Nuevas evidencias sugieren que la luna Ariel, de Urano, puede tener un océano líquido sobre su superficie congelada. Este descubrimiento abre nuevas posibilidades
En los confines del Sistema Solar, un nuevo misterio intriga a los científicos: la luna Ariel, de Urano, puede ocultar un océano líquido bajo su superficie congelada.
Evidencias recientes apuntan a que los profundos abismos de Ariel pueden ser portal para investigar su interior, ofreciendo pistas sobre los procesos geológicos que ocurren lejos de la vista humana.
Abismos que revelan misterios internos de la luna de Urano
La superficie de Ariel presenta abismos profundos marcados por surcos paralelos, características que intrigan a los investigadores.
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Estos surcos, considerados algunas de las formaciones más jóvenes de la luna, pueden haber sido causados por procesos de dispersión, un fenómeno similar al que ocurre en crestas volcánicas terrestres, donde el material del interior terrestre emerge y forma nueva corteza.
Según la geóloga planetaria Chloe Beddingfield, de la Universidad Johns Hopkins, estos abismos son la mejor apuesta para investigar depósitos de dióxido de carbono y explorar el interior de la luna. «Ninguna otra característica de la superficie muestra evidencias de facilitar el movimiento de materiales del interior de Ariel, lo que hace que este descubrimiento sea particularmente emocionante», afirma Beddingfield.

Planet. Sci. J., 2025)
Un proceso similar al de la Tierra
Utilizando modelos de formación y datos observacionales, Beddingfield y su equipo demostraron que el proceso de dispersión puede ser responsable por las marcas observadas.
Al simular el cierre de los abismos, los bordes encajaron perfectamente, indicando que los materiales fueron depositados con el tiempo, como ocurre en zonas de expansión oceánica en la Tierra.
Este proceso puede ser resultado de fuerzas tectónicas impulsadas por el calentamiento interno de la luna. En momentos pasados, las lunas de Urano, incluyendo Ariel, pasaron por resonancias orbitales, alineamientos gravitacionales que causan derretimiento y recongelamiento internos. Este ciclo de calentamiento puede haber creado condiciones para un océano subterráneo.
Indicios de un océano oculto
Observaciones recientes del telescopio espacial James Webb (JWST) sugieren fuertemente la presencia de un océano líquido en Ariel.
Este océano, si se confirma, podría ser responsable por los depósitos de dióxido de carbono detectados en los abismos de la luna. Sin embargo, muchas preguntas permanecen sin respuesta.
Beddingfield destaca que aún no se sabe si estos depósitos están directamente ligados a los surcos, pues las imágenes de la sonda Voyager 2, que visitó Urano en 1986, no tenían instrumentos adecuados para mapear la distribución de los hielos. “Hay mucho que no sabemos”, comenta.
“El tamaño del posible océano de Ariel y su profundidad bajo la superficie solo pueden estimarse, pero puede estar aislado demasiado para interactuar con centros de expansión”, afirmó.
El siguiente paso
Los hallazgos en Ariel refuerzan la necesidad de nuevas misiones para explorar Urano y sus lunas. A pesar del creciente interés, ninguna misión dedicada ha sido lanzada desde el paso de la Voyager 2.
Los investigadores defienden que investigar estas formaciones puede ser crucial para entender los procesos internos no solo de Ariel, sino de otros cuerpos helados en el Sistema Solar.
La posibilidad de un océano oculto en Ariel abre nuevas perspectivas para la exploración espacial y para la comprensión de la habitabilidad de lunas distantes.
Con avances tecnológicos, como el telescopio James Webb, y una posible misión futura a Urano, los científicos esperan revelar los misterios escondidos bajo el hielo de esta luna enigmática.
El momento es propicio para que las agencias espaciales prioricen esta exploración y amplíen nuestro conocimiento sobre los océanos escondidos más allá de la Tierra.
La investigación fue publicada en The Planetary Science Journal.

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