Estructuras en Forma de Embudo Descubiertas por Satélites Muestran que Pueblos Antiguos Mantuvieron Tradiciones de Caza por Milenios, Desafiando Teorías Históricas sobre la Región.
Un descubrimiento arqueológico sorprendente en las montañas del norte de Chile está transformando el entendimiento sobre cómo los pueblos antiguos de los Andes vivían y cazaban. Imágenes de satélite revelaron 76 trampas sofisticadas de piedra, conocidas como “chacus”, que fueron construidas hace aproximadamente 6 mil años para capturar vicuñas, animales salvajes parientes de las alpacas.
La investigación, liderada por el arqueólogo Adrián Oyaneder de la Universidad de Exeter y publicada en la revista científica Antiquity en octubre de 2024, desafía creencias antiguas sobre la desaparición de la caza en los Andes. Hasta ahora, los especialistas creían que la práctica de la caza había sido abandonada hacia el 2.000 a.C., cuando la agricultura se volvió predominante. Sin embargo, las evidencias muestran que comunidades cazadoras permanecieron activas hasta el siglo 18, coexistiendo con agricultores y pastores.
Estructuras Gigantes Construidas en Altitudes Extremas

Las trampas fueron identificadas en la cuenca del río Camarones, en una área de 4.600 kilómetros cuadrados. Las estructuras tienen forma de V, con muros de piedra seca que llegan a 150 metros de longitud y 1,5 metro de altura. Al final del embudo, los cazadores cavaron huecos circulares de aproximadamente dos metros de profundidad, donde los animales quedaban atrapados.
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Todas las 76 trampas fueron construidas en laderas empinadas a más de 2.700 metros de altitud, dentro del hábitat natural de las vicuñas. La ubicación estratégica revela una planificación colectiva sofisticada y un profundo conocimiento ecológico de los cazadores ancestrales.
De acuerdo con Oyaneder, encontrar estas estructuras fue una experiencia inesperada. “Mi reacción al ver el primer chacu fue verificar dos o hasta tres veces. Inicialmente, pensé que era una ocurrencia única, pero, a medida que proseguía con mi investigación, me di cuenta de que estaban por todas partes en las tierras altas y en una cantidad nunca antes registrada en los Andes”, relató el investigador en un comunicado.
Vicuñas: el Blanco Noble de la Caza Andina
La vicuña es el más pequeño de los camelidos andinos, alcanzando un máximo de 1,30 metros de altura y pesando hasta 40 kilos. Su pelaje es extremadamente fino y tiene un alto valor comercial. Actualmente, las vicuñas se encuentran en Perú, noroeste de Argentina, Bolivia y norte de Chile, viviendo en altitudes entre 3.200 y 4.800 metros.
Estos animales eran tan valiosos que, durante el Imperio Inca, solo la realeza podía usar vestimentas hechas con su lana. Los incas desarrollaron un sistema sostenible de captura, esquilando los animales vivos y luego liberándolos de nuevo a la naturaleza. Este método ancestral inspiró las modernas técnicas de manejo de la especie.
Red de Asentamientos Desafía Teorías Arqueológicas
Además de las trampas, el investigador localizó casi 800 asentamientos de piedra cercanos a los chacus, variando desde viviendas aisladas hasta aglomerados de varias edificaciones. La mayoría de estos campamentos estaba situada a menos de cinco kilómetros de las trampas, formando una red de ocupación estacional utilizada por grupos de cazadores a lo largo de milenios.
“Desde hace mucho tiempo existe una discrepancia entre lo que los registros arqueológicos y etno-históricos nos cuentan sobre la vida en los Valles Occidentales del norte de Chile durante el periodo colonial”, afirmó Oyaneder. Los registros españoles de los siglos 16 al 19 mencionaban grupos llamados “uru” o “uro”, que mantenían prácticas de caza y recolección incluso después de la llegada de los colonizadores.
Las evidencias apuntan a un modo de vida mixto que combinaba caza, pastoreo y agricultura durante milenios. Los resultados contradicen modelos arqueológicos tradicionales, según los cuales la caza habría desaparecido completamente cuando la agricultura fue establecida en la región.
Tecnología Moderna al Servicio de la Arqueología
Para realizar el estudio, Oyaneder analizó la región durante cuatro meses utilizando imágenes de satélite disponibles públicamente. Posteriormente, drones volaron a aproximadamente 60 metros sobre la superficie para capturar imágenes detalladas, que fueron procesadas tridimensionalmente. Esta tecnología permitió la recreación digital precisa del relieve y las estructuras arqueológicas.
Un software de Sistema de Información Geográfica (SIG) fue utilizado para marcar cada asentamiento en un mapa digital, agrupando los puntos en aglomeraciones vinculadas a los chacus en un radio de hasta cinco kilómetros. De esta forma, fue posible entender cómo los pueblos se distribuyeron en el territorio a lo largo de los siglos.
Paralelo con Trampas del Oriente Medio
Curiosamente, los descubrimientos presentan paralelismos con estructuras similares encontradas en el Oriente Medio y en Asia Central, conocidas como “pipas del desierto”.
Aunque han sido construidas independientemente, comparten la misma forma cónica y propósito: dirigir rebaños de animales salvajes hacia cercados con el fin de captura.
Hasta recientemente, solo algunas chacus habían sido registradas en los Andes, principalmente en Perú y relacionadas con las cacerías reales incas. La concentración de 76 trampas en una única región sugiere que la tradición de caza es mucho más antigua y puede preceder la propia civilización Inca.
Resiliencia de Sociedades Andinas
Los descubrimientos revelan una sociedad resiliente que, desde 6.000 a.C. hasta el siglo 18, prosperó en un ambiente hostil. La caza, evidenciada por campamentos y trampas de piedra, coexistió con la agricultura y el pastoreo durante milenios.
“El cuadro que emerge es el de un paisaje ocupado por una variedad de grupos humanos desde al menos 6.000 a.C. hasta el siglo 18”, destacó Oyaneder. “Estos grupos se desplazaron estratégicamente por las tierras altas, atados principalmente a los recursos de caza, en particular a la vicuña.”
El descubrimiento redefine la historia de los Andes, mostrando no una simple transición del forrajeo a la agricultura, sino la superposición y continuidad de múltiples modos de vida. Las chacus de la cuenca de Camarones permanecen como pruebas concretas de esta resiliencia cultural y de la capacidad de adaptación de los pueblos andinos a lo largo de miles de años.
Este descubrimiento arqueológico fascinante plantea preguntas importantes sobre cómo interpretamos el pasado. ¿Es posible que otras regiones del mundo también hayan mantenido prácticas ancestrales por más tiempo del que imaginábamos? Las trampas chilenas muestran que la transición entre diferentes modos de vida fue mucho más compleja y gradual de lo que los libros de historia suelen presentar. ¿Y tú, crees que aún existen muchos secretos arqueológicos escondidos en las montañas esperando ser revelados? Deja tu opinión en los comentarios!

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