Los buzos confirman que el barco hundido encontrado en la costa de São Paulo es el carguero Tutoya, hundido en la Segunda Guerra Mundial tras un ataque de un submarino alemán.
Un grupo de buzos brasileños acaba de comprobar la identidad de un barco hundido de la Segunda Guerra Mundial en la costa de São Paulo, localizado entre Peruíbe e Iguape. La embarcación es el carguero Tutoya, torpedeado por un submarino alemán en 1943, y hoy reposa a pocos metros de profundidad, literalmente quebrado en dos partes en el fondo del mar.
Más que un simple punto de buceo, el barco hundido Tutoya se convirtió en una cápsula del tiempo, preservando en acero y óxido un capítulo poco conocido de la historia naval de Brasil. El descubrimiento, realizado con investigación sistemática, tecnología de sonar y buceos sucesivos, confirma el relato de sobrevivientes y refuerza la importancia de la costa paulista como ruta estratégica en la guerra.
Cómo fue encontrado el barco hundido Tutoya
La historia reciente del barco hundido comienza en tierra firme, con documentos y registros. Apasionados por naufragios e historia marítima, la buzo y investigadora Tatiana Mello y el buzo e investigador Maurício Carvalho iniciaron una búsqueda sistemática por el Tutoya utilizando datos del Sistema de Información de Naufragios, el SINAU.
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Ellos sabían que el carguero había sido atacado por un submarino alemán durante la Segunda Guerra Mundial y que un barco hundido sin identificación exacta ya era conocido en la región. Pescadores y habitantes locales hablaban desde hace años de una estructura en el fondo del mar, utilizada como punto para la pesca deportiva.
Fue ahí donde entró en escena el marinero Clayton Aloise, que transmitió las coordenadas utilizadas por embarcaciones de pesca.
Con esa información, el grupo trazó un plan: mapear el fondo, chequear la profundidad e identificar si ese barco hundido podría, de hecho, ser el Tutoya registrado en los documentos históricos.
El papel del sonar y el primer buceo
Antes de descender, el equipo utilizó un sonar, equipo que emite ondas sonoras para dibujar el relieve del fondo del mar.
Durante la navegación, un relieve diferente llamó la atención de los buzos, que se acercaron hasta lanzar una boya sobre el punto sospechoso.
Solo entonces comenzó la etapa más delicada. Era necesario planificar cada detalle del buceo, considerando profundidad, tiempo de fondo y consumo de oxígeno, para que la visita al barco hundido fuera segura y productiva.
El 26 de diciembre, con condiciones del mar favorables, Tatiana Mello, Marco Bafi y Luiz Flório finalmente lograron llegar al lugar.
El primer buceo duró alrededor de 35 minutos. Para sorpresa del equipo, justo al descender por el cabo atado a la boya, Tatiana cayó prácticamente en la sala de máquinas del barco.
Aún en el inicio de la exploración, el grupo logró medir la popa, identificar motores, grúas de carga, timón y otros detalles estructurales.
De vuelta al barco, cruzaron esas medidas con los registros históricos. Cuando los números coincidieron, llegó la certeza: ese barco hundido era efectivamente el Tutoya, hundido en la costa brasileña en plena guerra.
El descubrimiento de que el barco estaba partido por la mitad
En el segundo buceo, con las primeras medidas confirmadas, el objetivo era entender mejor el estado de los restos.
Durante la inspección, los buzos notaron que el barco parecía “desaparecer” en la arena en un determinado punto. La visibilidad no era de las mejores, lo que aumentó la duda: ¿el barco hundido terminaba allí o había algo más allá de esa cortina de sedimentos?
Decidieron seguir adelante, nadando paralelos al fondo. Después de unos 15 a 20 metros, comenzaron a surgir manchas oscuras, trozos de metal, “un hierro aquí, otro allí”, hasta que una nueva estructura tomó forma: la proa del barco.
Fue en ese momento que, como relata Tatiana, “se iluminó la mente”. El Tutoya, ahora identificado como ese barco hundido de la Segunda Guerra, estaba partido en su parte central.
El torpedo había alcanzado la región cercana a la cabina de mando, exactamente como relatado por los sobrevivientes. El barco arqueó y se hundió por el medio, dejando popa y proa separadas en el fondo del mar.
Para los buzos, no era solo una constatación técnica. Ahí estaban los restos del casco que albergaba a siete brasileños que perdieron la vida en el naufragio, mientras que otros treinta lograron sobrevivir y contar lo que ocurrió aquella madrugada de 1943.
Un barco hundido que preserva la memoria de la guerra
El Tutoya era un carguero a vapor de acero, construido en 1913 en Inglaterra con el nombre de Mitcham. Luego, fue vendido al Lloyd Brasileiro, renombrado como Uno y, en 1929, recibió el nombre de Tutoya, en homenaje a una ciudad de Maranhão.
Aún en medio de la Segunda Guerra Mundial, ese barco no dejó de navegar por la costa brasileña, transportando medicamentos, alimentos y todo tipo de carga que unía estados y abastecía a la población.
Según Tatiana Mello, Brasil dependía directamente de ese tipo de carguero para mantener el flujo de insumos en un periodo crítico.
En la madrugada en que todo cambió, el Tutoya fue atacado por el submarino alemán U-513, que patrullaba la costa del país.
Aun después de encender las luces y identificarse, el carguero fue impactado. El torpedo acertó la zona de la cabina de mando, el barco arqueó y, poco después, se transformó en otro barco hundido en la lista de los objetivos de la guerra en el Atlántico Sur.
Siete tripulantes murieron, treinta sobrevivieron y sus relatos ayudaron a reconstruir la escena que, hoy, es confirmada por los buzos en el fondo del mar.
Para Maurício Carvalho, un barco hundido es como una cápsula del tiempo, guardando hábitos, soluciones de ingeniería, tecnología y modos de vida de toda una época.
Cada válvula, cada máquina, cada pedazo retorcido de acero cuenta parte de una historia que no está solo en los libros, sino también en los restos esparcidos por el lecho marino.
Por qué el barco hundido no puede ser retirado de allí
A pesar de la relevancia histórica y emocional del hallazgo, el Tutoya no volverá a la superficie. Ese barco hundido es hoy considerado un sitio arqueológico subacuático, protegido por legislación específica que impide la retirada de piezas y cualquier intervención que altere su estructura.
Según Maurício, el barco no tiene valor comercial y, desde el punto de vista jurídico, es un patrimonio histórico preservado en el lugar donde se hundió.
La visita de buzos es solo contemplativa y científica. Pueden descender, observar, estudiar, fotografiar y filmar, pero no pueden tocar ni recoger ningún objeto. Las informaciones y relatos utilizados en este contenido se basan en un reportaje original publicado por el portal Terra.
Este enfoque refuerza una visión moderna de la arqueología marítima: el barco hundido no es chatarra, es memoria material de un episodio de guerra vivido por brasileños, testimonio silencioso de miedo, coraje, muerte y supervivencia. Dejarlo donde está es una forma de respetar la historia y las vidas que se perdieron allí.
En cada nueva visita, buzos e investigadores “se sumergen” de nuevo en ese segundo congelado de 1943, conectando el presente con un pasado que, durante mucho tiempo, quedó escondido bajo el agua turbia de la costa paulista.
¿Y tú, si tuvieras la oportunidad de visitar este barco hundido del Tutoya en el fondo del mar entre Peruíbe e Iguape, te atreverías a bucear para ver de cerca esta parte olvidada de la historia de Brasil?


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