos. La crisis se agravó por la Operación Lava Jato, que paralizó obras y contratos de Petrobras. Como resultado, casas fueron abandonadas, escuelas quedaron vacías y restaurantes cerraron. La ciudad, que alguna vez tuvo el segundo mayor polo hotelero del estado, vio terminar actividades en hoteles.
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Con el precio del barril en caída y la desaceleración de la producción, la economía se desplomó. Así, el ciclo de prosperidad dio paso a la desigualdad y al desempleo. De acuerdo con la Agencia Nacional del Petróleo (ANP), entre 2010 y 2019, la ingresos de la participación especial cayó más de 95%. En 2020, por primera vez, Macaé no recibió esta compensación. Como consecuencia, los servicios públicos se debilitaron y la distancia entre ricos y pobres aumentó.
El medio ambiente perdió espacio y el turismo desapareció
Mientras la economía enfrentaba crisis, el medio ambiente también fue afectado. La Playa de Imbetiba, antes frecuentada por familias y pescadores, fue invadida por las obras de Petrobras y la expansión portuaria. Así, el petróleo en las arenas y el mar contaminado alejaron a los turistas, ampliando la dependencia de la ciudad en relación al sector petrolero.
Con el turismo en declive y la economía debilitada, Macaé comenzó a vivir un paradoja. Por un lado, condominios de lujo y torres empresariales surgieron. Por otro, barrios enteros quedaron sin infraestructura básica. De esta forma, la ciudad que creció gracias al oro negro ahora enfrenta el precio de la dependencia económica y ambiental.
Nuevas apuestas fósiles refuerzan la dependencia del sector
A pesar de tantas crisis, la inversión en combustibles fósiles sigue fuerte. Según el informe “The Money Trail Behind Fossil Fuel Expansion in Latin America and the Caribbean”, elaborado por el Instituto Internacional ARAYARA y por Urgewald, cuatro nuevos campos exploratorios están siendo abiertos en las áreas de pre-sal cercanas a Macaé: Marlim Azul (Petrobras), Raia Pintada y Raia Manta (Equinor) y Maromba (BW).

Además, los dos mayores terminales de GNL de América Latina están siendo construidos en Brasil. El Puerto Norte Fluminense y el Tepor Macaé tendrán capacidad de regasificación de 5,63 millones de toneladas por año. El primero, valorado en US$ 1,4 mil millones, debe abastecer dos plantas termoelectricas de 1,7 GW en São Francisco de Itabapoana. Ya el Tepor Macaé, desarrollado por Eneva y el Grupo Vale Azul Participações, fue diseñado para alimentar un complejo de grandes plantas termoeléctricas que aún están en construcción.
Por último, el 3º Subasta de Oferta Permanente de Participación (OPP), realizada en 2025, debe ofertar siete nuevos campos de exploración en el polígono del pre-sal. Cuatro de ellos están localizados en la Cuenca de Campos, cerca de Macaé, representando 55% de las áreas ofertadas. Este movimiento refuerza el modelo fósil que aún domina la matriz energética brasileña.
La transición energética que aún no ha llegado
El caso de Macaé muestra claramente que la dependencia del petróleo crea ciclos de riqueza y crisis. A pesar de miles de millones en regalías, la ciudad no logró protegerse de las oscilaciones del mercado global. El modelo extrativista trajo un crecimiento rápido, pero también aprofundó desigualdades y destruyó ecosistemas.
Por otro lado, los expertos afirman que el verdadero progreso no está en el barril de petróleo, sino en la capacidad del país para planear una transición energética justa y sostenible. Este cambio requiere diversificación económica, generación de empleos dignos y respeto al medio ambiente. Así, Brasil podría reducir su dependencia de los combustibles fósiles e invertir en energías renovables seguras y accesibles, capaces de garantizar estabilidad y justicia social.
La historia de Macaé es una alerta nacional. Sin planificación y sin cambios estructurales, la capital del petróleo seguirá atrapada en un modelo que concentra riqueza y perpetúa desigualdad.
¿Qué piensas: Brasil debe seguir apostando en el petróleo para sostener la economía o acelerar la transición hacia fuentes limpias, construyendo un futuro más justo y sostenible?

Que foto horrível! Pessoas que não conhecem tem uma imagem errada da cidade e da atividade.