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En Las Tierras Agrícolas Alrededor de Society Hill, Una Ronda de Muestreos Conducida por Investigadores de Yale Re coloca En la Agenda Rural un Dilema a Largo Plazo: ¿Qué Queda en el Suelo Cuando el Lodo Industrial Se Trata Como Fertilizante?

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 15/02/2026 a las 09:38
Actualizado el 15/02/2026 a las 09:40
Yale detecta PFAS e PFOS após lodo industrial em terras agrícolas na Carolina do Sul; sete áreas superam referência do Maine e reacendem o debate sobre poços, manejo rural e risco persistente.
Yale detecta PFAS e PFOS após lodo industrial em terras agrícolas na Carolina do Sul; sete áreas superam referência do Maine e reacendem o debate sobre poços, manejo rural e risco persistente.
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Con PFAS a 30.000 partes por trillon y lodo de fábrica de los años 1990, tierras agrícolas de Society Hill entran en el radar de Yale, exponen PFOS por encima del límite de Maine y generan dudas sobre pozos y alimentos.

En las tierras agrícolas del Condado de Darlington, en Carolina del Sur, las pruebas de Yale hallaron altos niveles de PFAS tras la aplicación de lodo de Galey and Lord en los años 1990. En 15 campos, siete superaron el estándar de Maine; PFOS llegó a entre 17.000 y 30.000 partes por trillon, y los pozos también siguen bajo observación.

La secuencia actualiza una práctica adoptada en los años 1990, cuando la textil Galey and Lord envió lodo residual para fertilizar tierras agrícolas en el Condado de Darlington. Actualizado el 14 de febrero de 2026, el informe detalla por qué el indicador PFOS, los pozos privados y el destino de la producción agrícola se convirtieron en puntos de fricción entre costo, seguridad y responsabilidad ambiental.

Lo que se midió en campo y por qué siete áreas llamaron más atención

El equipo de Yale recolectó suelo en 15 campos y reportó que se detectó PFAS en todos los puntos analizados.

Lo que elevó la alerta fue la comparación con el estándar de Maine, utilizado como referencia porque Carolina del Sur no ha establecido límites de seguridad para PFAS en el suelo de tierras agrícolas.

En los siete campos que superaron este parámetro, un compuesto se presenta como marcador: PFOS. En las tierras agrícolas de la familia de Robbie O’Neal, el PFOS varió de 17.000 a 30.000 partes por trillon, y el investigador Jake Thompson informó que algunos resultados estaban de dos a cuatro veces por encima del estándar de Maine creado para proteger productos lácteos, además de exceder otros límites estatales de suelo.

En los otros ocho campos, los niveles quedaron por debajo del límite de Maine, pero aún dentro de un contexto de exposición acumulada: la propia presencia de PFAS en todas las áreas analizadas indica que el tema no se restringe a un punto aislado.

Parte del debate técnico pasa a ser la interpretación del riesgo según uso del terreno, tipo de cultivo, intensidad de lluvia y distancia hasta pozos.

Cómo el lodo se convirtió en fertilizante y cómo se rastreó la fuente

En los años 1990, aceptar lodo significaba reducir o incluso eliminar los gastos con fertilizantes comerciales.

Para productores con grandes áreas de tierras agrícolas y rotación entre frijol, maíz y pasto, la oferta gratuita era vista como una ventaja operativa, sin el mismo grado de escrutinio químico que existe hoy.

Décadas después, el lodo comenzó a interpretarse como una vía de entrada de PFAS, con un patrón de compuestos que sugiere un origen común.

Thompson describió que, al observar la misma estructura química y rangos de concentración similares, la hipótesis de una fuente compartida cobra fuerza, y, en este caso, el historial de lodo asociado a Galey and Lord sigue siendo la referencia central.

El uso del lodo continuó hasta los años 2000, según informes locales, y ganó visibilidad pública en una serie publicada en 2023 por el periódico The State y la agencia McClatchy.

El cambio de percepción no fue instantáneo: el mismo material que antes se describía como útil para enriquecer el suelo comenzó a ser reevaluado cuando la discusión sobre PFAS ganó escala nacional.

Pozos, agua subterránea y el dilema regulatorio en tierras agrícolas

La discusión en la región no se limita al suelo. El temor es que PFAS migre, con el tiempo, y alcance el agua subterránea que abastece pozos utilizados por familias y ganado, creando un segundo eje de riesgo además de los cultivos.

En uno de los puntos citados, había un pozo a menos de 50 metros de un campo rectangular que recibió lodo, proximidad que aumentó la presión por respuestas prácticas.

El Departamento de Servicios Ambientales de Carolina del Sur afirmó que la prioridad ha sido lidiar con amenazas a pozos residenciales y con el suelo de la antigua propiedad industrial, clasificada como área Superfund, mientras la EPA ha seguido el caso y encontrado resultados similares en mediciones anteriores.

Bill Stangler, de Congaree Riverkeeper, afirmó que la promesa de examinar el lodo antes de su uso no se cumplió y que la aplicación en tierras agrícolas puede llevar PFAS por escorrentía superficial hasta arroyos y ríos.

También hay un trasfondo estatal. Los reguladores encontraron PFAS en prácticamente todos los ríos analizados en Carolina del Sur y en diversos sistemas de agua potable, en niveles que pueden superar el estándar federal para agua.

En este escenario, la discusión sobre tierras agrícolas se conecta a una red mayor de exposición, donde el pozo privado se convierte en la frontera más sensible entre la vida cotidiana y el pasivo industrial.

Riesgo para alimentos, ganado y la cadena de decisión del productor

Hay dos frentes técnicos cuando se discute PFAS en tierras agrícolas: movilidad en el suelo y transferencia a plantas y animales.

Yale también recolectó muestras de cultivos para verificar si las cosechas están absorbiendo PFAS, pero esos resultados aún no se han divulgado, manteniendo la incertidumbre sobre la vía alimentaria a corto plazo.

Un informe citado en el levantamiento, atribuido a la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina, señala que las hortalizas de hoja tienden a absorber más PFAS que cultivos como maíz y papa, y que el heno puede ser una vía de acumulación en tejidos y en la leche.

Esto desplaza el debate del “campo contaminado” a la “cadena productiva”, porque el productor necesita decidir qué plantar, dónde pastorear y cómo gestionar el riesgo mientras PFOS y otros PFAS siguen siendo detectables.

La propia naturaleza del PFAS amplía la complejidad. El informe recuerda que estos compuestos fueron utilizados en aplicaciones cotidianas, como revestimientos antiadherentes, materiales repelentes al agua y espumas de combate a incendios, lo que ayuda a explicar por qué la contaminación aparece en múltiples ambientes.

En tierras agrícolas, el desafío es traducir una medición en decisiones de manejo, sin cambiar prudencia por alarmismo ni normalizar un riesgo persistente.

Lo que Yale intenta hacer ahora y lo que cambia para quienes viven del campo

El proyecto de Yale ha sido descrito como un esfuerzo por medir y, a continuación, buscar formas de neutralizar los efectos de PFAS en tierras agrícolas, enfocándose en estrategias de mitigación que reduzcan la disponibilidad de estas sustancias en el suelo.

Para O’Neal, la motivación es operacional: entender qué áreas aún pueden ser utilizadas de manera segura para cultivo y pastoreo y si existe una ruta plausible de limpieza.

El contexto político y económico también pesa. O’Neal llevó el caso a Washington para conversar con asesores del Congreso y dialogó con parlamentarios como Russell Fry y Chellie Pingree sobre medidas de apoyo cuando PFAS afecta las cosechas.

En el campo, la urgencia es el calendario de siembra, el destino del heno y el agua del pozo, y la decisión de continuar o interrumpir el uso de áreas específicas de tierras agrícolas puede alterar los ingresos de una familia por temporadas completas.

La investigación también entra en la dimensión humana. Hay registros de familias que vivieron al lado de áreas que recibieron lodo y de pozos que, en pruebas anteriores, presentaron niveles elevados de PFAS, aunque no hay confirmación de vínculo causal con muertes o enfermedades específicas.

El punto central, para los investigadores de Yale y para los productores, es que la respuesta depende de más mediciones y de un plan de mitigación técnicamente viable y financieramente sostenible.

El caso de Society Hill expone un choque entre una práctica antigua y un estándar químico que no desaparece.

Cuando el lodo se convierte en insumo y PFAS entra en la ecuación décadas después, las tierras agrícolas dejan de ser solo área productiva y pasan a ser también un pasivo ambiental, medido en PFOS, pozos y decisiones de manejo.

En su opinión, ¿qué pesa más en una situación así: prohibir totalmente el lodo en tierras agrícolas, exigir pruebas obligatorias de PFAS antes de cualquier aplicación, o crear reglas por tipo de cultivo y distancia de pozos después de que el PFOS ya haya sido encontrado?

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