Cuando la niña de 13 años asume la granja tras la muerte de su padre, ella y su madre deciden quedarse en el campo, apuestan por la genética Senepol, una gestión firme y mucho estudio para salvar la propiedad y crecer en la ganadería.
Cuando la niña de 13 años asume la granja, la familia pierde de una vez a su padre, el gestor y el principal brazo derecho del negocio. La opción más fácil sería vender todo e irse a la ciudad, pero madre e hija eligen el camino más difícil: quedarse en el campo, enfrentar el prejudicio y aprender a manejar la ganadería con seriedad, manejo técnico y visión de negocio. Años después, esta decisión transforma la propiedad de Río das Antas, en Santa Catarina, en un referente en genética Senepol.
Hoy, a sus 26 años, Maria Vitória Proença mira hacia atrás y ve el peso de esa elección. Lo que empezó como una niña de 13 años que asume la granja en medio del luto se convirtió en un proyecto estructurado, centrado en la mejora genética, la planificación del ciclo ganadero y la prestación de servicios técnicos a otros productores.
Su historia muestra que, en el agro, no hay espacio para la aventura: o hay gestión, o el campo cobra.
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La cáscara de huevo que casi todo el mundo tira está compuesta por alrededor del 95% de carbonato de calcio y puede ayudar a enriquecer el suelo cuando se tritura, liberando nutrientes lentamente y siendo reutilizada en huertos y jardines domésticos.
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Esta granja en Estados Unidos no utiliza sol, no utiliza suelo y produce 500 veces más alimentos por metro cuadrado que la agricultura tradicional: el secreto está en 42 mil LEDs, hidroponía y un sistema que recicla hasta el calor de las lámparas.
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El agua que casi todo el mundo tira después de cocinar papas contiene nutrientes liberados durante la preparación y puede ser reutilizada para ayudar en el desarrollo de plantas cuando se usa correctamente en la base de huertos y macetas, sin costo adicional y sin cambiar la rutina.
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El agua del mar subió de 28 a 34 grados en Santa Catarina y mató hasta el 90% de las ostras: los productores que plantaron más de 1 millón de semillas perdieron prácticamente todo y dicen que si vuelve a suceder, la producción está condenada a su fin.
Cuando la niña de 13 años asume la granja en medio del luto
Maria Vitória tenía solo 13 años cuando su padre, don Antonio, falleció. Él era el gestor de los negocios familiares, el hombre al frente de la granja, responsable de las decisiones y del día a día en el campo.
De la noche a la mañana, madre e hija tuvieron que decidir si desmantelarían todo o si enfrentarían la responsabilidad de mantener viva la propiedad de 48 hectáreas, a 25 kilómetros de la ciudad.
En aquel entonces, no había internet ni teléfono en la granja, el acceso al conocimiento era complicado y la estructura era simple: manejo extensivo en campo nativo, ganado todo el año en pastizales, sal blanca, desparasitaciones pocas veces al año y un calendario básico de vacunas.
Aun así, la elección fue clara. En lugar de huir, la niña de 13 años asume la granja junto a su madre y decide aprender, paso a paso, cómo transformar eso en un negocio sostenible.
Prejuicio en el campo y el desafío de ser joven, mujer y gestora
Cuando la niña de 13 años asume la granja, el protagonismo femenino en el agro aún se discutía poco.
Vitória y su madre escuchaban muchas veces que la ganadería no era “cosa de mujeres”, que faltaba “fuerza” o experiencia para manejar el rebaño.
El campo aún cargaba con mucho prejuicio, especialmente contra mujeres jóvenes en posiciones de mando.
Además, había otro tipo de barrera: las instituciones bancarias, cooperativas y proveedores no siempre tomaban en serio a una joven ganadera al frente de la propiedad.
Negociar créditos, insumos y servicios requirió más preparación, más estudio y, sobre todo, constancia. Solo con resultados visibles – lotes bien formados, manejo organizado, cuentas al día, el respeto empezó a llegar.
De la ganadería extensiva a la genética Senepol

El segundo gran giro llega en 2016. En una subasta virtual, Vitória se enamora de los animales Senepol, esos “grandotes” que veía en la pantalla.
La curiosidad se convirtió en estrategia: buscó información, habló con técnicos y decidió introducir la raza en la granja.
Ese mismo año llegaron los primeros 10 embriones, que generaron tres matriz; dos aún forman parte del rebaño hasta hoy.
Desde el principio, madre e hija comenzaron a trabajar con venta de embriones y selección de genética Senepol, muchas veces trayendo profesionales de otras regiones del país para atender la propiedad.
Vitória destaca la docilidad de los animales, la facilidad de manejo, el buen desempeño en pasto y la precocidad: las hembras entran en celo temprano y los animales engordan más rápido, acortando el ciclo de la ganadería sin perder calidad.
Manejo, nutrición y mejora: la base de la gestión firme
Para Vitória, no hay secreto milagroso. Ella repite siempre que el resultado viene del equilibrio entre manejo, nutrición y mejora genética.
Todas las hembras son inseminadas, los toros son preparados y vendidos ya con criterio de selección definido, y, cuando hay demanda, la granja también ofrece embriones al mercado, de acuerdo con el proyecto de cada cliente.
La propiedad combina pastizales nativos, áreas de cultivo con gramíneas como avena y ray-grass y períodos de confinamiento estratégico, principalmente en épocas de mayor exigencia nutricional.
La suplementación con silo de maíz y ración más concentrada entra en la recta final antes de subastas y exposiciones, garantizando terminación y desempeño sin excesos.
Todo es pensado como un sistema: frío, heladas, inviernos rigurosos y veranos más cálidos requieren planificación precisa.
Senepol en el frío del Sur: adaptación y resultados en el campo
Una de las dudas más comunes que Vitória escucha es si la genética Senepol se adapta al frío del Sur. La respuesta está en el propio rebaño.
Los animales pasan por heladas frecuentes y temperaturas bajas, pero responden de forma positiva: en invierno, el pelaje crece más, protegiéndolos del frío; en verano, el pelaje se acorta y vuelve al estándar racial, mostrando rusticidad y buena adaptación al clima más templado.
Este desempeño en el campo refuerza la visión de que la niña de 13 años asume la granja no solo por emoción, sino por su capacidad de entender lo que tiene sentido técnicamente para la realidad de la propiedad.
La elección de la raza, el diseño del rebaño y el tipo de manejo fueron pensados para funcionar en el relieve, el clima y las condiciones económicas de la familia.
Ojo en el mercado, ciclo ganadero y decisiones sin apego
Además del corral, Vitória también vive con un ojo en el mercado. Cuando no está en los pastos, está en las redes sociales, en cursos, conferencias, días de campo o siguiendo indicadores que ayudan a decidir los próximos pasos.
Parte del área de la granja está arrendada, y el valor entra como capital para la compra de hembras e inversión en genética.
También trabaja con otras razas europeas, como Brahford, ajustando el plantel según cambia el ciclo ganadero.
En algunos momentos, vender vacas recién paridas ya inseminadas es más interesante financieramente que mantener los animales hasta el destete.
No hay apego romántico al rebaño: hay números, plazos y estrategia, siempre con la mirada en cómo el mercado desafía al productor a retroceder en algunas áreas y avanzar en otras.
Rutina pesada, aprendizaje constante y memoria del padre
El día a día es agitado. Son pocas las horas en que Vitória no está revisando los pastos, chequeando cercas, cuidando de los animales y alineando detalles de la producción.
Al mismo tiempo, sigue estudiando, llamando técnicos y laboratorios a la granja, probando nuevas tecnologías y filtrando lo que realmente agrega al sistema productivo.
En muchos momentos, la memoria de su padre regresa con fuerza. Ella reconoce que no se imagina en otra profesión que no sea ganadera y que su impulso fue decisivo para que, hace años, la niña de 13 años tuviera el valor de asumir la granja. La sensación es de orgullo compartido: todo lo que existe hoy aún lleva la firma de la familia.
“Niña de la ganadería”: vanidad, redes sociales e inspiración para otras mujeres
Además de ganadera, Vitória también es una presencia activa en las redes sociales, mostrando los bastidores de la producción, desafíos, aciertos y errores.
Siempre vanidosa, con uñas largas y postura firme, se asegura de mostrar que ser mujer en el agro no significa renunciar al cuidado de sí misma.
Utiliza su propia historia para incentivar a otras productoras a ocupar espacio en decisiones técnicas y estratégicas dentro de las propiedades.
Para Vitória, respetar su propio cuerpo y su propia identidad es parte de la misma disciplina que mantiene la granja en pie: cuando una persona está bien consigo misma, lo demás no la derriba con facilidad.
Al final, la trayectoria resume bien el tema: una niña de 13 años asume la granja, enfrenta el prejuicio en el campo, apuesta por la genética Senepol, gestión firme y visión de negocio precoz – y demuestra que liderazgo en el agro no tiene edad ni género.
Si estuvieras en su lugar, con 13 años y una granja entera en las manos, ¿te quedarías en el campo para enfrentar la ganadería de frente o elegirías otro camino?


Olá
Minha vida quando solteiro trabalhava no sítio com meu pai.
Mas casei fui trabalhar na cidade.
Dois anos após meu pai faleceu.
Por motivos familiares não dei seguimento nos negócios do sítio.
Está frustração carrego comigo.
Admiro muito a determinação de Vitória e sua mãe.
Deus lhes abençoe grandemente.
Sucesso sempre.
Com certeza seguiria na fazenda,com Deus,amor e dedicação podemos vencer, principalmente o preconceito magista.
Sim também ficaria! Porque depois de anos na enfermagem estou ajudando meu marido a tocar uma leitaria! Estávamos só ficando no vermelho! Agora estamos ainda no vermelho, mas há despontando lá na frente um novo horizonte!!