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Arándano De Hasta R$ 60 El Kilo Sale De La Importación Y Se Convierte En Oro En La Sierra Gaúcha, Donde Una Familia De Flores Da Cunha Apostó Desde 2003, Plantó Más De 2,000 Plantas Y Transformó La Cosecha Manual En Ingresos, Agroindustria Y Turismo Rural

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 18/02/2026 a las 16:19
Actualizado el 18/02/2026 a las 16:21
Mirtilo na Serra Gaúcha vira renda em Flores da Cunha com colheita manual, agroindústria e turismo rural, em uma propriedade que aposta desde 2003, enfrenta a importação de 80% do consumo e transforma excedente em geleias, cafés e experiências no campo.
Mirtilo na Serra Gaúcha vira renda em Flores da Cunha com colheita manual, agroindústria e turismo rural, em uma propriedade que aposta desde 2003, enfrenta a importação de 80% do consumo e transforma excedente em geleias, cafés e experiências no campo.
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Con el arándano todavía mayoritariamente importado en Brasil, la familia Bernard transformó un cultivo orgánico de más de 2 mil plántulas en Flores da Cunha, en la Serra Gaúcha, en ingresos, agroindustria y turismo rural, con cosecha manual, selección en potes y productos como mermeladas, pasteles y helados en cada cosecha

El arándano ganó estatus de producto caro y, en algunos períodos, llega a ser tratado como “frutita de lujo”, con el kilo variando entre R$ 48 y R$ 60 y pudiendo subir aún más en la entrecosecha. Cuando una fruta pequeña se convierte en referencia de precio, cada etapa de la producción pasa a ser cobrada en detalle.

En la Serra Gaúcha, en Flores da Cunha, la historia de una familia ayuda a explicar por qué el arándano salió de la estantería de importación y comenzó a ganar espacio en el campo, en la agroindustria y en el turismo rural. La apuesta comenzó en 2003, atravesó años de incertidumbre y hoy mezcla cultivo, procesamiento y visita en una misma lógica de ingresos.

Por qué el arándano todavía llega de afuera y por qué eso pesa en el precio

Arándano en la Serra Gaúcha se convierte en ingreso en Flores da Cunha con cosecha manual, agroindustria y turismo rural, en una propiedad que apuesta desde 2003, enfrenta la importación de 80% del consumo y transforma excedente en mermeladas, cafés y experiencias en el campo.

Brasil aún importa cerca de 80% del arándano que consume, según el relato de la propia producción local.

Este dato, por sí mismo, ya explica parte del valor final: cuando la oferta interna es limitada, el mercado queda más expuesto a variaciones de disponibilidad, logística y estacionalidad, y esto se refleja en el bolsillo del consumidor.

La producción nacional se describe como concentrada en pequeñas propiedades, con un área plantada estimada en aproximadamente 250 hectáreas.

Dentro de este escenario, Rio Grande do Sul se consolidó como polo, con cerca de 70 hectáreas plantadas y una producción estimada en 400 toneladas anuales.

El arándano brasileño se presenta como más dulce y se cosecha totalmente a mano, pero eso también significa alto costo laboral.

Flores da Cunha y la apuesta que comenzó en 2003 cuando casi nadie conocía

Arándano en la Serra Gaúcha se convierte en ingreso en Flores da Cunha con cosecha manual, agroindustria y turismo rural, en una propiedad que apuesta desde 2003, enfrenta la importación de 80% del consumo y transforma excedente en mermeladas, cafés y experiencias en el campo.

En Flores da Cunha, en la Serra Gaúcha, la familia Bernard dice representar la cuarta generación en la propiedad.

Fue allí donde Luiz decidió cambiar cultivos como ciruela y pera por el arándano, buscando algo que no fuera igual a lo que “todo el mundo plantaba”.

La elección llegó tras la sugerencia de un pariente que conocía la fruta en el extranjero, donde también se llama blueberry.

El comienzo no fue simple. Las primeras 1.000 plántulas se plantaron en diciembre de 2003 y otras 1.000 en diciembre de 2004, pero el cultivo tardó cerca de cuatro años en alcanzar un nivel de producción más consistente.

El mercado local no conocía la fruta y, según la familia, hubo un momento en que consideraron cortar las plantas y comenzar de nuevo con otro cultivo.

El arándano se convirtió en una apuesta a largo plazo antes de convertirse en vitrina de turismo rural.

Cosecha manual, selección en potes y el costo real de “frutita por frutita”

La cosecha del arándano se describe como totalmente manual y eso lo cambia todo. Un trabajador puede pasar alrededor de 10 horas al día para cosechar entre 20 y 25 kilos, siempre “frutita por frutita”.

Es un ritmo que no combina con prisa ni con escala industrial, y por eso la productividad depende de equipo, tiempo y clima.

La propia selección comienza aún en la planta. La familia describe el uso de dos potes, de alrededor de 1 kilo cada uno, para separar el arándano más firme y adecuado para el consumo fresco de aquel que va para la industria.

El método también se convierte en parte de la experiencia ofrecida al visitante, con orientación de cosecha y degustación.

Cuando la selección ocurre antes de que el arándano salga del cultivo, la línea entre producción y turismo rural se acorta.

La variedad, la ventana de la cosecha y el cálculo de personas necesarias en el cultivo

El cultivo en Flores da Cunha, en la Serra Gaúcha, cita una variedad llamada Climax como la más productiva, con potencial de más de 10 kilos por planta.

Este número ayuda a entender por qué el arándano puede sostener una propiedad, pero también expone un cuello de botella: un alto volumen no significa facilidad, porque la cosecha sigue siendo manual y sensible.

La cosecha se describe entre el 15 de noviembre y el 15 de enero.

Con poco más de 2 mil plántulas, la demanda de mano de obra puede llegar a 15 a 20 personas por día, durante aproximadamente 45 días.

Este tipo de operación transforma la cosecha en un evento: la ventana es corta, el producto es delicado, y cualquier error de tiempo se convierte en pérdida. En el arándano, la prisa suele costar caro y el retraso también.

Agroindustria desde 2010 y la lógica de aprovechar el excedente sin desperdiciar

El giro mencionado por la familia ocurre en 2010, con la construcción de la agroindustria. Antes, la venta era toda del arándano en natura.

Después, el excedente pasó a tener destino, con limpieza, higienización, empaquetado y congelación.

El proceso incluye una etapa inicial de enfriamiento en una cámara externa, llamada por ellos “cámara sucia”, antes de que el arándano continúe hacia el ambiente de procesamiento.

La familia informa de una cosecha de alrededor de 12 toneladas en uno de los años, con consumo interno de alrededor de 5 a 6 toneladas, lo que refuerza la necesidad de transformar parte del volumen.

Entre los productos mencionados están mermeladas sin conservantes, versiones con pimienta, combinaciones con frutas rojas, además de opciones sin adición de azúcar, usando pulpa de manzana.

La agroindustria se convierte en un seguro contra la pérdida y también contra la oscilación del mercado de frutas frescas.

Turismo rural como venta directa, paisaje y un recorrido que se convierte en producto

El turismo rural aparece como estrategia para llevar al cliente a la propiedad y vender allí, “por un precio justo”, según la familia. En Flores da Cunha, en la Serra Gaúcha, el visitante encuentra pastel de arándano, helado de arándano, cafés coloniales y espacios para picnics en medio de la naturaleza.

El desplazamiento hasta el cultivo se realiza en un carretón adaptado de una rural antigua, en un trayecto de poco más de 500 metros por camino de tierra, con viñedos, bosque y el área de arándano ya al final de la cosecha.

El paseo se describe con siete puntos de parada, donde se presentan variedades, historia de la familia y vistas panorámicas del valle y de las montañas.

Hay además atracciones de aventura, con un punto de escalada y tres vías de rappel. Entre los episodios mencionados, uno llama la atención: el “nono” de la familia, con 92 años, bajó un rappel de 85 metros.

Cuando el turismo rural entra en la cuenta, el arándano deja de ser solo alimento y se convierte en experiencia.

Certificación orgánica, medalla en 2015 y el momento en que la demanda “encontró” el cultivo

Video de YouTube

El reconocimiento mencionado por la familia pasa por dos hitos.

Uno de ellos es el registro como orgánico, con certificación por la red Ecovida, que habría ayudado en la divulgación y en la construcción de confianza en un producto aún poco conocido en la región en ese período.

El otro hito viene en 2015, cuando relatan haber conquistado una medalla de oro en un concurso ligado a Expo Inter. A partir de allí, según la narrativa, el cliente comenzó a ir hasta la propiedad, y la operación ganó impulso para expandirse, incluso en turismo rural y en agroindustria.

En el arándano, la reputación y la confianza suelen valer casi tanto como el kilo.

El arándano que llega a R$ 60 el kilo no explica su valor solo por el sabor.

En Flores da Cunha, en la Serra Gaúcha, la familia Bernard describe una cadena que une cultivo manual, selección cuidadosa, necesidad de equipo, ventana corta de cosecha, agroindustria desde 2010 y turismo rural como venta directa y experiencia.

El “oro” del arándano, en este caso, es menos metáfora y más suma de trabajo con estrategia.

Si encontrases arándano a R$ 60 el kilo, ¿qué pesaría más en la decisión: el precio, la origen nacional, el hecho de ser orgánico, o la posibilidad de comprar directamente en el turismo rural? Y, pensando en Flores da Cunha y en la Serra Gaúcha, ¿te animarías a pasar un día cosechando arándano para entender en la práctica por qué cuesta lo que cuesta?

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Bruno Teles

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